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ANÁLISIS SIN FRONTERAS

Cumbre de las Américas (¿A quién le importa?)

No creo que el Presidente cubano quisiera arriesgar, en este momento, una visita al imperio yanqui

Por Ana María Salazar

Si asumimos que el objetivo de la Cumbre de las Américas era, de nuevo, abrir un espacio para que los líderes democráticos de los países discutieran soluciones a problemas comunes que afectan a nuestros hermanos y hermanas del continente… pues ya podemos asumir que la Cumbre en Los Ángeles es un reverendo fracaso.

Hay una realidad inequívoca: Para poder ser parte del “club”, un requisito es ser un “gobernante” democrático dispuesto a someterse al escrutinio de los vecinos y, sobre todo, del Gobierno de Estados Unidos.

Y por lo visto, los gobernantes del hemisferio entienden el concepto de “democracia” en una forma muy diferente de la definición que se tenía hace 10 años. Y aunque la bandera de la “unidad latinoamericana” propuesta por el mosquetero del Presidente de México, “vamos todos o no va nadie”, “uno para todos y todos para uno”, justifica que no vaya Andrés Manuel López Obrador, la verdad que su compinche de Venezuela, Nicolás Maduro, jamás pisaría tierras estadounidenses por la orden de arresto en contra de él y la mayoría de su gabinete. Y “D’artagnan” Ortega, el otro mosquetero impresentable, sabe que jamás podrá salir de Nicaragua sin preocuparse de que lo detengan o que lo dejen regresar al país; su Gobierno es indefendible aún por los gobiernos más autoritarios del hemisferio. Parecería que Ortega y su gabinete tienen la viruela sísmica y todos los gobernantes del hemisferio mantienen una sana distancia.

La locura, el autoritarismo y la vergüenza histórica es contagiosa. Ni siquiera el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador ha visitado Nicaragua o buscado un acercamiento público para defender el autoritarismo de Ortega y sus compinches.

Entonces, ¿por qué insistir que vayan a Los Ángeles? Y en el caso de Cuba, ¿alguien verdaderamente cree que Miguel Mario Díaz-Canel tenía intenciones de pisar suelo estadounidense? Obviamente no. Su presencia aseguraría protestas, cuestionamientos, titulares periodísticos y sobre todo, un enfrentamiento público del desastre que es Cuba.

No creo que el Presidente cubano quisiera arriesgar, en este momento, una visita al imperio yanqui.

Podríamos llegar a la conclusión de que López Obrador usó a Maduro, Ortega y Díaz-Canel como excusa para no ir a Los Ángeles, un foro donde está expuesto y no puede controlar a la prensa, los cuestionamientos. Es más fácil acusar, enfrentar y cuestionar a Joe Biden desde sus conferencias mañaneras.

Otros gobernantes tienen otras razones para no ir a la “fiesta” democrática en California, en parte porque simple y llanamente no les gusta el escrutinio y el cuestionamiento por parte del Gobierno de Estados Unidos. Seguramente sentirán un gran alivio de no tener que ir el Presidente de Guatemala, de El Salvador y de Brasil, todos gobiernos cuestionados por la administración Biden.

Para aquellos que argumentaban que el presidente Joe Biden podría beneficiarse políticamente de demostrar que Estados Unidos, de nuevo, busca jugar un papel en el futuro del hemisferio, creo que tienen “frutilupis” en la cabeza.

¿Alguien me puede explicar cómo Joe Biden y el Partido Demócrata se benefician patrocinando una cumbre donde los participantes buscarán criticar públicamente a Estados Unidos por no invertir más dinero de los contribuyentes, no controlar el consumo de drogas de sus ciudadanos y por exigir menos corrupción y más democracia de sus contrapartes en el hemisferio?

Con todo lo que está sucediendo en Estados Unidos en este momento, no sorprendería que la Casa Blanca buscara “posponer” la famosa cumbre. El costo político no vale la pena para Joe Biden y los candidatos demócratas para las elecciones intermedias. El único tema que podría importar para los medios de comunicación y abrir la puerta para más críticas a Biden y su equipo serían la forma en que se aborde el tema migratorio (stop the flow), la corrupción y cómo abordan el autoritarismo y antiyanquismo de los países de la izquierda latinoamericana.

¿Para qué insistir? Más que ayudar a unificar a las Américas, la cumbre va a dividir al hemisferio. Por eso, cancelar, posponer o llevar a cabo la cumbre con países “amigos” podría ser una opción.

La capacidad de convocatoria de Estados Unidos es indiscutible y podrá negociar directamente con países amigos (y enemigos) en la región.

Biden podrá negociar acuerdos bilaterales y continuar con una política exterior que se enfoque, desafortunadamente, en aquellos temas que tienen un impacto político inmediato: Migración, drogas, influencia de China y Rusia en el hemisferio.

Ya verá México y el resto del continente si en verdad la utopía de una Latinoamérica unida es real, o una excusa más para justificar la pobreza, corrupción, inseguridad y autoritarismo que se vive.

Ana María Salazar es analista política  y experta en temas de seguridad.

En Internet: www.anamariasalazar.com

Facebook: anamariasalazarslack

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