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AMLO y la UNAM

Desde las mañaneras, el Presidente ha lanzado críticas a la UNAM y realmente no se entiende la razón

Por Genaro Lozano

A ningún político que se meta con la UNAM le va a ir bien. Cualquier comentario que haga un político respecto a la UNAM es sobredimensionado o sacado de contexto. Así le pasó a la panista Vázquez Mota cuando le citaron su tesis en la que afirmaba que “la UNAM fue convirtiéndose en un monstruo”. Era el 2012 y las redes ardieron hasta con un hashtag de #JosefinaInsultaALaUNAM. Sin embargo, el presidente López Obrador lleva una semana con descalificaciones y críticas a la institución educativa más importante del País. ¿Tendrá consecuencias esto o generará un movimiento estudiantil opositor a la 4T?

Desde las mañaneras, el Presidente ha lanzado críticas a la UNAM y realmente no se entiende la razón. ¿Son sus dardos un distractor para dejar de discutir la reforma eléctrica, la inseguridad o el freno a la actividad económica? Si tal es la intención, pues ya ganó el Presidente. Sólo basta con ver la cantidad de columnas publicadas en defensa de la UNAM. Una vez más, la mañanera parece ser el control remoto que dicta la programación de la discusión pública. ¿Son sus críticas para sacudir a la universidad y provocar una reforma al interior? Tal vez. Las críticas del Presidente resuenan con el sector más politizado de la UNAM, con estudiantes, docentes y personal burocrático que sí coincide con que la universidad se ha despolitizado y derechizado. Ahora bien, ¿lograrán las críticas presidenciales una reforma? Lo dudo. En efecto, la burocracia de la UNAM, sus directivos, son conservadores en el sentido de que no quieren cambios. Muchos están felices con las prestaciones que tienen, el plan de retiro, la ausencia de clases presenciales, etcétera. Una reforma a la UNAM tal vez sólo se lograría si se moviliza a la mayoría del estudiantado, si se hace desde abajo y no desde arriba. Entonces, y nuevamente, ¿por qué el Presidente hace de la UNAM el tema a discutir por segunda semana consecutiva?

Para el círculo rojo, las críticas a la UNAM no son otra cosa más que “el rechazo a la conciencia crítica”, “un nuevo ataque a todas las instituciones que no se alinean con la 4T”, un “asalto a la diferencia” la “búsqueda del control de la autonomía universitaria”. En este paquete caben lo mismo instituciones como la CRE, el INE o la UNAM. Cada vez que el Presidente critica a un organismo autónomo o a una institución educativa, no hace más que dispersar la idea de que no es un demócrata, de que le molesta la disidencia. Por ello, las críticas a la UNAM son un verdadero despropósito que ni siquiera van a sacudir a la universidad para una reforma. Tal vez ni siquiera fuercen el regreso a las clases presenciales, como ha exigido el Presidente.

Si las críticas a la UNAM las hubiera lanzado Peña Nieto, Felipe Calderón o Vicente Fox, seguramente habríamos visto una movilización estudiantil. Cuando López Obrador se pregunta que por qué el movimiento #YoSoy132 no nació en la UNAM se equivoca porque realmente lo que nació en la Ibero en el 2012 fue el másde131, un colectivo de estudiantes de la Ibero muy molestos por la manera en la que los liderazgos priístas y los medios, principalmente algunos periódicos y las dos televisoras, reportaron la visita del entonces candidato Peña Nieto. El #YoSoy132 fue un movimiento colectivo que unió a estudiantes del ITAM, Poli, CIDE, UAM y, sí, de la UNAM con la comunidad estudiantil de la Ibero. Varias de las asambleas interuniversitarias del 132 se dieron en los jardines de la UNAM. Si bien la chispa del 132 nació en la Ibero, la UNAM tuvo un papel central.

Al minimizar a la UNAM, al revisar fugaz y someramente su participación en la vida pública del País, al cuestionar al movimiento estudiantil, AMLO pone a prueba nuevamente su teflón, que le ha servido durante los 3 años que lleva gobernando. Podría no pasar nada, ni reforma universitaria ni estudiantes protestando en las calles, ni el regreso a clases presenciales, ni una caída en su popularidad, pero el Presidente estira la liga cada vez más y sus declaraciones son un despropósito que sólo salpica a Sheinbaum y a Ebrard. Cada mañana el Presidente se ve más molesto y ensimismado. Esto sólo le ayuda a sus adversarios.

El autor es politólogo, conductor de un programa de televisión y profesor en el Departamento de Estudios Internacionales de la Ibero.

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