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Almas perdidas

En 2014 una decena de personas con formaciones y filiaciones muy diversas creamos [Des]arma México

A la memoria de Pilar Pellicer.                   Supo ser libre.  
Corren tiempos inciertos. ¿Podrán la sociedad civil y el Gobierno apartar diferencias y unirse contra las amenazas comunes? Con la reapertura del caso “Rápido y Furioso” podrían restañarse algunas fracturas.  
En 2014 una decena de personas con formaciones y filiaciones muy diversas creamos [Des]arma México. Nos movía la indignación por la facilidad con la cual llegaban las armas de Estados Unidos. “Rápido y Furioso” era una afrenta. Los gobiernos de Felipe Calderón y Barack Obama acordaron en 2009 contrabandear 2 mil 500 rifles de asalto para detectar las rutas utilizadas por el crimen organizado. Como en las películas, se les insertaría un chip para observar su camino. Estados Unidos se quedó sin fondos para adquirir los chips, pero siguieron adelante confiados en que cuando se utilizaran conocerían el destino final. 
Se usaron y, de acuerdo al último conteo, más de 200 personas fueron ejecutadas con esas armas. Murieron sicarios, policías y civiles tan inocentes como los jóvenes de Villas de Salvárcar (Chihuahua, enero de 2010). Cuando asesinaron a un policía estadounidense (diciembre de 2010) empezó el alboroto en los dos países. ¡El menosprecio a las vidas mexicanas era escandaloso!
En septiembre de 2014, quienes integramos [Des]arma México demandamos al Gobierno de México, señalando explícitamente la responsabilidad estadounidense. El bufete del inolvidable Gonzalo Aguilar Zinser hizo una obra de orfebrería jurídica y acreditó nuestro interés, apoyándose en la Ley General de Víctimas. Como éramos víctimas potenciales de esas armas, podíamos exigir que se investigara y castigara a quienes “permitieron su entrada”. La Procuraduría General de la República aceptó el argumento. 
Como teníamos evidencia documental sobre la participación activa del Gobierno de Calderón, solicitamos la comparecencia de tres procuradores calderonistas: Eduardo Medina Mora, Arturo Chávez Chávez y Marisela Morales Ibáñez. También pedimos que comparecieran los titulares de las secretarías de Seguridad Pública, Relaciones Exteriores, Marina, Defensa Nacional, del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, del Servicio de Administración Tributaria y de la Oficina de la Presidencia. Solicitamos lo mismo para una lista de funcionarios de la CIA, la DEA, el FBI y, sobretodo, la ATF (Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos que coordinó el envío). Eso y más pedimos. 
Desplegamos una intensa actividad jurídica y de cabildeo. Hicimos antesalas y fuimos atendidos por altos funcionarios peñanietistas. Nos recibían en lujosos salones de juntas. Escuchaban con solemnidad nuestros alegatos. Elogiaban nuestro celo ciudadano, porque todo fue financiado por los integrantes de [Des]arma México. Expresaban simpatía, pedían comprensión y cerraban con un clásico: “Luego los buscamos”. El luego nunca llegó. Jamás intentaron averiguar lo acontecido.  
La semana pasada, eso cambió. El Presidente abordó el tema en un par de mañaneras y Marcelo Ebrard pidió a Washington entregar “toda la información” sobre el fracasado operativo. También preguntó si los más altos funcionarios del Gobierno de Felipe Calderón Hinojosa estaban enterados o no sobre “Rápido y Furioso”.
Estamos ante un caso paradigmático porque, además de los 200 muertos (a la fecha deben ser muchos más) se involucra directamente a los dos gobiernos en el tráfico de suministros bélicos para los criminales. Es un cáncer primario carcomiendo a la sociedad mexicana. Establecer la verdad daría instrumentos a las víctimas para exigir justicia con mayores posibilidades de éxito y el Gobierno mexicano tendría un asunto para meter el trasiego de armas en la opinión pública estadounidense, durante un año electoral. 
El bufete Schütte & DelsolGojon (sucesor del bufete Aguilar Zinser) refrendó su compromiso con este asunto, e hizo llegar al canciller Marcelo Ebrard un memorándum confidencial repleto de información. El titular de Relaciones Exteriores agradeció el envío. Falta la respuesta formal. 
Ni el Gobierno ni la sociedad civil organizada (y vilipendiada) pueden solos con la inseguridad. Lo sensato es unirse en lo esencial, para reconstruir la historia de las armas perdidas de “Rápido y Furioso”. Sería un buen aporte a la estrategia mexicana y repararía los puentes deteriorados. 

Colaboró: Zyanya Valeria Hernández Almaguer,
Académico y politólogo.

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