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Columnas María Amparo Casar

Con un palmo de narices

El Presidente se dedicó a elevar las expectativas sobre las necesarias medidas para paliar los efectos económicos del coronavirus y nos dejó con un palmo de narices.

Por María Amparo Casar

No encuentro mejor título que el que utilizó la periodista Lucina Melesio del Washington Post para describir el discurso de López Obrador el domingo pasado: “México ya sólo depende de sus ciudadanos para detener al coronavirus”. Le faltó decir: Y de sus consecuencias. 

El Presidente se dedicó a elevar las expectativas sobre las necesarias medidas para paliar los efectos económicos del coronavirus y nos dejó con un palmo de narices. Lo dijo así: Aquí no pasa nada.“El programa emergente para el bienestar y el empleo que expondré a ustedes, se inscribe, básicamente, en los postulados del Plan Nacional de Desarrollo que hemos venido aplicando desde el inicio del Gobierno. Mantenemos inalterables y profundizaremos las acciones destinadas a la población más pobre y vulnerable del País”.

Del coronavirus dijo que somos el segundo país con menos infectados por coronavirus y el tercer país con menos defunciones: Falso. Y, si así fuera: ¿Hizo algo para ello?

Lo que nos recetó el pasado domingo 5 de abril fue un informe de Gobierno triunfalista, con pocos signos de empatía y mucha soberbia respecto de los logros de su Gobierno. Con cifras, la mayoría de ellas, incomprobables. Él solito, engolando la voz como sus predecesores. 

El gran logro, no haber caído en la tentación de un gasolinazo o del endeudamiento. El otro logro la constitucionalización de las becas, las pensiones para adultos mayores y el derecho a la salud. Ojalá y sean exigibles.

De la paridad del peso-dólar, nada; de la recesión, nada; de la caída en la inversión, nada; de la baja en la confianza del consumidor y los inversionistas, nada; de la degradación de la nota crediticia a México y a Pemex, nada; del decrecimiento de -2% de la economía en este trimestre, nada; de la baja en el crecimiento del empleo, nada. Pero eso sí: Creará en 9 meses 2 millones de empleos. Cuando más empleos se crearon fue en 2017: 836 mil.

El resto del informe fue tomado del presupuesto de egresos aprobado en 2019 cuando nadie conocía el coronavirus: Santa Lucía, Dos Bocas, Tren Maya, Transítsmico, rescate de Pemex y dinero en efectivo para los beneficiarios de sus programas sociales. Estos últimos, nos dice, se ampliarán. No hay manera de saberlo porque no hay padrones ni información para comprobar si reciben el dinero. Lo que sí sabemos es que el Gobierno dispondrá de 219 mil millones de pesos de los fondos de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios y de Estabilización de los Ingresos de las Entidades Federativas y de los recursos de la extinción de los fideicomisos “sin estructura” o que no hubiesen sido creados por ley y que suman 740.5 mil millones de pesos. A ver si estos, como los de los ahorros producto de la austeridad republicana también se usan por decreto presidencial. 

Para tener a cuando menos la mitad de la población confinada, a las pequeñas y medianas empresas quebrando o en vías de hacerlo, a muchos trabajadores sin chamba, sin salario o con sus ingresos muy recortados y un sistema de salud que ya no alcanzaba para atender a la población, su discurso fue una burla. Bien por atender a los 22 millones de beneficiarios de los programas, pero ¿y los otros 105 millones?

De la misma manera en que desoyó las recomendaciones de la OMS de hacer pruebas extensivas y seguimiento de los primeros contagios, el Gobierno mexicano también ignora lo que dicen los especialistas en economía: De derecha y de izquierda. ¿De qué vivirán todas esas personas que no pueden salir a trabajar, que han sido despedidos o visto sus salarios reducidos, que tuvieron que cerrar sus restaurantes, talleres mecánicos o pequeños negocios porque no hay quien les compre? ¿De qué el 56% de los informales? La respuesta ya la había dado: De la más importante institución de seguridad social de México: La familia. Que del Gobierno no se espere nada. Seguramente no lo pensó, pero lo que evocó en su discurso fue la frase del fundador del PAN, Manuel Gómez Morín: “Que no haya ilusos, para que no haya desilusionados”.

El domingo quedó claro. No hay que esperar nada: Una reducción de los sueldos de los funcionarios de subdirector para arriba y la eliminación de su aguinaldo que para los afectados significa mucho y en términos de ahorro no tiene valor alguno; la ampliación de dos de los programas sociales y créditos a la vivienda. Eso es TODO. Es juicio práctico, no ideológico, nos dice. Y, la cereza del pastel: Le levantan la restricción a las industrias que proveen al Gobierno de insumos para sus obras y para Pemex y CFE. 

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