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Descalabro de la relación en siete días

No sorprendería que haya sido Kamala Harris la que le leyó la cartilla al confiado de AMLO durante su visita hace siete días.

Por Ana María Salazar

La reunión entre los presidentes Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador sucedió hace una semana, aunque si hacemos un recuento de todo lo que ha sucedido estos últimos siete días, parecería que ha pasado un año. Y analizando los eventos de estos días podemos concluir que ha habido un retroceso de años y se rompieron bloques fundamentales en la relación bilateral.

En siete días tenemos un retroceso de décadas. Obviamente, el inicio de este proceso empezó al inicio de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, cuando, por razones presupuestarias, se decidió recortar subsecretarías en la Cancillería, reduciendo la relación bilateral más importante para México al nivel de director. Y aunque el Presidente y su muy reducido equipo de expertos en materia internacional se equivocaron en su apuesta de que Donald Trump sería reelecto, se volvieron a equivocar siendo francamente groseros con Joe Biden, al ser uno de los últimos gobiernos en felicitar al Presidente. El hecho de que la Casa Blanca y el Departamento de Estado habrían mantenido un tono de cordialidad ante lo que parecerían repetidos comentarios desde la mañanera, cuestionando la política de Covid-19 y migración, además de atacar legisladores que en algunos casos son aliados del Presidente. ¡Por Dios!, ni siquiera pudo enunciar correctamente el nombre de la vicepresidenta Kamala Harris cuando ella viajó a México a reunirse con el poco amigable de López Obrador

No sorprendería que haya sido Kamala Harris la que le leyó la cartilla al confiado de AMLO durante su visita hace siete días.

Tal vez, el Presidente y su equipo se confiaron demasiado al ver que, a diferencia de Trump, desde la White House y State Department hubo pocas reacciones públicas de agravios sin precedentes como tener al presidente de Cuba presidiendo el desfile militar del 16 de septiembre, imponer controles estrictos en la relación en materia de seguridad haciéndolo casi inoperante, al mismo tiempo, insistir en su estrategia de abrazos y no balazos, justificar el culiacanazo y su cordial relación con la mamá del “Chapo” Guzmán, pero también cuestionar la credibilidad del juicio de Genaro García Luna por no ajustarse a sus intereses políticos. Y cómo olvidar el desbordado enojo del Presidente cuando el secretario de Estado, legisladores y otros gobiernos extranjeros continuamente lo han cuestionado por sus ataques a los medios de comunicación. Ni hablar de las obvias violaciones al T-MEC debido a su postura energética, una política que la misma secretaria de Economía, Tatiana Clouthier, ha señalado que podría ser un serio problema para México

La gota que probablemente demarró la copa fue cómo López Obrador decidió no participar y sabotear la Cumbre de las Américas, usando como excusa el hecho de que no se invitó a tres gobiernos autoritarios: Cuba, Venezuela y Nicaragua, que de todos modos no tenían intenciones de ir, aunque los hubieran invitado.

López Obrador, ya sea por ignorancia o por estar mal asesorado, se confió en que la falta de un pataleo público (a diferencia de Trump) ante tantos agravios por parte de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, era una señal más de la debilidad política de Biden.

En siete días, desde que se llevó a cabo la reunión presidencial, claramente se ve el deterioro en la relación bilateral que podría tener un impacto por años en la relación comercial y en seguridad.

En estos siete días vimos una nueva carta de senadores, todos aliados de Biden, cuestionando, de nuevo, los ataques de AMLO a los medios de comunicación. Una caravana de lo que parecería ser cientos de migrantes entraron, en forma ordenada, a Texas, con una reacción sin precedente del Gobernador amenazando regresar, sin respeto a sus derechos, a migrantes detenidos haciendo uso de la Guardia Nacional. Unos días más tarde, ante la confusión de la detención de Rafael Caro Quintero, inmediatamente surgió una ola de cuestionamientos -no felicitaciones- para el presidente López Obrador por su mezquindad en reconocer a las autoridades mexicanas en la detención de uno de los hombres más buscados. Negó la posibilidad de que la DEA u otras agencias habrían contribuido a la captura, o que en su visita, el Gobierno de EU hubiera insistido en la detención como una forma de deslindarse del operativo, no consideró lo suficientemente importante participar, como comandante en jefe, en la ceremonia luctuosa de los catorce marinos que murieron en el operativo. Y ahora se confirma la consulta, y probablemente se instalen en unos meses, paneles para resolver lo que son claras violaciones del TMEC.

Y sólo han pasado siete días desde la reunión con Biden. Sólo siete días.

Ana María Salazar es analista política y experta en temas de seguridad.

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