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Acompañaban al viajero su esposa y sus dos hijas, de 12 años una, de 17 la otra, jovencita de singular belleza realzada por sus azules ojos y su larga cabellera rubia.

Por . Catón

No sé mucho de leyendas urbanas, pues mi especialidad son las inurbanas. Por estos días, sin embargo, circula entre mis paisanos saltilleros una historia que no resisto la tentación de repetir. Sucede que un señor fue a cierta ciudad arábiga que se ha puesto muy de moda por sus lujos, su riqueza y sus espectaculares edificios. Todo lo más grande del mundo está ahí o en sus cercanías: El hotel más grande del mundo; el centro comercial más grande del mundo; la mezquita más grande del mundo. Acompañaban al viajero su esposa y sus dos hijas, de 12 años una, de 17 la otra, jovencita de singular belleza realzada por sus azules ojos y su larga cabellera rubia. Cuando llegaron al hotel los esposos, después de hacer el registro fueron a la habitación a desempacar, y las niñas se quedaron en el lobby a curiosear en las diversas tiendas que se hallaban ahí. Sonó el teléfono del cuarto y lo contestó el señor. Un empleado del hotel le informó que una persona deseaba hablar con él, y le pidió que bajara al lobby lo más pronto posible, pues la dicha persona era muy importante y no convenía hacerla esperar. Intrigado quedó mi paisano. (Eso suena mejor que “Mi paisano quedó intrigado”). ¿Quién podía buscarlo en aquella ciudad en la cual no conocía a nadie y nadie lo conocía a él? ¿Qué clase de persona sería aquella tan importante? Bajó inmediatamente y vio a un grupo de hombres con atuendos orientales que rodeaba a sus hijas, sobre todo a la mayorcita. Alarmado se abrió paso entre el corro y fue recibido por un hombre que en inglés le preguntó: “¿Usted es el padre de esta joven?”. “Así es” -respondió él, inquieto. Le dijo escuetamente el individuo: “Este caballero -señaló al que parecía el principal de los presentes- es el jeque (o califa, o príncipe, o sultánFulano, y quiere comprar a su hija. Le pide que le ponga usted precio a la joven, sea en dólares, en euros o en oro”. El padre de la muchachita, indignado y asustado al mismo tiempo, respondió que su hija no estaba en venta, la sacó de ahí junto con la otra niña y apresuradamente regresó a la habitación. Lo contó a su esposa lo sucedido; volvieron a empacar, regresaron al aeropuerto y tomaron el primer avión disponible a una ciudad europea, cualquiera, con conexión a Estados Unidos. ¿Cierta la historia o falsa? Las historias generalmente son verdaderas, si se exceptúa la Historia oficial de México. La que he narrado tiene muchos visos de verosimilitud. No la conté para desanimar al turismo internacional y evitar que viaje a esa ciudad que tantas cosas tienen las más grandes del mundo. Lejos de mí tan temeraria idea. Pero me hizo recordar que en varios estados de nuestro País sigue en la actualidad la compraventa de niñas y jovencitas como parte de los usos y costumbres de algunos pueblos o etnias, y quienes son objeto -y víctimas- de ese inhumano e ilegal comercio no tienen ningún medio de defensa. He ahí un buen campo de acción para las organizaciones feministas. Por desgracia éstas son siempre urbanas, y el tema que he mencionado es inurbano. Y mucho,.. Pete y Miní, marido y mujer, pertenecían al jet set. Se acercaba el cumpleaños de Miní, y le dijo Pete: “Pienso regalarte un yate de 300 pies de eslora, un avión privado y un coche deportivo de gran lujo”. “No quiero eso” -rechazó Miní. “Entonces -ofreció Petete regalaré un edificio en Nueva York, un hotel en París, una villa en la Toscana y una casa en Saltillo”. “Tampoco eso me interesa” -declinó Miní. Le preguntó Pete: “Entonces ¿qué quieres?”. Respondió ella, tajante: “Quiero un divorcio”. “Caramba -se asustó Pete-. La verdad, no puedo gastar tanto”. FIN.

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