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La traición a la patria de Ernestina Godoy

Me gustan las teorías conspirativas. Tiendo a compartir aquella según la cual las acusaciones locales contra el ex fiscal estatal de Chihuahua provienen de un acuerdo tácito o explícito con el Gobierno federal para entregar el Estado a Morena.

Jorge  Castañeda

AMARRES

Me gustan las teorías conspirativas. Tiendo a compartir aquella según la cual las acusaciones locales contra el ex fiscal estatal de Chihuahua provienen de un acuerdo tácito o explícito con el Gobierno federal para entregar el Estado a Morena.

La gobernadora Maru Ramos, junto con otros mandatarios estatales -de Baja California, de Sonora, de Michoacán, tal vez de Sinaloa- buscarán en la Cámara de Diputados el fuero que necesitan para no caer a la cárcel.

Igual habrá un lapso entre su renuncia al fuero de Gobernadora y el acceso al fuero de legisladora durante el cual puede ser perseguida. Mejor blindarse desde ahora con Sheinbaum, entregando el Estado.

Entiendo también las razones de la Fiscalía federal de sumarse a la persecución de César Jáuregui. Ernestina Godoy ve confirmada la tesis de su jefa de que el fiscal estatal cometió un delito al permitir o ser cómplice de la presencia de cuatro agentes de la CIA en el desmantelamiento del laboratorio en la sierra de Chihuahua.

Pero no puedo dejar de sorprenderme ante el anacronismo de la acción federal.

Cierto que Godoy nos ha acostumbrado a sus excentricidades y manifiesta incompetencia, pero esta vez sí se voló la barda.

Las últimas personas condenadas y fusiladas por “traición a la Patria” fueron Maximiliano y los generales Miramón y Mejía. Circulan versiones de que Felipe Ángeles también fue ejecutado en 1919 por cometer ese delito, pero más bien parece que fue por “rebelión militar”.

También la 4T recurrió a la figura para abrir una carpeta de investigación contra Joaquín Guzmán López, hijo de “El Chapo”; en 2024, por el secuestro de “El Mayo” Zambada. La inteligencia artificial no encuentra casos más recientes.

El delito de “traición a la Patria” está configurado en los artículos 123 a 126 del Código Penal Federal. En su redacción actual, fueron incorporados en 1970, al concluir el periodo presidencial de Díaz Ordaz, en la estela del movimiento de 1968. Carlos Salinas incluyó una modificación al Artículo 123 para evitar repeticiones del caso de Álvarez Machain de 1992, que le sirvió a AMLO para perseguir al “Chapito”. En la Constitución, el término figura en el Artículo 108, relacionado con la Presidencia de la República.

Las 15 modalidades comprendidas en el Artículo 123 del CPF, además de estar redactadas en el lenguaje arcaico de esa época, como si fuera el himno nacional, se refieren casi todas a un estado de guerra, a un invasor, a la “desmembración” del territorio nacional, al establecimiento de un “protectorado” y hasta frases divertidas como ésta: “Destruya o quite dolosamente las señales que marcan los límites del territorio nacional, o hagan que se confundan, siempre que ello origine conflicto a la República, o ésta se halle en estado de guerra” (Inciso IV). Esta muy cab… condenar a alguien por eso; con razón ha transcurrido más de siglo y medio desde que se pudo.

Resultaría interesante que la Fiscalía federal persistiera en su intento.

Tendría que decirnos en cual de las quince modalidades del Artículo 123, o de aquellas inscritas en los Artículos 124 y 125 se basa. La defensa de Jáuregui podría revisar los debates en el Congreso de 1970, para escuchar las extraordinarias piezas oratorias a favor de legisladores como María Guadalupe Aguirre Soria (?), o Alberto Brizeño Ruiz (?). O tal vez, las intervenciones en contra de Carlos Sánchez Cárdenas, posteriormente uno de los primeros diputados de izquierda en la Cámara, o del líder de la Tendencia Democrática, Rafael Galván.

Después de todas sus pifias jurídicas ya conocidas, la 4T se encamina a un ridículo adicional. Quiero ver a Sheinbaum en APEC explicar cómo se persigue a un funcionario estatal por “traición a la Patria” en la sierra de Chihuahua al haber colaborado sin su permiso con el Gobierno de Trump, que allí va a estar.

Tal vez el problema yazca en una confusión simple y simplista, entre la retórica de la calle, la asamblea o el Congreso, y la aplicación de la ley. Lo primero se les da a los morenistas, lo segundo se les enreda mucho.

Con razón insisten: “No me vengan con eso de que la ley es la ley”.

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