No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

Castigar a los que quieren destruir a la democracia

El Presidente tiene que rendir cuentas. Lo deben castigar con severidad. De lo contrario, podría regresar con más fuerza a terminar lo que comenzó: destruir la democracia liberal.

Por Leo Zuckermann

El problema es viejo. Autócratas que usan a la democracia para llegar al poder y, desde ahí, desmantelar las instituciones democráticas e instaurar un régimen autoritario. El gran filósofo liberal, Karl Popper, lo vio con mucha nitidez con los nazis. Una vez que Hitler ganó las elecciones de 1932 en Alemania, procedió a perpetuarse en el poder destruyendo las instituciones de la República de Weimar.

 

¿Se vale -preguntaba Popper- utilizar a la democracia para luego demolerla?

 

La respuesta es no. ¡Claro que no!

 

Los actores democráticos deben demostrar, en las palabras y los hechos, un compromiso inquebrantable con las reglas democráticas. No se debe permitir que participen en las elecciones partidos que no crean en la democracia liberal y sus principios.

 

Recordemos que los nazis, liderados por Hitler, intentaron un golpe de Estado en 1923 que fracasó. Hitler y otros dirigentes fueron procesados, condenados y encarcelados. Al partido nazi se le prohibió participar en la política. Sin liderazgo y dividido, estuvo a punto de desaparecer.

 

Aunque la ley ordenaba una cadena perpetua por los crímenes cometidos en el infame Putsch de Munich, los jueces le dictaron una sentencia de cinco años de prisión a Hitler, quien recibió un trato privilegiado en la cárcel. Ahí escribió su manifiesto político Mi lucha. Se benefició de una amnistía por lo que sólo cumplió nueve meses de su condena. Salió como una celebridad que, a la postre, reconstruyó el partido nazi al que de nuevo permitieron participar en las elecciones. Fue ganando popularidad hasta llegar al poder para, desde ahí, desmantelar la democracia.

 

La República del Weimar le había dado una cachetadita a Hitler por su intento de golpe de Estado. Craso error.

 

Los humanos somos animales que no aprendemos de nuestros resbalones.

 

La democracia venezolana, una de las más antiguas de América Latina, cayó de manera similar. Hugo Chávez intentó un golpe de Estado en 1992. Fracasó y lo metieron a la cárcel. Ahí escribió su propio libro (Cómo salir del laberinto). Dos años después, el Gobierno lo liberaría. Otra cachetadita al golpista. En 1998 ganaría las elecciones presidenciales para proceder a desmantelar las instituciones democráticas e instaurar un régimen autoritario vigente hoy en día.

 

¿Cosas del siglo pasado?

 

No. Al revés. Hoy la democracia liberal está igual o más amenazada. El fenómeno ha llegado a los países con una larga tradición democrática. Ahí está el caso de Estados Unidos.

 

Su Presidente pierde las elecciones. Enfurecido, intenta un golpe de Estado. Inventa la historia de un supuesto fraude electoral, azuza a sus fanáticos para que asalten violentamente el Congreso e impidan la proclamación del candidato ganador. Las escenas del Capitolio asaltado por una turba son inéditas. El intento, sin embargo, fracasa. Mueren cinco personas.

 

¿Quién es el responsable?

 

No hay duda: Donald Trump. Las pruebas son contundentes. El Presidente llamó a la rebelión e insurgencia.

 

Los estadounidenses tienen que aprender de la historia. No pueden darle una cachetadita a Trump como ocurrió con Hilter y Chávez. El Presidente tiene que rendir cuentas. Lo deben castigar con severidad. De lo contrario, podría regresar con más fuerza a terminar lo que comenzó: destruir la democracia liberal.

 

Ayer, la Cámara de Representantes votó a favor de realizarle un jucio político a Trump, el segundo en su cuatrienio, por “inicitar a una insurrección”. El juicio debe llevarse a cabo en el Senado donde se requiere una mayoría calificada de dos terceras partes para condenarlo. Ya no habrá tiempo para removerlo de la Oficina Oval porque el próximo miércoles 20 de enero tomará posesión Joe Biden como nuevo Presidente. Pero los senadores sí podrían prohibirle ocupar un cargo público de por vida. Eso le impediría competir por la Presidencia en 2024.

 

Los senadores demócratas votarán a favor del ostracismo. La pregunta es qué van a hacer los republicanos. Se requieren 17 votos de senadores de este partido para castigar a Trump. Yo espero que los republicanos aprendan de la historia y condenen a un Presidente desleal con la democracia liberal. Trump no merece competir en nuevas elecciones. Está en manos de los senadores republicanos defender a la democracia de un autócrata que claramente se aprovecha de la democracia con la intención de luego destruirla. Ojalá no se equivoquen.

Twitter: @leozuckermann

Comentarios