Homenaje a Ulises Beltrán
Fue una figura determinante en mi vida. Un ejemplo que seguir.

JUEGOS DE PODER
Ayer murió mi maestro, jefe, mentor y amigo, el queridísimo Ulises Beltrán.
Fue una figura determinante en mi vida.
Un ejemplo que seguir.
Lo conocí en El Colegio de México cuando estudiaba mi carrera. Tuve la fortuna que fuera mi profesor de Historia de México. Desde el primer día, me fascinó su gran pasión intelectual. Con el histrionismo que lo caracterizaba, nos guió por un fantástico viaje en el devenir de nuestro País.
Y es que Ulises había estudiado su doctorado en historia económica en la Universidad de Chicago donde trabajó muy de cerca con John Coatsworth. Era un apasionado del método científico, la comprobación con evidencia empírica y el desarrollo de modelos cuantitativos. Cuando alguien osaba echarse un rollo mareador, Ulises lo interrumpía preguntándole “¿y cuál es tu variable dependiente?”
Nunca dejó la academia. Dio clases en el Colmex y fue investigador asociado en el CIDE. Publicó varios ensayos en revistas académicas de prestigio. La última vez que lo vi, hace unas tres semanas, todavía me habló de una idea que tenía para una investigación más.
Terminando mi tercer año de la carrera, lo busqué para que me dejara hacer mi servicio social en la secretaría de Hacienda. Ulises era el coordinador de asesores del subsecretario de Ingresos, Jaime Serra. De buena gana, aceptó. Cuando terminé las horas requeridas, me ofreció trabajo ahí mismo.
En octubre de 1987, el PRI destapó a Carlos Salinas como su candidato presidencial. Serra le sugirió a Beltrán que se fuera a trabajar a la campaña en el equipo que estaba formando José Córdoba.
Ulises aceptó y me invitó a irme con él. Yo le dije, “pero, profesor, yo no soy priista”, a lo cual replicó que tampoco él era. Vino entonces una larguísima reflexión de cómo su generación estaba llamada a cambiar a México desde dentro del sistema. Me convenció y accedió a mi condición de trabajar en la campaña sin tener que afiliarme al partido.
Ahí ocurrió uno de esos giros azarosos de la vida.
Por razones obvias, ni los gobiernos ni el PRI habían tenido que levantar encuestas en México. Sin embargo, la elección de 1988 sería diferente. La Corriente Democrática había abandonado el partido y lanzado su propia candidatura presidencial, la de Cuauhtémoc Cárdenas.
Salinas y Córdoba entendieron que necesitarían información demoscópica para saber cómo iba la competencia. Le encargaron las encuestas a Ulises. “Vamos a tener que aprender a hacerlas”, me dijo. Él ya tenía algo de experiencia por el trabajo cuantitativo que había realizado en Chicago. Además, nos acercaron a un gran experto demoscópico del Inegi, el querido Roy Campos.
Cuando Salinas tomó posesión, nombraron a Ulises jefe de la unidad de encuestas de la Presidencia subordinado a Córdoba. “Vamos a necesitar gente”, me dijo y yo me jalé a trabajar a varios de mis amigos. Algunos son actualmente de los mejores encuestadores en el país.
No es gratuito que muchos reconocieran a Ulises como “el papá de las encuestas en México”.
Logró algo increíble tomando en cuenta la animadversión que existía entre los presidentes Salinas y Zedillo: Servir a ambos como su encuestador de cabecera.
Era un jefe implacable que nos hacía trabajar durísimo. Pero vaya que aprendimos. Y nos divertimos mucho, muchísimo, como cuando levantamos la primera encuesta de salida en unas elecciones mexicanas; fue en Baja California en 1989, la primera gubernatura que ganó la oposición.
Yo eventualmente tomé un camino profesional diferente al de las encuestas. Sin embargo, Ulises siguió siendo uno de mis mentores. Sin falta, lo consultaba siempre que tenía que tomar una decisión laboral o personal difícil. Su sabiduría me ayudó enormidades, sobre todo para no cometer errores garrafales.
A la postre, Ulises se convirtió en mi amigo. Después de décadas, por fin pude tutearlo.
Nos invitaba con frecuencia a su casa donde teníamos pláticas legendarias.
Lo admiré por muchas razones, pero sobre todo por dos. Primero, su generosidad. Su ayuda fue fundamental para ser lo que soy. No fui el único. Hay una larga lista de personas a las que cobijó el doctor Beltrán.
La segunda es su pasión por la familia. Adoraba a su esposa, Estela, quien estuvo a punto de morirse en la pandemia. Sus tres hijas -Ira, Erika y Paola- eran su tesoro. Cuando éstas tuvieron hijos, Ulises se convirtió en un abuelo de película. A todos ellos les envío un abrazo solidario.
Por cierto, Beltrán fue el encuestador de Excélsior en algún momento de su larga carrera. Lo hizo, como siempre, con la seriedad y profesionalismo que lo caracterizaron.
Querido maestro, jefe, mentor y amigo, donde estés, espéranos, para seguir siendo el faro que nos guía.
LEO ZUCKERMANN
@leozuckermann
Leo Zuckermann es analista político / periodista y conductor de un programa de opinión en televisión.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados