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Columnas Juegos de poder

El monopolio de los partidos políticos en México

Los partidos existentes legislaron para mantener su monopolio. De esta forma, ellos son prácticamente los únicos que pueden presentar candidatos a puestos de representación popular.

Por Leo Zuckermann

Antes de la semana pasada, teníamos siete partidos políticos nacionales en México: PAN, PRI, PRD, PT, PVEM, MC y Morena. Hay quienes piensan que son muchos. Yo creo que efectivamente son muchos, pero de los viejos. Lo que necesitamos es airear el sistema partidista con nuevas alternativas. No las tenemos, por desgracia, porque los viejos partidos se han encargado de mantener su monopolio. 

Algo está mal en un país cuando 106 organizaciones le notifican al Instituto Nacional Electoral (INE) que quieren convertirse en partido y sólo una recibe el registro. Menos del 1% de éxito. Y es que los partidos existentes legislaron para hacer prácticamente imposible la formación de nuevos partidos.

Los requisitos son realizar asambleas en por lo menos 20 de los 32 estados, con tres mil militantes en cada una de ellas, o bien en 200 de los 300 distritos con 300 militantes. El número de militantes no puede ser menor al 0.26% del padrón electoral federal, es decir, 234 mil ciudadanos. El INE debe validar las asambleas, la existencia de los militantes y que no se encuentren afiliados a otros partidos.

Además, que “organizaciones civiles, sociales o gremiales” no hayan participado en la afiliación y que el partido en formación haya informado mensualmente sobre el origen y destino de sus dineros. Es importante mencionar que solamente se abre el proceso para admitir a nuevos partidos cada seis años. 

Compárese este engorroso proceso con el de Brasil. Ahí se requiere que cinco mil ciudadanos pidan el registro al Supremo Tribunal de Justicia. En El Salvador son menos: 100 ciudadanos inscritos en el padrón. Ambos son sistemas presidenciales como México. Ya ni menciono lo fácil que es formar nuevos partidos en sistemas parlamentarios para comprobar mi punto, es decir, que las reglas en nuestro País dificultan muchísimo la formación de nuevas alternativas políticas. 

Los partidos existentes legislaron para mantener su monopolio. De esta forma, ellos son prácticamente los únicos que pueden presentar candidatos a puestos de representación popular (también se encargaron de hacer casi imposibles las candidaturas independientes) y recibir miles de millones de pesos de financiamiento público al año. 

No debería sorprendernos, entonces, la reciente determinación del INE de sólo otorgarle registro a una de las 106 organizaciones que querían llegar al exclusivo club. De ellas, siete pasaron a la última parte del proceso, y sólo dos fueron acreditados por la Comisión de Prerrogativas como candidatos a recibir el registro. 

El viernes, el Consejo General de INE le dio el sí a Encuentro Social que había perdido el registro en las pasadas elecciones de 2018. En cambio, a México Libre le negaron la posibilidad de convertirse en nuevo partido. Así, tendremos a los mismos partidos en la boleta de 2021 y 2024 que los que tuvimos en 2018: Ocho incluyendo el regreso del PES. 

Este partido, el de los evangelistas, fue en alianza con Morena y el PT en las pasadas elecciones. En 2021 tendrá que ir solo porque así lo mandata la ley. Para mantener su registro, deberá obtener el 3% de la votación nacional. No está fácil pero, por lo pronto, el INE le dio una nueva oportunidad a este partido claramente confesional que, por tal razón, debieron haber rechazado. 

A México Libre (ML) le denegaron el permiso porque las autoridades no lograron identificar el 8% de las donaciones que recibieron. Al parecer utilizaron una plataforma electrónica en la que es imposible comprobar a los donatarios.


Desde el punto de vista electoral, el regreso del PES y el rechazo a ML no es una buena noticia para la coalición gobernante (Morena, PT y el Verde). En el primer caso, los evangelistas podrían quitarles votos para conseguir el 3% y salvar así el pellejo. En el segundo caso, lo que le conviene a la coalición gobernante es que el voto opositor se divida. 

Siendo ML una formación de ex panistas liderados por Margarita Zavala, muy probablemente le hubiera quitado votos al PAN. De hecho, los más contentos con el rechazo del INE a ML han de ser los panistas.

En este sentido, el festejo del presidente López Obrador tiene que ver más con su resentimiento en contra de Felipe Calderón que con un tema de lógica electoral.


Falta que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revise estas decisiones del INE, aunque se ve muy difícil que las revierta. Parece que los viejos partidos se van a salir con la suya. Ahora, junto con Morena, seguirán durmiendo tranquilamente sabiendo que gozan de un muy lucrativo monopolio político y económico por seis años más.

Twitter: @leozuckermann

Correo electrónico: leo.zuckermann@cide.edu

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