De cómo la ciencia respalda la democracia
Hace 10 años que la Unión Europea goza del respaldo de un grupo de siete científicos cuya tarea es la de asesorar para el bienestar de los ciudadanos de sus 27 países miembros

Hace 10 años que la Unión Europea goza del respaldo de un grupo de siete científicos cuya tarea es la de asesorar para el bienestar de los ciudadanos de sus 27 países miembros a partir del principio de que su organización social gira alrededor de la democracia. Se trata, en pocas palabras, de poner la ciencia al servicio de las democracia europea, entendida la democracia no sólo como pueblo que elige su Gobierno por votación periódica sino sobre todo un sistema social que procura lo mejor para todos -todos- sus ciudadanos. Ese grupo de siete científicos se conoce como “Group of Chief Scientific Advisors” o Grupo de los Principales Consejeros Científicos y asesoran a esa enorme comunidad europea de 455 millones de personas compuesta por individuos de diferentes orígenes y muy variadas culturas, religiones, tradiciones, costumbres y lenguas lo que aparentemente haría imposible encontrar un común denominador para que sólo siete individuos pudieran con el grave encargo que tienen encomendado. Acerca de esto último hay un planteamiento válido y es que ellos han podido y pueden con su tarea gracias precisamente a la visión científica de cada uno que les da las herramientas para entender y adaptarse a ese complejo mosaico humano. Para poder entender cómo es que este grupo puede hacer lo que hace tiene uno que entender la ciencia como una proveedora de conocimiento válido sobre las realidades más diversas que determinan los fenómenos sociales, psicológicos, numéricos, biológicos, geológicos, terrestres e incluso espaciales y que los ponen cerca de las fuentes de datos necesarios para buscar la solución de los problemas fundamentales para la supervivencia y el bienestar presente y futuro. Las cosas son tan cambiantes que un conjunto de conocimientos de hace apenas medio siglo no es suficiente hoy para enfrentar muchas condiciones actuales como el cambio climático, la escasez de agua bebible, la insuficiencia de energías, las nuevas amenazas para la salud, los retos de los propios abusos humanos como las armas de destrucción masiva, la contaminación del aire y de las aguas, etcétera. ¿De verdad podemos decir que bastarían la buena intención, y el esfuerzo físico y mental para resolver tal cantidad y complejidad de problemas y retos que van surgiendo en un escenario de condiciones tan cambiantes como las que ya hemos vivido en solo una transición generacional, por ejemplo en el mismo siglo XX entre los “baby boomers” (los nacidos entre los cuarentas y los sesentas) y la Generación X (los nacidos entre los sesentas y finales de los setentas), o aún más con los “milenials” (que nacieron entre los tempranos ochentas y los últimos noventas)? Apenas hace 50 años los algoritmos más útiles y populares eran los cualitativos, por ejemplo, qué pasos seguir para pasar batería de un automóvil a otro, pero hoy los algoritmos más útiles son los informáticos, que no conoce casi nadie pero sin ellos no puedes vivir, por ejemplo, no habría manera de que saques del cajero automático ni un peso de tu propia quincena. El ejemplo de la Unión Europea acerca de la contribución de los científicos a la solución de los problemas que flagelan hoy o amenazan el futuro (el futuro hoy es el año que entra) va más allá de resolver un determinado problema pues dicha asesoría científica manifiesta en sí que la sociedad confía hoy mucho más en la ciencia, que ya no se tiene solamente como la inventora de artefactos para el bienestar sino que la aportación científica es entendida ya necesaria para nuestra propia supervivencia toda vez que hoy, precisamente por la ciencia, se ha abatido el número de muertes y vivimos cada vez más años pues el conocimiento científico es el fundamento de la tecnología aplicada, y la ciencia social es la nutricia de los derechos humanos. Europa tiene, sí, serios defectos y conflictos, pero nos ha enseñando que la democracia contemporánea no puede darse el lujo de mandar la contribución de la ciencia a la lista de espera. Y si algún País lo hiciera, es que no es democrático.
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