Los espejitos que vino a vendernos Mazzucato a los mexicanos
Hace mucho que no leo un reporte tan fantasioso e ingenuo como “Transformación del Estado para el Plan México: Un enfoque por misiones para alcanzar una prosperidad compartida” de Mariana Mazzucato y Lara Merling.

Juegos de poder
Hace mucho que no leo un reporte tan fantasioso e ingenuo como “Transformación del Estado para el Plan México: Un enfoque por misiones para alcanzar una prosperidad compartida” de Mariana Mazzucato y Lara Merling. La primera es una de las heroínas de la izquierda mexicana ilustrada, economista de moda que supuestamente ofrece un proyecto alternativo de desarrollo al neoliberalismo.
Para el lopezobradorismo, la fuente de todos los males de México fue el proyecto neoliberal que los antecedió. Más allá de la exageración retórica y propagandística, muchos nos hemos preguntado cuál era la alternativa que proponía la izquierda a este modelo. Varias personas que respeto me respondían que ahí estaba el trabajo académico de Mazzucato que redefinía el papel del Estado en el capitalismo moderno.
Resulta que a la famosa economista la contrataron para hacer propuestas de qué hacer en nuestro País. Antier, en este espacio, glosé el diagnóstico de su propuesta y ayer sus recomendaciones de política pública.
El reporte, me parece, acierta en el diagnóstico al identificar baja productividad, escasa innovación y grandes diferencias entre empresas y regiones. Como era de esperarse, su propuesta para resolver estos problemas le asigna demasiado protagonismo a la dirección estatal.
He ahí el problema.
En un país como México, donde el Estado tiene enormes dificultades para proveer bienes públicos básicos como seguridad, educación o salud, ni hablar de evitar la formación de monopolios o resolver las fallas de mercado, Mazzucato y Merling nos proponen que el Gobierno vaya más allá orientando y coordinando los recursos de la economía.
Sí, como no.
¿De qué país me están hablando?
Parece que las autoras no estudiaron bien las capacidades reales del Estado mexicano.
Es como si a un enclenque que no puede levantar una pesa de 10 kilos le propusieran cargar, ahora, una de 100.
Las autoras cuestionan correctamente las rentas derivadas del poder de mercado. Lo que no hacen, y es típico en este país, es las otras rentas: Las que se derivan de la intervención del Estado, es decir, de las concesiones, barreras legales o favoritismo de los gobernantes.
Ni qué decir de la corrupción que entraña el que el Estado se ponga en modo más intervencionista.
¿Acaso no les contaron a estas académicas de la red de corrupción de los grandes proyectos de infraestructura (Dos Bocas, Tren Maya, etcétera) durante el sexenio pasado?
¿Nadie les dijo del terrible problema histórico del capitalismo de cuates de la economía mexicana donde las grandes fortunas se hacen por la colusión de “empresarios” (sí, entre comillas) y la clase política?
Aunque el documento pide transparencia y competencia abierta, los nuevos incentivos selectivos, contratos preferenciales y condiciones negociadas que proponen pueden acabar favoreciendo a quienes saben influir sobre el Gobierno. Es la tradición en nuestro País. Precisamente la del capitalismo de cuates.
La política industrial que recomiendan Mazzucato y Merling corre el riesgo, bastante real en México, de construir una élite económica dependiente del presupuesto.
No, el remedio pasa por un Estado acotado que sí haga bien las pocas cosas bajo su responsabilidad.
En materia económica, corregir las fallas típicas del mercado como evitar monopolios y oligopolios, proveer bienes públicos como la seguridad y regular las externalidades negativas y la asimetría en la información. A eso hay que sumar dos servicios que contribuyen sustancialmente al desarrollo económico: Educación y salud.
Conque el Estado mexicano haga eso bien, yo me daría por servido.
Mazzucato, sin embargo, propone que el Estado también contribuya a crear y orientar mercados, movilizando inversiones e innovación hacia objetivos públicos más ambiciosos.
¿Con qué recursos?
Las autoras proponen aumentar los impuestos, ya existentes y nuevos sobre patrimonio, capital o beneficios financieros. El reporte presenta opciones, pero no demuestra que sus ingresos netos alcancen para sostener la arquitectura propuesta por ellas. Tampoco habla de los efectos que podrían tener estos tributos sobre la inversión, evasión y financiamiento que, huelga decirlo, podrían ser negativos para el crecimiento económico.
Yo estoy a favor del libre mercado, lo cual no implica un Estado ausente. Requiere uno eficaz para proteger derechos, garantizar contratos, ofrecer bienes públicos, corregir externalidades negativas y evitar prácticas anticompetitivas. Mazzucato coloca la coordinación estatal en el centro del desarrollo económico sin demostrar su ventaja frente a reglas generales y competencia. En este sentido, creo que la heroína de la izquierda mexicana vino a vendernos un proyecto fantasioso. Espejitos, pues.
Leo Zuckermann
X: @leozuckermann
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