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Un país triste

La guerra con Irán ya cruza los siete meses, y he perdido la cuenta de las veces en que el presidente Donald Trump ha dicho que ya ganamos, y que pronto va a terminar.

Jorge  Ramos

JORGE RAMOS

El problema de decir que Estados Unidos es un país triste es que se trata, primero, de una generalización y, segundo, de que me pueden inundar en las redes sociales con ejemplos de gente que es feliz. Así que mejor diré que vivo en un país donde últimamente he visto a mucha gente triste, ansiosa y preocupada.

Las razones sobran.

Vivo en un país en guerra, y aunque no sufrimos bombardeos diarios, hay consecuencias por todos lados. La guerra con Irán ya cruza los siete meses, y he perdido la cuenta de las veces en que el presidente Donald Trump ha dicho que ya ganamos, y que pronto va a terminar. El mismo que tanto criticó las llamadas “guerras sin fin” en Afganistán e Irak se metió a otra en Irán, y ahora Trump no sabe cómo salirse. Fue una guerra inventada, no hay ninguna evidencia de que Estados Unidos estuviera amenazado por Irán, ni se ha logrado destruir el material nuclear que aún poseen los iraníes. Y muchos estadounidenses viven en total negación cuando les recuerdas que estamos en guerra.

Con el Estrecho de Ormuz prácticamente cerrado, la gasolina, el diesel y todo lo que necesite transportación ha subido de precio. La inflación sigue aumentando -llegó al 3.7% el mes pasado- y la palabra de moda en las campañas al Congreso para las elecciones del 3 de noviembre es “affordability” (que no se traduce bien al español, pero que pide abaratar los costos de la renta, la comida, las medicinas y los productos más necesarios). Imposible estar contento tras una visita al supermercado o a la gasolinera.

La mayor tristeza en Estados Unidos la noto entre los latinos. Los arrestos y las redadas de ICE, la Policía migratoria, han llenado de miedo las calles de Miami, Los Ángeles y cualquier otro lugar donde se concentran los 65 millones de hispanos. Los agentes de ICE, como si fueran un grupo paramilitar, van encapuchados, fuertemente armados, no se identifican y detienen a cualquiera que parezca o suene como latino, independientemente de si tiene una orden de captura o récord criminal.

La tristeza también se puede medir en cifras. Al menos 57 personas han muerto en custodia de ICE desde que Trump regresó a la presidencia, según la organización ACLU. Y más de 200 mil niños han sido separados de sus padres inmigrantes. No hay manera de que alguien pueda ser feliz si un familiar murió en un centro de detención de ICE o si te han separado de tus hijos.

Tampoco se puede ser feliz si te quitaron tu permiso de trabajo o tu protección temporal (TPS, por su sigla en inglés) y corres el peligro de ser detenido y deportado cada vez que llevas a tus hijos a la escuela, vas al banco o a tu trabajo. Es difícil medir la ansiedad, pero basta con una plática con una familia hispana para darse cuenta de que las cosas no van bien.

Al final de cuentas, Estados Unidos, el país que se vende como el más rico y poderoso de la historia, no es el más feliz.

La Internet está repleta de listas, unas más dudosas que otras. Pero cuando se trata de medir la felicidad de los países, siempre me gusta revisar el World Happiness Report que publica la Universidad de Oxford, en colaboración con la agencia Gallup y Naciones Unidas. En su lista, consideran desde expectativa de vida, desigualdad social y niveles de libertad hasta productividad por persona y grado de corrupción.

Como se imaginarán, Estados Unidos no aparece entre los países más felices. En 2025, fue el número 23 entre 140 naciones. De nada sirvió su productividad económica, su enorme ejército y su gigantesco arsenal nuclear. El país más feliz fue Finlandia, seguido por Islandia, Dinamarca, Costa Rica, Suecia y Noruega. México quedó en el lugar doce.

Hay, también, otra categoría muy interesante. Cuando se le preguntó a la gente sobre “emociones negativas” y si había experimentado el día anterior “preocupación, tristeza o angustia”, Estados Unidos cae al lugar 32.

Ese no debería ser el lugar de una superpotencia. Pero lo es porque en Estados Unidos no andamos de fiesta. Trump, y esa es mi opinión, nos ha hundido en la desesperanza y en la angustia. Y no es culpa de una sola persona. Más de 77 millones de estadounidenses votaron por él, y apoyaron algunas de las ideas que nos han llevado a este triste momento.

No percibo, como en otras épocas, que el futuro en Estados Unidos sea mejor. Al contrario, creo que estamos en la mitad de la tormenta y que los próximos dos años, hasta las siguientes elecciones presidenciales, van a ser muy duros.

¿Qué veo? Más persecuciones contra inmigrantes, más deportaciones injustas, una guerra interminable, una economía que arrastra a millones, una oposición política desorganizada y débil, y un presidente que se siente todopoderoso y que amenaza la democracia y la libertad de expresión.

Por eso estamos tan tristes.

JORGE RAMOS

Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros, el más reciente es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”.