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Columnas Vía libre

Cotidianidad con Covid

Los episodios de angustia aumentan conforme se acumulan días y días de confinamiento; estos son los prolegómenos que definen la nueva cotidianidad: Una cotidianidad extraña y sufrida.

Mientras las autoridades sanitarias de todos los niveles multiplican sus esfuerzos para reducir la propagación del nuevo coronavirus, la ciudadanía muestra cada vez mayor preocupación ante la impotencia observada para contener la enfermedad. Son muchos los contagiados y muchos los fallecimientos; más de los previstos en las primeras proyecciones formuladas por los epidemiólogos. Estas imprecisiones explican la intranquilidad y los temores de la gente común, que se acentúan debido a la confusión que generan los constantes desencuentros que se registran en materia de política sanitaria.

Uno de ellos ha sido el desorden en cuanto al inicio y conclusión del periodo de contingencia; otro fue el desconcierto causado por el uso o no del cubrebocas; también inquietud provocó los dispares criterios utilizados a la hora de aplicar el distanciamiento: Metro y medio o algo más. Otra fuente de ansiedad ha sido la falta de claridad en los términos referidos para reabrir los negocios. Tales dudas tienen explicación: El virus es nuevo y no había antecedentes sobre su naturaleza, de ahí que las autoridades de salud, desde la OMS hasta el médico municipal, decidieran sin tener elementos científicamente probados. Dicho en otras palabras, no hay un protocolo consensuado para proceder con los enfermos de este coronavirus.

Todo ello tiene sumida a la población en una preocupación que por momentos resulta inmanejable. Lo más difícil de esta experiencia es no saber cuándo terminará la contingencia. Los episodios de angustia aumentan conforme se acumulan días y días de confinamiento; estos son los prolegómenos que definen la nueva cotidianidad: Una cotidianidad extraña y sufrida.

Muchas historias personales y colectivas llenarán la conversación de los hermosillenses y de toda la especie humana en el futuro. Habrá anécdotas inevitables cuando historiadores y escritores hagan el recuento de los acontecimientos de la era del Covid. Un ejemplo del raro momento que nos está tocando vivir es la foto, que circuló en las redes sociales hace unos días, mostrando a varias camionetas de una de las funerarias más importantes de la capital sonorense estacionadas en batería en un hospital de la ciudad; terrible imagen que revela la dolorosa circunstancia del momento.

Con ese retrato aún fresco en mi mente, me tocó hacer una gestión en un nosocomio del Seguro Social habilitado precisamente para atender a enfermos Covid. Al llegar a las instalaciones lo primero que vi fueron tres furgonetas de la misma compañía funeraria aparcadas en cordón; supuse que esperaban la entrega de los cuerpos de hombres y mujeres que no pudieron superar los estragos de la epidemia. Realmente es estremecedor atestiguar esa parada y comprobar que hay cierta normalidad en el despliegue de carrozas. Pero es un cuadro inconcebible para quienes han cumplido rigurosamente las reglas de confinamiento y distanciamiento social.

En el interior del hospital el ambiente es sombrío. Normalmente los pasillos y salas de espera están plagados de pacientes, pero hoy la imagen nada tiene que ver con el bullicio que impera en las clínicas del Seguro Social; en estos días no hay mucho personal y el que asiste guarda correctamente la sana distancia.

Se alcanza a ver a médicos con atuendos especiales que los protegen de cualquier riesgo de contagio; seguramente es el personal que está en la primera línea de batalla. En las paredes y ventanales hay múltiples avisos que alertan sobre la importancia de no tocar las manijas de las puertas; al utilizar el ascensor se recomienda presionar el botón del piso elegido con el codo; se marcan en el piso las distancias que debe guardar cada usuario, etc.

En fin, estamos en medio de una estrujante realidad cuyas afectaciones emocionales y físicas perdurarán por años. Es probable que ya no volvamos a ser lo que éramos antes de la peor pandemia que ha sufrido la humanidad en más de un siglo.

A pesar de todo, el calendario electoral avanza

Este sábado es primero de agosto. Estamos a escasas semanas de que inicie oficialmente el año electoral. A simple vista, en Sonora las cosas parecen claras.

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