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Columnas Jaque Mate

El epidemiólogo

No hay forma de tener datos exactos sobre la pandemia si no se hacen pruebas. Pero esto no es culpa de López-Gatell. 

Por Sergio Sarmiento

Es muy probable que las cifras del subsecretario Hugo López-Gatell no sean precisas. No hay forma de tener datos exactos sobre la pandemia si no se hacen pruebas. Pero esto no es culpa de López-Gatell. 

Médico por la UNAM, con especialidad en medicina interna del Instituto Nacional de Nutrición, López-Gatell obtuvo una maestría en la UNAM y un doctorado en la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins, quizá la mejor del mundo. Fue investigador en el Departamento de Epidemiología de esta institución y obtuvo ahí mismo un postdoctorado. 

De regreso a México, diseñó el programa de reforma del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica. Como director general adjunto de epidemiología enfrentó la pandemia de influenza A-H1N1. Ocupó después dos direcciones en el Instituto Nacional de Salud Pública y en 2018 fue nombrado subsecretario de Prevención y Promoción de la salud. En un Gobierno en que la lealtad política se valora en 90% y la capacidad en 10, López-Gatell parece tener más capacidad que la mayoría de los funcionarios. 

Se le ha cuestionado por su actuación en la pandemia de A-H1N1. El ex secretario de hacienda Ernesto Cordero afirma que “si por algo se destacó Hugo López-Gatell fue por su incompetencia”. Al parecer el entonces presidente Felipe Calderón le quitó a la Secretaría de Salud la responsabilidad de informar sobre casos y muertes debido a la inconsistencia de los datos de la oficina de López-Gatell. Hacienda se hizo cargo de la información. Pero si había insatisfacción con López-Gatell, nadie lo dijo públicamente. De hecho, permaneció en el puesto hasta abril de 2012, tras lo cual recibió otros cargos importantes en salud. No es el castigo que se esperaría para un funcionario incompetente. 

¿Y en esta contingencia? Es difícil tomar en serio a alguien que declara que “la fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio”, pero en términos técnicos su papel no ha sido negativo. A López-Gatell se le criticó por resistirse a imponer medidas de restricción hasta el 30 de marzo, pero el tiempo le ha dado la razón: La fase más fuerte de la pandemia seguramente llegará en mayo. Las restricciones a las actividades económicas han sido pésimamente diseñadas, ya que no han respetado cadenas de producción y han exentado los proyectos del Presidente, pero por lo menos no hemos visto el uso de medidas autoritarias para el confinamiento. 

Si algo nos ha demostrado esta contingencia es que los especialistas no piensan todos igual. Cuando China empezó a usar la fuerza pública para impedir que la gente saliera a las calles en Wuhan, se dijo que esto no lo veríamos en países democráticos; pero Italia y España han aplicado medidas similares o peores. En cambio, Suecia se ha negado ha imponer un confinamiento forzoso. 

Jaime Bonilla, gobernador morenista de Baja California, cuestionó las cifras de López-Gatell: “El problema que tengo es que soy muy mal pensado y pienso que hay una razón mezquina en todo esto”. Si la hay, yo no la conozco, pero López-Gatell señala que la información es transparente y proviene de los estados: “Los datos abiertos son un bien público”, ha declarado. 

Lo más probable es que todas las estadísticas tengan fallas. Ahora China ha reconocido que su información sobre contagios y muertes en Wuhan no era real. Yo no sé si el doctor López-Gatell sea un buen estadístico, pero hasta el momento me parece un epidemiólogo confiable. 

Represión

Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, usará la fuerza pública a partir de mañana para reprimir a los ciudadanos que quieran salir a las calles y no para protegerlos de la delincuencia. ¡Cuántos políticos tienen realmente vocación de dictadores! 

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