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La 4T es un cochinero

“¿Cómo 300 pesos? -exclamó-. En cualquier rancho puedo conseguir uno igual, y hasta mejor, por 30 pesos”.

. Catón

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

La linda Susiflor, soltera en flor de edad, les anunció con toda naturalidad a sus papás que estaba un poquitito embarazada. Le preguntó el señor: “¿Y se casará contigo el papá de la criatura?”. “Pienso que sí -respondió Susiflor-. Ya tengo la promesa de seis de los posibles padres”. (La boda iba a ser de a niño de compromiso). Astatrasio Garrajarra, ebrio de profesión, cargaba con el remoquete de “El torpedo”, por torpe y por lo demás. Una vez estuvo envuelto en líos con la autoridad. Un juez le hizo saber: “La señora aquí presente se queja de que usted le dijo ‘vieja cara de nalga’”. Contestó el azumbrado: “No recuerdo habérselo dicho, pero de que la tiene la tiene”. Se llamaban “introductores de ganado”. Eran señores de buena condición que al don añadían el din. Esto es decir que gozaban de respeto y de posición económica apreciable. Su trabajo consistía en ir de rancho en rancho comprando semovientes. Tal era el sonoroso nombre que se daba a animales de desecho -reses, cabras, chivosque luego llevaban al rastro municipal para vender después su carne a comerciantes minoristas, carniceros de barriada o del mercado. Cierto introductor vio en una de sus salidas un marrano. Así se llaman esos animales, sin perdón sea dicho. La dueña era una mujer dispuesta a venderlo. El visitante le preguntó cuánto quería por él. “300 pesos” -respondió la campesina. El comprador se sorprendió. “¿Cómo 300 pesos? -exclamó-. En cualquier rancho puedo conseguir uno igual, y hasta mejor, por 30 pesos”. Explicó ella: “Es que mi marido, que en paz goce, quería mucho al marranito, y también lo quieren mis hijos y mis nietos”. “Señora -acotó el introductor-. Compro marrano, no querencia”. Mucha querencia por la chamba muestra Guadalupe Taddei, consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral. Seguramente no renunciará a su cargo, para mi pedirá licencia para retirarse temporalmente de él, pese a los señalamientos que se le hacen de convertir al Instituto en cochinero por causa del conflicto de intereses con un proveedor, favorecido en forma que la señora no ha podido explicar satisfactoriamente. La 4T es un cochinero que tiene numerosos cochineritos en diversas dependencias cuyo manejo presenta opacidades sospechosas. No pecará de mendaz, o sea de mentiroso, quien diga que la decencia y el sentido de la moral acabaron por ausentarse de la vida pública desde que llegó al poder este régimen en el cual privan la ilegalidad, la impunidad, la irresponsabilidad y otras -ades igualmente visibles y dañosas. AMLO sacó un pañuelito blanco para significar que con él había terminado la corrupción en México. Sábana blanca debió haber sacado que sirviera de mortaja a los restos que quedaban de decencia pública. ¡Haz alto, columnista! Miro con alarma que te estás poniendo demasiado intenso. Tus últimas palabras se dirían sacadas de un culebrón de Echegaray, Linares Rivas o Manuel Tamayo y Baus. ¿Pretendes acaso estremecer a la República? Te expones a que cuando vayas por la calle la gente te señale: “Mira: Ése estremece repúblicas”. Mejor vuelve a lo tuyo, que es el relato de lenes cuentecillos. Doña Gelida les contó a sus amigas en la merienda de los jueves: “Me molesta que cuando mi marido llega al término del acto conyugal lanza gritos, aullidos y ululatos tan fuertes que agitan las cortinas de la alcoba y hacen que oscile el candil del techo”. Opinó una de las tertulianas: “Eso no debería molestarte; antes bien debería enorgullecerte, pues significa que tu esposo alcanza contigo al culmen de la pasión carnal, y llega al fin del acto un volcán, un Etna hecho”. “Sí -admitió doña Gelida-, pero es que me despierta”. FIN.

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