No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Juegos de Poder

AMLO: Un Presidente muy empático y nada empático a la vez

En este año, ya van varias ocasiones en que el Presidente ha demostrado una falta de empatía con distintos sectores de la población que han sufrido por un problema mayúsculo.

Por Leo Zuckermann

En este año, ya van varias ocasiones en que el Presidente ha demostrado una falta de empatía con distintos sectores de la población que han sufrido -o siguen sufriendo- por un problema mayúsculo. Primero, se negó a recibir a los líderes de los familiares de las víctimas de la violencia. Gente, como Javier Sicilia, que han perdido a seres queridos por los altos índices de criminalidad. Luego, minimizó el movimiento feminista que demandaba mejores respuestas gubernamentales frente a la discriminación cotidiana a las mujeres, las agresiones y los feminicidios.

En esta nueva crisis del coronavirus, López Obrador también ha demostrado falta de empatía con más grupos sociales. 

Comienzo con los más obvios: Los enfermos y fallecidos de Covid-19. Al decir, la semana pasada, que la pandemia le ha venido como “anillo al dedo” a su proyecto de una Cuarta Transformación, se olvidó el Presidente de las víctimas reales de una espantosa enfermedad que, por lo pronto, no tiene cura. Cierto, el domingo pasado, en su discurso, les ofreció condolencias a “quienes han enfermado o han perdido a sus seres queridos en esta contingencia”. Muy poquito, muy tarde, dirían los anglosajones, lo cual demuestra que AMLO es incapaz de identificarse con ellos y compartir sus sentimientos. 

Después están los empresarios. Y no hablo de los grandes, que son a quienes más recibe el Presidente en Palacio Nacional, sino los pequeños y medianos. Esos que hacen milagros para sobrevivir en un país donde no tienen acceso a créditos, donde existe una incontenible violencia (muchos tienen que pagar “derecho de piso” al crimen organizado para operar) y donde falta un Estado de Derecho, lo cual incrementa sus costos de transacción. Esos que sufren todas las quincenas para pagar la nómina de sus trabajadores y que son los primeros en quebrar cuando vienen las grandes crisis económicas. 

No es que sean blancas palomitas, pero sí tienen que hacer mil y un malabares para salir adelante. A veces les va muy bien, a veces muy mal. Bueno, pues AMLO no puede identificarse con ellos. 

Primero, porque piensa que todos son una bola de inmorales que explotan a sus prójimos (trabajadores, proveedores y clientes). Segundo, porque nunca en su vida profesional ha tenido que sufrir, en carne propia, el no tener el dinero suficiente para pagar sus obligaciones.

Su vida profesional ha sido desde la comodidad de la política y el Gobierno donde recibe un cheque quincenal. 

Contrasta esta falta de empatía con otros grupos sociales donde sí parece compartir sus sentimientos. Muy claramente, los adultos mayores. Es capaz hasta de saludar a la madre del “Chapo” Guzmán por ser, según él, una anciana. También están los indígenas y los grupos de los pobres más pobres del País. Todos los que no tienen oportunidades en la vida. Los incapaces de salir de la pobreza. Los condenados a la inmovilidad social. A todos ellos les ha dedicado su sexenio con programas sociales que incluso ya elevó a rango constitucional. 

Celebro esta empatía. Qué bueno que el Presidente de México ponga un énfasis especial en estos grupos vulnerables. Pero contrasta con su total negación a otros conjuntos de ciudadanos que también han pasado penurias o que, como en el caso de los pequeños y medianos empresarios, quebrarán si el Gobierno no hace nada para evitarlo. 

Curioso, entonces, que tengamos un Presidente muy empático y nada empático a la vez. Hasta en eso, López Obrador polariza. 

Dicen los sicólogos que la empatía es una habilidad básica de la inteligencia emocional.

Nuestro Presidente puede hacer hasta lo imposible con ciertos grupos que se identifica y no hacer absolutamente nada con aquellos que desdeña. Puede ser, al mismo tiempo, muy generoso o muy egoísta. 

Decía Gandhi que “tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”. Ponerse en los zapatos ajenos es precisamente una definición de empatía.

Me temo que el Presidente, en este momento, no está haciéndolo con grupos que se verán severamente afectados por el coronavirus comenzando por los enfermos y muertos de esta pandemia. 

Comentarios