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El Chayote

El Gobierno de Enrique Peña Nieto abrió un intenso debate sobre el chayote y visibilizó lo oscuro y discrecional que suelen ser los presupuestos públicos para comunicación social.

Por Juan Carlos Zúñiga

La revelación por parte del periódico Reforma, a partir de una solicitud de acceso a la información a la Presidencia, de una lista de periodistas y sus empresas que recibieron contratos publicitarios por parte del Gobierno de Enrique Peña Nieto abrió un intenso debate sobre el chayote y visibilizó lo oscuro y discrecional que suelen ser los presupuestos públicos para comunicación social.

Pero, ¿qué es el chayote? No estamos hablando del fruto comestible que se parece a la pera, de superficie rugosa con algunos pelos punzantes, que mide de 10 a 12 centímetros de largo, de color verde, blanco o amarillo y que su sabor es ligeramente dulce.

No, de lo que estamos hablando es del embute, que se puede definir como un “soborno que una oficina de Gobierno da a un periodista para inducirlo a informar según su conveniencia” o también como “callar información que incomoda a las autoridades”.

El periodista Julio Scherer en el libro Los Presidentes escribió sobre el origen del chayote, que data del sexenio de Gustavo Díaz Ordaz: “Mientras el entonces Presidente de la República pronunciaba un día de 1966 el discurso inaugural de un sistema de riego en el Estado de Tlaxcala, entre los reporteros corría la voz: '¿Ves aquel chayote? Están echándole agua. Ve allá'.

“Allá, semioculto por la trepadora herbácea, un funcionario de la Presidencia entregaba el chayote, nombre con el que desde entonces se conoce al embute en las oficinas de prensa”.
Hoy vivimos la era de la sofisticación del chayote, pues antes entregaban a los periodistas "sobrecitos" con efectivo, luego vinieron las transferencias electrónicas y ahora son los contratos de publicidad en portales (con todas las de la ley, eso sí).

¿Es o no para los periodistas conflicto de interés recibir pagos por publicidad oficial en portales personales, independientemente del sueldo que se les paga en los medios para los que trabajan? Claro que lo es.

Ahora bien, los medios de comunicación privados son negocios y para sostenerse venden publicidad a empresas y a gobiernos. ¿Es chayote o no la publicidad gubernamental en las empresas de medios? Sí, en tanto no haya reglas para distribuir la publicidad oficial y dependa de manera discrecional de algún funcionario público. Sí, mientras los medios no se autorregulen y mezclen su línea editorial con los compromisos comerciales. Sí, mientras se siga creyendo en la máxima de López Portillo: “No te pago para que me pegues”.

¿De qué tamaño es el chayote? El año pasado el Gobierno federal gastó casi nueve mil millones de pesos en publicidad oficial, en donde 100 medios se quedaron con el 90% del presupuesto y el 10% restante se otorgó a 701 empresas. En Sonora, el presupuesto de este año es de 277 millones de pesos.

En estos datos no está contabilizado el chayote que directamente funcionarios públicos entregan a periodistas por medio de “convenios de cobertura”, pues muchas veces el pago es mediante una transferencia electrónica o en efectivo.

El chayote, además, atenta contra la seguridad económica del periodista. Pareciera ser un contrasentido, pero hay que decirlo: Empresarios de los medios le apuestan a que sus periodistas se "completen" por fuera para pagarles poco. Eso no justifica el chayote, por supuesto, pero hay que visibilizar que esta práctica fomenta la precarización laboral.

Recuerdo hace años que un directivo de un medio de comunicación me llamó para contratarme y me dijo: “El sueldo es poco, pero tienes la libertad de cobrarle al Gobierno y a los políticos lo que quieras para que te completes”. Es decir, me estaba ofreciendo una patente de corso para chayotear. Por supuesto que no acepté el trabajo.

Hace poco un político me ofreció 15 mil pesos mensuales para que lo apoyara haciendo comentarios positivos de su persona en mis redes sociales. “No es chayote”, me dijo, “porque tú no me lo estás pidiendo, yo te lo estoy ofreciendo”. Claro que es chayote.

¿Cómo podemos acabar con esta corrupción en los medios y en los periodistas? En los medios con la creación de una Ley de Publicidad Oficial que elimine el uso proselitista del presupuesto de comunicación social mediante la regulación de la planeación, uso y asignación de la publicidad oficial y que obligue a las autoridades y a los medios a rendir cuentas y transparentar el uso de los recursos públicos.

Y en los periodistas mediante tres cosas: Ética, ética y ética. ¿Y por qué no? Deberíamos también presentar la declaración 3de3.


Juan Carlos Zúñiga es Director de Noticias de Uniradio. Premio Nacional de Periodismo 2002. Conductor del noticiero Reporte 100 por Stereo 100.

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