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Columnas

Corrupción política, un mosaico de estilos

El núcleo de la corrupción es la ejecución de un acto de abuso sobre los recursos financieros o humanos en provecho propio, ya sea de manera individual o de grupo, así se trate de autoridades o funcionarios públicos o bien de empresas, organizaciones o sujetos particulares.

Por Jesús Canale

En el lenguaje cotidiano, cuando hablamos de corrupción parece que tras bambalinas se escucha “¿Y con cuánto nos arreglamos?” y es así porque suponemos que la corrupción es exclusivamente cuestión de dineros. La verdad es que esta manera simplificada de entender la corrupción es muy engañosa pues conduce a pensar que si alguien no roba entonces no es corrupto. Quizás las más de las veces la corrupción se mide por el dinero que va de por medio, pero en realidad la corrupción es un mosaico de muchos colores, un verdadero bufet con una variedad de antojitos para muchos gustos. Así tenemos que en el concepto real (no siempre legal) de corrupción encontramos prácticas tan diversas como el engaño, la seducción social, la manipulación, las promesas sabidamente irrealizables, el nepotismo, el tráfico de influencias, la imposición, el aprovechamiento ilícito de información privilegiada, la extorsión, la amenaza, el caciquismo especialmente cuando se hace valer dada la ignorancia o el miedo de alguna comunidad, el prevaricato, decretos o normatividades “a modo”, el compadrazgo o amiguismo en la asignación de posiciones de poder público a mujeres u hombres ineficientes o no merecedores, la impunidad intencional o aplicación selectiva de la ley, el despotismo, la cooptación mal intencionada, la impericia y más. La mayoría de estos actos de corrupción ocurren en el ejercicio del poder público pero existen actos de corrupción muy característicos -no exclusivos- del medio privado como son los precios abusivos, ciertos casos de especulación, la evasión del impuesto justo, el soborno, la dicotomía, el salario injusto, la concesión de puestos por amiguismo, el engaño sobre los componentes o la calidad de un producto, la publicidad a base de contenidos falsos, el fraude, la colusión o acuerdo inmoral para dañar a un tercero, el engaño comercial, etcétera. Asimismo cuando el objeto de una actividad particular es de suyo inmoral como la trata de personas, la extorsión, el chantaje, la perversión o corrupción de menores, la pornografía, el lenocinio, el narcotráfico, la difamación organizada, etcétera. Así pues, es una ingenuidad considerar que se es corrupto solamente cuando alguien roba o se allega injustamente dinero. El núcleo de la corrupción es la ejecución de un acto de abuso sobre los recursos financieros o humanos en provecho propio, ya sea de manera individual o de grupo, así se trate de autoridades o funcionarios públicos o bien de empresas, organizaciones o sujetos particulares. Qué condiciones subyacen bajo el templete de la corrupción de una sociedad es igualmente tema de múltiples aristas que va desde una herencia cultural quizás de siglos hasta la laxitud ética promovida por diversas ideologías o estrategias de liderazgo que con tal de hacerse de recursos o mantenerse en una posición de poder convierten en “aceptables” y hasta legales diversas formas de actuar que rebasan los límites éticos razonables degenerando en un actuar irresponsable y abusivo sobre los demás, ya sean estos pocos o muchos. No chuparse el dedo; tomar dinero ajeno no es condición para ser corrupto. Un ejemplo entre muchos: Ni Hitler ni Stalin tuvieron fama de rateros, pero ¿fueron honestos?

CAV DESCANSO:

Niños Covid en Arizona

Arizona, nuestro vecino, ocupa el primer lugar en los Estados Unidos en la tasa de Covid-19 infantil. Hasta la semana pasada se acumulaban ya más de 22 mil casos de contagios en menores significando una tasa de mil 206 contagios por cada 100 mil menores, la más alta del vecino País. Uno de cada cinco niños arizonenses que se someten a la prueba diagnóstica resulta positivo.

Médico cardiólogo por la UNAM.

Maestría en Bioética.

jesus.canale@gmail.com  

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