Tendencias
Cintilla de tendencias

Covid-19

Certificado Covid

Vacunación en CDMX

Enrique Peña Nieto

Alerta Amber CDMX

No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Afganistán

Caos. Eso es lo que marcó la salida de Estados Unidos luego de casi 20 años de guerra en Afganistán

Por Jorge Ramos

Hemos visto las imágenes en Afganistán. Quizás no hay una acción más desesperada para huir de un país que se desmorona que tratar de aferrarse del fuselaje de un avión a punto de despegar. Eso es lo que intentaron cientos de afganos en una de las pistas del aeropuerto de Kabul con un avión de la fuerza aérea de Estados Unidos. Media docena de esas personas murieron en el intento, algunos de ellos cayeron desde el aire.

Caos. Eso es lo que marcó la salida de Estados Unidos luego de casi 20 años de guerra en Afganistán. Los talibanes -un grupo surgido en los años noventa con la idea de imponer “valores islámicos” y que se impuso en el poder en 1996 y fue derrocado en 2001-, tomaron por sorpresa a la principal potencia militar del planeta.

Después del anuncio del presidente Joe Biden de que las tropas estadounidenses saldrían de manera definitiva del país este mes, los talibanes llegaron hasta la capital, Kabul, en sólo unos días. Lo hicieron mucho antes de lo que sugerían los pronósticos de los expertos.

Afganistán es conocido como el “cementerio de los imperios”, como ha dicho el propio Biden recientemente. A lo largo de la historia, Gran Bretaña, la Unión Soviética y ahora Estados Unidos han invadido Afganistán para ser obligados, años más tarde, a salir de ahí. En el caso de Estados Unidos fueron dos décadas.

Y la salida también trae ecos históricos: La precipitada huida en 1975 después del fin de la guerra de Vietnam.

En julio, durante una conferencia de prensa, Biden aseguró que no se verían en Afganistán imágenes parecidas a la retirada de Estados Unidos de Ho Chi Minh, la capital vietnamita. “Los talibanes no son como el ejército de Vietnam del Norte”, dijo el presidente.

“No hay ninguna circunstancia en que veremos a gente siendo rescatada desde el techo de la embajada de Estados Unidos en Afganistán. No hay comparación”. Pero eso es exactamente lo que ocurrió: A mediados de agosto, se vieron helicópteros rescatando a diplomáticos de la embajada estadounidense de Kabul.

La pregunta es obligatoria: Si el Gobierno de Biden ya había tomado la decisión de sacar a todas las tropas estadounidenses de Afganistán, ¿por qué no lo hizo de una forma ordenada, segura y sin poner en peligro la vida de tantos civiles?

El presidente Biden, lejos de disculparse, reafirmó su decisión de terminar su participación en la guerra en un discurso a la nación.

“Les dimos todo lo que podrían necesitar”, refiriéndose al Gobierno de Afganistán, cuyo presidente huyó a los Emiratos Árabes Unidos. “Pagamos sus salarios. Nos encargamos del mantenimiento de sus fuerzas aéreas […] Les dimos todas las oportunidades de determinar su propio futuro.

Lo que no pudimos darles es la voluntad de luchar por ese futuro”. Y luego hizo una pregunta, vital, que resume su argumento para irse de ahí: “¿Cuántas más generaciones de hermanas y de hijos estadounidenses quieren que envíe a luchar en la guerra de Afganistán cuando las tropas afganas no lo hacen?”.

El problema central de Biden no fue su decisión de salir de Afganistán sino cómo lo hizo.

Él fue el cuarto presidente estadounidense involucrado en esa guerra que comenzó por el apoyo de los talibanes a Al Qaeda, el grupo terrorista responsable de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y que le costaron la vida a casi 3000 personas.

Biden ha insistido en que se cumplieron los objetivos principales de esta guerra: evitar otro ataque terrorista a Estados Unidos planeado desde Afganistán y destruir el potencial de Al Qaeda -cuyo líder, Osama bin Laden, fue abatido en 2011 en Paquistán- para nuevas agresiones.

Pero Estados Unidos fracasó estrepitosamente en otro objetivo: El intento de imponer una democracia funcional en el país. Hoy, igual que en 2001, los talibanes han regresado al poder.

Conocí Afganistán cuando la invasión comenzaba, y recuerdo haber visto esa rebeldía y resistencia que ningún imperio ha logrado descifrar. Me impresionaron las terribles condiciones de vida de muchos de sus habitantes cerca de las montañas de Tora Bora, donde se creía que Bin Laden estaba oculto. La gente vivía en chozas de barro sin agua potable ni electricidad, como si nada hubiera cambiado en dos milenios.

Y entonces pensé que Afganistán era un país inmanejable. Las diferencias entre más de una decena de grupos étnicos, la arisca geografía y resentimientos centenarios la han hecho ingobernable.

Eso no ha cambiado. Cada vez que se intenta el uso de la fuerza en Afganistán, las cosas salen mal. Y hoy, el brutal control de los talibanes presagia muerte y abusos para todos aquellos que no coinciden con su forma de pensar o para las mujeres y niñas del país, a quienes los talibanes impusieron severas prohibiciones -como ir a la escuela- mientras estuvieron en el poder. Se trata de una tragedia humanitaria.

“Soy periodista y no se me permite trabajar”, dijo a Khadija Amin, una conductora de la televisión afgana. ¿Qué haré ahora? La próxima generación no tendrá nada, todo lo que hemos logrado en los últimos 20 años habrá desaparecido. Los talibanes son talibanes. No han cambiado”. ¿Qué hacer? Será inexcusable que nos quedemos callados y sin actuar ante la tragedia de las mujeres afganas. A corto plazo, los países del mundo, y sin duda Estados Unidos, tienen la obligación de recibir la mayor cantidad posible de refugiados.

La guerra -toda guerra- es un fracaso. Habla de nuestra incapacidad para resolver los conflictos de otra manera. Y la de Afganistán no es la excepción. Pero en este caso, además de la tragedia de los muertos y de la violencia de dos décadas, tenemos la triste convicción de que la situación no ha mejorado -ni mejorarápara millones de afganos. Democracia y derechos humanos no están en el vocabulario talibán.

Afganistán no solo es el cementerio de los imperios. También es hoy la tumba de las ilusiones.

(Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en Mexico, es autor de nueve libros, el más reciente es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”).

Comentarios