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Columnas Análisis sin fronteras

Cómo reconciliar sin destruir el País en el intento

Y aunque suene cursi para muchos estimados lectores, pero si la historia algo nos ha enseñado es que dividir a la población para afianzar el poder eventualmente fracasa ese proyecto político.

Por Ana María Salazar

Indudablemente México requiere una reconciliación histórica que abarque diferentes episodios de la historia y de la psique nacional. Una reconciliación que incluye la izquierda con la derecha, los pobres y ricos, los grupos indígenas, las víctimas de la violencia y de la injusticia, la clase trabajadora y la clase empresarial.

Y sí, también los liberales y los conservadores. Los ‘chairos’ y los ‘fifís’.

Y aunque suene cursi para muchos estimados lectores, pero si la historia algo nos ha enseñado es que dividir a la población para afianzar el poder eventualmente fracasa ese proyecto político. Fracasa rotundamente. El promover el odio para debilitar a la oposición o a una minoría van en contra de los principios de todo líder democrático y propicia la ingobernabilidad. Por más autoritario que sea un Presidente, en una democracia forzosamente se tienen que buscar consensos para poder gobernar.

Y esos consensos se destruyen rápidamente usando lenguaje que hiere, que divide y que promueve violencia.

La pregunta para el Presidente es: ¿Cómo quiere ser recordado, señor Presidente? ¿Como el líder democrático que cambió a México y nos encaminó a una ruta de crecimiento y de igualdad, con paz y libertad?

¿O quiere ser recordado como el caudillo, que al igual que otros caudillos de la historia mexicana, dejó atrás más violencia, más rencores y, sobre todo, desconfianza y división en la población?

De no cambiar su discurso y empezar a hacer acercamientos, no imposiciones ni amenazas, será recordado como un caudillo más y su Cuarta Transformación será otro eslogan publicitario de un mal Gobierno.

Lo interesante de Andrés Manuel López Obrador es que claramente es un hombre que busca en el contexto histórico los fundamentos que quiere usar para gobernar. Algunos de sus críticos señalan exactamente eso -que quiere usar políticas públicas que simple y llanamente no tendrían vigencia ni sustentabilidad en el México del siglo XXI.

Pero también la historia nos da indicios y caminos de cómo puede llevarse a cabo esta conciliación nacional. Y tiene, todavía, el bono democrático, para poder llevar a cabo grandes reformas y resolver los problemas del País, buscando la conciliación. No dividiendo y no sometiendo. Sino negociando y reconociendo la diversidad política, cultural y económica que existe en México.

De hecho, uno de los mensajes más interesantes de Bernice Albertina King, quien es la hija menor del líder del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y premio Nobel de la Paz 1964, Martin Luther King Jr., quien estuvo en México recientemente, fue la importancia de que los líderes cambiaran su mentalidad para reducir la violencia.

La entrevisté hace unas semanas y Bernice sigue predicando los principios de su padre, señalando que los líderes del mundo deberían de apostar a una visión de comunidad donde exista consideración y respeto para la dignidad y el valor de todos, para lo cual es necesario abstenerse de la violencia.

Eso incluye violencia verbal, señor Presidente. Un ejemplo sencillo para usted: ¿Quisiera que su hijo hablara e hiciera referencia a 'sus opositores' como lo hace usted a diario? ¿A ustedes lectores, les parece correcto que nuestros hijos hablen con el rencor, la discordia, y sí, el odio, que estamos expresando los que estamos a favor o en contra del Presidente? A mí me asusta el odio que se escucha en el lenguaje diario de un niño, o de un adulto.

Llegará un momento, tal vez sea en algunos años, tal vez sea en unos meses, que la tercera parte de los mexicanos que votaron por usted no será suficiente para mantener sus ideales y sus seguidores en el poder para promover las profundas reformas que necesita México. Al igual que su predecesor, Enrique Peña Nieto, su reemplazo podrá borrar sus reformas, y tendrá además una población aún más dividida.

¿Quiere ser recordado por las frases “Me canso ganso”, “Fuchi, guácala” o “Primero los pobres”?

Urge, señor Presidente, que usted ponga el ejemplo cada mañana, con un lenguaje de conciliación, aun con sus 'enemigos' acérrimos y más hirientes. Se puede estar en desacuerdo con las ideas, con las posiciones, pero no se puede usar un lenguaje que ataque la dignidad de las personas o que promueva violencia y división, especialmente en la gente más joven.

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