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Columnas De política y cosas peores

El (mal) manejo del dinero

La apropiación que ha hecho de los fideicomisos nacionales es una muestra más de que AMLO anda arañando dinero en donde puede para lograr lo que quiere. Con eso provoca graves daños a la Nación.

Por . Catón

La mamá de Susiflor, ingenua joven que ese día se iba a casar, le habló de la noche de bodas. Le advirtió: "Y no vayas tú a tomar la iniciativa". Preguntó la inocente: "¿Así se llama?".

Un individuo entró en el campo nudista. Vestía traje de casimir inglés Príncipe de Gales; llevaba sombrero hongo, bastón de junco y zapatos de charol; lucía corbata de moño y reloj de bolsillo con leontina de oro. Uno de los socios se dirigió de inmediato a la administración: "Llamen a seguridad. Acaba de entrar un exhibicionista".

La novia de Remisio le dijo: "Llevamos ya 15 años de noviazgo. ¿No crees que es tiempo ya de que nos casemos?". Replicó él: "Déjame pensarlo. Los matrimonios siempre salen mal cuando se precipitan".

El marido rondaba los 70; la esposa andaba por los 32. Lo llevó con el médico, pues el señor mostraba signos evidentes de agotamiento físico. "Debe irse de vacaciones para que se reponga" -dictaminó el facultativo después de examinarlo. Preguntó la mujer: "¿A dónde cree que debería él ir?". Aclaró el médico: "No él. Usted".

Uno de los defectos del dinero es que se acaba. Tarda mucho en llegar y se va pronto. Yo, por ejemplo, nunca aprendí a administrar el dinero. El poco que ganaba como aprendiz de reportero se me escurría como agua entre los dedos, y cuando menos acordaba ya no tenía en qué caerme vivo.

Muchos errores he cometido a lo largo de mi vida, y más a lo ancho. Con ellos podría llenar tantos tomos de los de tomo y lomo como los que forman la Enciclopedia Espasa (108 en la edición que tengo). Dos aciertos, sin embargo, me salvaron.

El primero, haber unido mi vida a la de la mujer con la que hace 56 años me casé. El segundo, haberle entregado desde el primer día de nuestro matrimonio todo mi sueldo para que ella lo manejara. Si no hubiera hecho eso, si hubiera yo administrado los ingresos de la casa, seguramente ahora seríamos indigentes en situación de calle o huéspedes de algún asilo para menesterosos.

Conozco a otro como yo que tampoco sabe manejar el dinero. Se llama Andrés Manuel López Obrador. Mientras el País tiene grandes necesidades él gasta los recursos de la Nación en obras que muestran todos los visos de que serán elefantes blancos, y reparte a diestra y a siniestra, sin discernimiento ni control alguno, dádivas en dinero para mantener una clientela electoral que le permita fortalecerse y fortalecer sus propósitos políticos.

La apropiación que ha hecho de los fideicomisos nacionales es una muestra más de que AMLO anda arañando dinero en donde puede para lograr lo que quiere. Con eso provoca graves daños a la Nación. Hemos entrado en una pendiente peligrosa que indefectiblemente llevará al País hacia la bancarrota. Si no sonara a suficiencia terminaría esta parrafada con un "De mí se acuerdan".

Aquel pobre infeliz estaba en una cama de hospital vendado de pies a cabeza igual que momia egipcia. Un amigo lo fue a visitar y le preguntó condolido: "¿Qué te sucedió?". Con voz apenas audible respondió el lacerado: "Estoy aquí por mis creencias". El amigo se alarmó: "¿Por tus creencias religiosas?". "No -precisó el otro-. Creí que el marido andaba de viaje".

Una señora le contó a su vecina: "En su juventud mi marido fue un atleta. Bíceps de atleta, torso de atleta, muslos de atleta. Ahora ya nada más le queda el pie".

Rosibel, la secretaria de don Algón, le pidió permiso para ausentarse unos meses del trabajo. Le explicó el motivo por el cual solicitaba ese retiro temporal: "Estoy embarazada por azar". El ejecutivo se desconcertó. "¿Cómo por azar?". Rosibel llamó a uno de sus compañeros de la oficina: "Explícale cómo, Azar". FIN.

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