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Columnas Ana María Salazar

Dividir para destruir a México

Incitar la violencia es fácil y los resultados son inmediatos. Reconstruir la paz tarda años. En algunos casos, décadas

Por Ana María Salazar

Incitar la violencia es fácil y los resultados son inmediatos. Reconstruir la paz tarda años. En algunos casos, décadas.

Lo que está en juego en México es la paz. Y los resultados de las elecciones intermedias no resolverán el futuro de la gobernabilidad en el País. No importa quién controle la Cámara de Diputados o cuántas gubernaturas pierda Morena.

Para Andrés Manuel López Obrador, la Constitución, tratados internacionales, las leyes, los códigos, la verdad, y hasta la historia no sólo no le aplica ni le atañe ni lo ocupa. Él está por encima de todo. Incluyendo la verdad.

Y esto fue exactamente lo que vimos estos últimos días: Sin empacho, el Presidente telegrafió sus intenciones: Al buscar extender el periodo de la presidencia del ministro Arturo Saldívar (a pesar de ser claramente inconstitucional), López Obrador estaría buscando mecanismos para quedarse unos “años” más en el poder.

Y si hay algo que podría desatar una revuelta social en México, sería la posibilidad de que AMLO, o cualquier presidente, buscará alargar su mandato o su reelección.

Y seguramente hay lectores que este momento me tachen de mal informada, exagerada o hasta loca.

Pero yo les pregunto: Si López Obrador no respeta la Constitución, la Corte Suprema ni el árbitro electoral, además de tener completamente coaptados a las fuerzas armadas ¿Quién o qué lo detendría si decide hacerse un “autogolpe” y prolongarse en el poder? ¿En verdad creen que perder la mayoría en la Cámara Baja será suficiente para “detener” a un Presidente autoritario?

La respuesta es nada ni nadie.

Y aunque todos debemos de participar en el juego democrático, saliendo a votar este 6 de junio, la realidad es que no detendrá el instinto antidemocrático del Presidente. Al contrario, será el arranque de lo que será recordado en la historia como los años de “autoritario de López Obrador”.

En los siguientes años, ante la falta de dinero en el erario, no podrá continuar financiando sus programas sociales o financiar su aeropuerto de Santa Lucía, mantener a flote Pemex y la CFE. El Gobierno deberá tomar medidas drásticas: Reforma fiscal, y expropiaciones de empresas. ¿Amenazar con expropiar bancos o instituciones financieras? O promover el enfrentamiento en el campo, como lo que sucedió en los años setenta, Luis Echeverria Álvarez. ¿Violar el Tlcan? No le importará a López Obrador porque perfectamente podrá amenazar con salirse del tratado. ¿Default de la deuda? Otra posibilidad.

Entre tanto la crisis política, económica y sobre todo de seguridad serán los catalizadores de movimientos sociales violentos, poblaciones armadas y aún más, autodefensas.

¿Descabellado estos escenarios? Tal vez. Pero de nuevo les pregunto: ¿Qué detendría a un Presidente que no respete la Constitución, la Corte Suprema, las autoridades electorales, acuerdos internacionales, y las leyes? Levante la mano el que verdaderamente piense que AMLO respeta la propiedad privada.

El factor que definirá el futuro de México será el papel que jugarán las fuerzas armadas en los siguientes tres años. ¿Apoyarán al autoritario y destructor de López Obrador? ¿O defenderán la Constitución y el Estado mexicano?

Sigue siendo difícil entender por qué el presidente Andrés Manuel López Obrador, siendo el líder más poderoso que ha tenido México en la historia moderna, y un bono democrático que le ha permitido, hasta el momento, continuar teniendo una gran credibilidad inusual, gracias a su congruencia personal y política. En este mismo espacio vuelvo hacer la pregunta: Teniendo tanta credibilidad, control, y el apoyo de la población, ¿por qué López Obrador siguió el camino de otros líderes populistas, antidemocráticos, sexistas y crueles?

Hay que recordar que, por naturaleza, los humanos no conviven pacíficamente con otras personas que sean diferentes. Diferencias raciales, religiosas, económicas, culturales y políticas son los que llevan a que sociedades, países y continentes busquen exterminar a aquellos que contrastan. Aun en medio de la gran tragedia de la pandemia que se vive en México.

Anteriormente les comenté en este espacio mi experiencia con la violencia y guerra civil que abarca varios continentes. Presenciando y visitando países en guerra, es probablemente la única forma de comprender cómo la promoción del odio y de la confrontación, para ejercer el poder, se traducen en que familiares, amigos y vecinos estén dispuestos a asesinarse entre sí.

En la guerra se busca dividir para conquistar. Lo que López Obrador es dividir, para destruir a México.

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