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Consulado para CPA: Reflexiones

Alfonso Durazo cometió un traspié al felicitarla

Por Martín Holguín

El nuevo nombramiento de Claudia Pavlovich, como cónsul en Barcelona desató una serie de reacciones tan apasionadas que parecía que de eso dependía la invasión o no de Rusia a Ucrania. Claro que el tema tiene su fondo y trascendencia, pero va más allá de esas posturas tan radicales y/o fanatizadas.

Alfonso Durazo cometió un traspié al felicitarla. Quizá se lo pidieron directamente de Palacio Nacional, pero debió explicar que un político necesita ser congruente en el decir y el hacer y que, apenas en septiembre, aseguraba que Claudia era la líder de una administración muuuy corrupta (la mayor de la historia, llegó a sugerir) y elemento clave de la “Treintena Trágica” (ese episodio de 1990 a la fecha que, según sus cálculos, hundieron a Sonora). Entonces no podía salirnos ahora con que: “Felicidades amiga, vales mil, nunca cambies”.

Otros se le fueron a la yugular, dando por hecho que este nombramiento otorgaba inmunidad a quienes hayan cometidos actos de corrupción en el sexenio de CPA (no entiendo la relación de una cosa con la otra). No recuerdo haberles escuchado una reacción igual cuando Peña Nieto ordenó (haya sido quien haya sido la mano que meció esa cuna) el “destape” de Claudia como candidata al Gobierno. Tiempos traen tiempos.

Y, así, de todos lados salieron improperios. Casi nadie se fue al meollo del asunto. Porque no lo van a creer, pero aquí hay un meollo. A ver:

1.- El País no cambia. El Presidente puede pasar por encima de instituciones y secretarios para hacer lo que le pegue la gana. No fue sólo Claudia, vimos un paquete de embajadas y consulados irracional. Posiciones entregadas con criterios políticos y no de merecimientos, preparación o trayectoria. ¿Qué punto en el curriculum de Claudia Pavlovich la hace apta para estar al frente de un Consulado? ¿Qué va a pasar con todos esos jóvenes y no tan jóvenes que durante años se han preparado en asuntos de diplomacia internacional y ahora saben que jamás podrán aspirar a encabezar una oficina de México en el extranjero a menos que se afilien al PRI, PAN, Morena o esas cosas?

2.- Ya le ofrecieron el puesto, pero antes debe pasar por la aprobación del Senado. Ninguno entre los “protestantes” se han dirigido a la Cámara Alta para exigir a sus miembros que sean profesionales y rechacen estos nombramientos. ¿Cuál será la postura de los sonorenses Sylvana Beltrones, Arturo Bours, Damián Zepeda y Lily Téllez cuando les llegue el momento de decidir?

3.- Claudia ni siquiera ha hablado. A ella le ofrecieron el Consulado, pero no ha dicho si acepta o no. ¿Debe tomarlo? Por congruencia debería decir que no. No es que no lo necesite, pero debe saber que carece de los conocimientos esenciales para el puesto y ese error no lo debe cometer dos veces. Además tiene que pensar en esos profesionistas a los que están haciendo a un lado, pese a que están preparados académica y profesionalmente para este tipo de encomiendas.

4.- Los legisladores (no se burlen, así les dicen) deberían aprovechar esto para reglamentar todos los nombramientos oficiales. Que cada posición en el Gobierno (tres niveles) tenga un perfil del puesto y sea respetado a la hora de decidir quién lo ocupará. Ya estuvo bueno de tanto inepto encabezando secretarías, direcciones generales, subsecretarías. Y, ya entrados en gastos, que legislen sobre los requisitos mínimos para ser candidato en cada una de las posiciones, desde regidor hasta Presidente de la República. La mitad de los diputados y senadores estarían ahora mismo dedicados a otro oficio. Si una empresa, para poder tener éxito, cuida la selección de personal, define las necesidades, características de cada posición y la búsqueda de talentos se centra en ello, ¿por qué al Gobierno no se le exige y reglamenta de la misma manera?

Conclusión: El “affaire” del Consulado CPA nos permite ver lo mediocres que son la política y la opinión pública en México. Todos a la grilla superficial… muy pocos al fondo de los temas torales.

Testamento…

Un testamento político, por si se muere. La Constitución es muy clara en lo que se debe hacer si falta el Presidente. Pero él aprovechó para ponerse en plan de “papá chantajista” y nos dijo, “a ver qué hacen si yo me muero”. Obvio quiere “heredar” a Claudia, pero aprovecha para despertar lástima entre sus chairos de cabecera. A lo que hemos llegado.

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