¿Y después del descalabro?
Si bien los demócratas consiguieron la mayoría en el Senado, no la tienen para establecer un juicio político al Presidente, o cualquiera de sus funcionarios mayores

BATARETE
Lo que sucedió en los Estados Unidos el pasado martes 3 de noviembre fue, sin duda, una derrota espectacular para el Partido Republicano, y para su líder putativo, Donald Trump. En el senado los demócratas lograron 54 posiciones, quizá dos o tres más, mientras que los republicanos se quedaron en 44. En la Cámara de Representantes llegaron a 258 victorias, contra 177 de los republicanos, y entre los 36 estados que eligieron gobernador, colocaron a 22 gobernadores demócratas, entre ellos algunos que abren nuevas perspectivas políticas, como Xavier Becerra, hijo de inmigrantes, que alcanzó la Gubernatura de California, o Gina Hinojosa, que será la primera mujer latina que gobierne Texas. Y en Nuevo México la demócrata Deb Haaland, de origen indígena, será gobernadora.
En su conjunto los votantes se inclinaron por propinar a Trump y los republicanos una tunda política de pronóstico reservado, movidos sin duda, por el rechazo a las decisiones y acciones del presidente en estos dos años de su segundo periodo. El mismo Donald, con su megalomanía desorbitada, se atrevió a quejarse de que sus correligionarios no supieron competir, ni ganar, y emitió uno más de sus juicios engreídos y embusteros: “si yo hubiera estado en las boletas, hubiera barrido con los votos”, cuando resulta obvio que el formidable apoyo al partido demócrata se explica por la presencia ubicua del mismo monigote anaranjado como organizador, cabeza y enemigo a vencer.
Conviene entender que estas nuevas legislaturas entrarán en funciones hasta el mes de enero próximo; así que cualquier acción concertada para enjuiciar al Presidente o sus colaboradores, se podrá iniciar hasta dentro de unas siete semanas, lo que concede a los demócratas tiempo para planear, pero también ofrece a los republicanos un lapso para establecer sus defensas y estrategias.
Si bien los demócratas consiguieron la mayoría en el Senado, no la tienen para establecer un juicio político al Presidente, o cualquiera de sus funcionarios mayores, como Peter Hegseth el secretario de Defensa: para lograr eso necesitarían dos tercios de los votos, o sea acumular 67 decisiones que avalaran el juicio. Tal iniciativa implicaría que al menos una docena de republicanos aceptaran votar con ellos, en contra de su propio instituto, hipótesis complicada; pero sí pueden acorralar al Donald y sus secuaces estorbando todas las iniciativas con las que no estén medianamente de acuerdo. En algún momento les convendrá establecer alianzas con sus contrincantes, así sea provisorias, para aprobar leyes y normas que sean necesarias para el funcionar de su país. Habrá que ver qué tanto pueden ponerse de acuerdo, así sea puntualmente.
Por otra parte, la camarilla demócrata podrá lanzar investigaciones sobre asuntos que considere deben esclarecerse, como sería el caso de conductas que podría constituir delitos; si bien no tiene la autoridad para presentar cargos penales, sí debería remitir las evidencias de actividades punibles al Departamento de Justicia para que investigue y, si es el caso, proceda al enjuiciamiento. Esta vía será una posibilidad para mantener presión sobre Trump y sus esbirros.
De alguna manera es dable esperar que los siguientes dos años Trump será un mandatario cercado e incapaz de gobernar, lo cual puede generar una situación de inmovilidad e incertidumbre en la nación vecina; o pueden establecer una especie de gobierno desde las legislaturas, y dejar al ejecutivo enconchado en su incompetencia. Parece demasiado tiempo para una situación tan compleja, y deberán plantear iniciativas para sortear esas eventualidades. Una obvia es lograr que el Trump despida a su vicepresidente y renuncie al cargo a cambio de ciertas concesiones para su retiro, y nombre como vicepresidente a un personaje con cierto prestigio y aceptable para las mayorías. Eso hizo Nixon cuando despidió a Spiro Agnew su vicepresidente y colocó en el puesto, y en la línea de sucesión, a Gerard Ford, un político gris, pero sin mácula.
Difícil saber qué va a suceder, pero tenemos por delante unos meses, o años más bien, moviditos...
ERNESTO CAMOU HEALY
Ernesto Camou Healy es doctor en Ciencias Sociales, maestro en Antropología Social y licenciado en Filosofía; investigador del CIAD, A.C. de Hermosillo.
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