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Columnas Desde la Polis

El temor real del Presidente

Hasta hace unos días, la conversación alrededor del coronavirus se concentraba en tres vertientes: Todo el análisis y recomendaciones puramente médicas, la opinión polarizada (entre los aplaudidores de la 4T y quienes la aborrecen) sobre el rol del Gobierno, y la desconcertante conducta del Presidente ante el fenómeno emergente.

Hasta hace unos días, la conversación alrededor del coronavirus se concentraba en tres vertientes: Todo el análisis y recomendaciones puramente médicas, la opinión polarizada (entre los aplaudidores de la 4T y quienes la aborrecen) sobre el rol del Gobierno, y la desconcertante conducta del Presidente ante el fenómeno emergente. En esto último, las voces más sensatas rechazaron el actuar del mandatario por andar repartiendo ilimitados besos, apapachos y abrazos en todos sus mítines, pero ¿por qué ese actuar tan aparentemente irracional ante un evento tan potencialmente crítico? 

A lo largo de su joven mandato, el Presidente constantemente ha demostrado una suerte de desdén, de escepticismo, hacia todas las personas que planteen rutas de acción basadas estrictamente en la ciencia, en lo medible, en lo técnico. Yo comprendo su problema, pues él no confía en aquello que no conoce, en aquellas arenas en las que no se formó. Así que la inicial indiferencia presidencial ante la crisis correspondió simplemente al desconocimiento de nuestro líder; incluso, a principios de febrero, él declaró (frente a lo que sucedía en China) que “aquí debíamos estar tranquilos, que no cayéramos en pánico ni en acciones exageradas como las ejecutadas por el Gobierno de Calderón” (cuando México fue el epicentro mundial de la influenza porcina). No importó que el veredicto de la comunidad médica internacional fuera unánime, aplaudiendo la reacción del Gobierno mexicano de hace once años… “aquí todos debíamos serenarnos”. Sin embargo, con el transcurso de los días, el problema comenzó a desarrollarse a nivel mundial, empezó a saberse más sobre el virus y qué tan traicionero es su comportamiento. Se le informó a nuestro Presidente que no era algo menor. Después vinieron dos sucesos determinantes: La bolsa gringa y sus contrapartes en el resto del planeta, comenzaron a bajar -lo cual siempre sucede en una pandemia- y el precio del barril de petróleo cayó como nunca en los últimos 30 años. La cereza en el pastel es que ya se anunció la recesión de la economía estadounidense.

En este contexto -con contagios aumentando en todo el planeta y entrando a México- obviamente comenzó a moverse aquello que tanto mortifica económicamente al Presidente: El tipo de cambio. 

Todo lo que enuncié arriba tiene que ver con factores externos a México. En cambio hay otros tres elementos internos que el Presidente debe saber que serán demoledores. Primero, la inseguridad sigue galopando y es un monumental obstáculo frente al desarrollo y la gobernabilidad. Veo que siguen haciendo lo mismo y por lo tanto, no veo cómo puedan cambiar los resultados. Segundo, frente al nuevo precio del petróleo, aquí lo he escrito desde el 2018: La visión energética de López Obrador está anclada en el pasado, en los setenta… cuando el mundo avanza rápido hacia las energías renovables, él ordena se le apueste todo a Pemex. Imagínense cómo nos va a ir. Tercero, tener que paralizar al País para salvar vidas es un golpe brutal para la economía, esta que camina con la mitad de la población en pobreza y 60% operando en la informalidad… pero es algo que se debe hacer sí o sí. En buena medida por eso el Presidente rechazaba el paro feminista del 9 de marzo, por sus implicaciones económicas; irónicamente, esto será exponencialmente peor. ¿Qué tipo de 2020 cree usted que tengamos con estas combinaciones objetivas y presentes?

Por eso el Presidente no se pone gel desinfectante, por eso ha insistido en saludar a todos de mano, por eso abrazó y besó a medio mundo: Es su manera desesperada de inspirar confianza en su base más dura (que es la población más humilde) y son quienes más padecerán las siguientes semanas. Pero dándole la espalda a la realidad no implica que esta cambie. La gran preocupación de AMLO es la economía nacional, sobre todo la de los más pobres. Es cierto, a veces exagera en su uso de la demagogia, pero su interés por rescatar a los más necesitados es completamente genuino. El problema en esto -como en tantos otros renglones de su administración- es la dudosa calidad de sus políticas públicas para alcanzar fines urgentes para el País. Es un escenario realmente doloroso, pues mis contados fieles lectores saben que sí creo en la genuina intención de este Gobierno de crear un orden social más justo y equitativo… pero quizá la falta de luces en cuadros humanos estratégicos, sólo abone a que haya muchas ganas, pero pocos resultados.
 

¿CUÁNTOS QUEREMOS QUE MUERAN?

Hoy, quizá tengas el poder para decidir al respecto. En la medida en que aguantemos este periodo de aislamiento, podremos -literalmente- salvar las vidas de los más vulnerables.

Puede ser tu madre, tu padre o tus abuelos. Si tienes la posibilidad de quedarte en casa, por favor hazlo. Que este sea un episodio donde triunfe la responsabilidad, la prudencia, el sacrificio, la paciencia… y la inteligencia. Caray, somos mexicanos… sí podemos.

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