No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

Acaparamiento, especulación y otros abusos de medicamentos Covid

En buen número de casos esos productos no serán utilizados nunca por sus compradores generando ya sea un agotamiento de las existencias y por otro lado el riesgo de ocasionar una escalada de precios que los harán inaccesibles

Por Jesús Canale

En cuanto se hace pública la posibilidad de que algún medicamento puede ser útil para combatir la Covid 19 se incrementa a tal grado su demanda que en pocos días se agota su existencia en las farmacias toda vez que la gente hace compras de pánico en cantidades masivas -por ejemplo, para toda la familia “por si las dudas”- y en el mercado negro quizás pueda conseguirse, pero a precios mucho mayores, imposibles de pagar por muchas personas que en verdad lo necesitan al momento. Fue claramente el caso de la hidroxicloroquina que en el mes de marzo pasado se agotó en las farmacias mientras que quienes en verdad la necesitaban para sus enfermedades ya presentes no tenían cómo hacerse del producto con el riesgo de descontrolarse sus padecimientos. Algo parecido ocurrió recientemente con la disponibilidad de dexametasona, ivermectina y otros medicamentos que también cayeron en desabasto por compras de pánico “por si las dudas”. Y no sólo es un fenómeno que durante esta pandemia se ha visto reflejado en medicamentos sino también en dispositivos como han sido los oxímetros digitales, productos desinfectantes, sanitizantes y hasta el mismo oxígeno. En buen número de casos esos productos no serán utilizados nunca por sus compradores generando ya sea un agotamiento de las existencias y por otro lado el riesgo de ocasionar una escalada de precios que los harán inaccesibles para tantísimas personas, organizaciones e instituciones de recursos económicos limitados. Es comprensible, pero no por eso apropiado ni conveniente, que reaccionemos de esa manera; ocurre así no sólo con productos para la salud sino por igual con los combustibles, los alimentos y bebidas y hasta con los artículos y útiles escolares. Ahora, llevado este tema a nivel mundial, en referencia a la actual pandemia, se han tenido casos de acaparamiento como lo es la compra masiva del antiviral remdesivir que los Estados Unidos hicieron para proteger su posible requerimiento en ese País para los próximos tres meses. Con seguridad habrá muchas personas con Covid 19 en estado grave que no podrán disponer de ese producto -que, por cierto, es de los pocos que han prometido alguna eficacia- pues hay riesgo de que esté agotado en el resto del mundo. Otras prácticas inconvenientes o inapropiadas en relación a esta enfermedad es acerca de la producción de una vacuna eficaz para prevenirla: Hay ya en curso 136 proyectos para este propósito aunque sólo tres de ellos llevan ya un avance que permite atisbar su disponibilidad en cuestión de varios meses aunque sin ninguna certeza aún; seis del total de proyectos utilizan células derivadas de fetos o embriones humanos intencionalmente abortados y de los tres proyectos más avanzados dos utilizan de esas células por lo que su producción en serie y en caso dado su utilización enfrentarían serias implicaciones de orden ético y dejarían de ser una opción forzadamente tolerable o admisible en cuanto se disponga de vacunas cuya producción no se apoye en abortos intencionalmente provocados. Actualmente hay en el mundo aproximadamente 1,500 estudios serios de investigación sobre unos 200 medicamentos contra Covid 19, uno de ellos probando plitidepsin que tiene un poder antiviral 2,500 veces más potente que el mencionado remdesivir. Toda esta vorágine, traerá, si no se hace algo para regular internacionalmente el asunto, prácticas de acaparamiento, especulación y encarecimiento en torno a la solución de un problema de salud que amenaza, sin excepción, a los casi ocho mil millones de seres humanos que vivimos en este mundo. De no urgirse a reglas claras, sensatas, solidarias y decentes a nivel internacional, el escenario no estará muy atractivo que digamos.

Médico cardiólogo por la UNAM.

Maestría en Bioética

jesus.canale@gmail.com 

Comentarios