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Cuando habla el mudo

Cuando un ex presidente mexicano rompe su silencio, lo hace para responder a lo que le duele. Y algo más.

Jorge  Ramos

JORGE RAMOS

Para muchos mexicanos, sus ex presidentes son una especie aparte. Tuvieron enorme poder por seis años, y cuando lo perdieron, cayeron en desgracia. Se aíslan, se quejan con los pocos amigos que les quedan, escriben libros para tratar de influir en la manera en que se cuenta la historia y, de vez en cuando, suelen salir de su autoexilio con declaraciones, entrevistas y escritos que, inevitablemente, hacen noticia. Pero ese poder casi absoluto, que disfrutaron en Los Pinos y en Palacio Nacional, nunca se recupera.

Cuando un ex presidente mexicano rompe su silencio, lo hace para responder a lo que le duele. Y algo más.

El asesino ex presidente Gustavo Díaz Ordaz, responsable de la matanza de estudiantes en Tlatelolco en la Ciudad de México en 1968, dijo en 1977 -cuando fue nombrado embajador en España que no tenía “las manos manchadas de sangre” y que estaba “orgulloso” de “servir y salvar al país”. José López Portillo intentó justificar su fatídica frase de que defendería “el peso como un perro”, pintándose como un héroe en dos interminables tomos de sus memorias. El ex presidente Miguel de la Madrid salió a defenderse públicamente una década después del terrible terremoto de 1985 por haber respondido mal y tarde. En una entrevista con Ciro Gómez Leyva en 2025, el ex mandatario priista Enrique Peña Nieto dijo que era “absolutamente falso” el reporte de que supuestamente había recibido un soborno de 25 millones de dólares para comprar, durante su Presidencia, un equipo de espionaje. Y Felipe Calderón, el ex presidente panista, reapareció para responder a las frecuentes acusaciones del partido Morena de que su triunfo en el 2006 fue con un fraude electoral; “les gané”, le dijo a la periodista Azucena Uresti. Hay muchos más ejemplos de cuándo y cómo los ex presidentes mexicanos rompen su silencio. El más reciente es el de Andrés Manuel López Obrador, quien al cumplirse exactamente dos años de haber dejado la presidencia sacó un video de 82 minutos desde su quinta en Tabasco para promover su nuevo libro (“Pueblo”) y contestar a críticos y opositores. “No quise ser cacique, ni caudillo, ni jefe máximo, ni poder detrás del trono”, dijo AMLO. Pero su misma aparición -en un momento en que se debate su legado de extrema violencia en el país- cuestionó su supuesto alejamiento de la política.

Quizás su frase más polémica fue la de que “se acabó la corrupción, digan lo que digan” cuando Estados Unidos estaba pidiendo la extradición de una decena de funcionarios de Morena por supuestos vínculos con el narcotráfico. Y, como ya es costumbre, López Obrador volvió a arremeter contra varios periodistas que han cuestionado duramente a su sexenio y al actual Gobierno. Es el mismo AMLO de siempre, pero sin el poder absoluto.

¿Cuándo debe hablar un ex presidente? Carlos Salinas de Gortari lo tenía muy claro.

Cuando Salinas estaba exiliado en Irlanda, tras la gravísima crisis económica de 1994 y su abierta pelea con el entonces presidente Ernesto Zedillo, lo fui a buscar a Dublín para una entrevista. Me citó en un restaurante, me esperaba sentado en la mesa del fondo - para vigilar a los que entraban- y hablamos ampliamente “o§ the record” (“extraoficialmente”). Pero al final, no salió la entrevista. “Todavía no es el tiempo”, Salinas me dijo con una sonrisa. “El mudo hace noticia cuando habla”. Y salió rápido por la puerta de atrás del restaurante.

El mudo habló muchos años después, en el 2000, con motivo de la publicación de su libro “México, un paso difícil a la modernidad”. Hablamos del gigantesco fraude electoral de 1988 que lo puso en la presidencia; del asesinato del candidato Luis Donaldo Colosio (“yo fui de los que más perdieron con la muerte de Colosio”); de Raúl (el hermano incómodo); de la denuncia de que escogió a Zedillo por dedazo; y de la campaña de desprestigio que Salinas sufrió y que, según me dijo, fue una “acción concertada del estado mexicano”.

Pero más allá de los temas políticos y la polémica, había algo muy personal por lo que Salinas quería hablar: su reputación y la percepción de sus hijos. Él decía que el libro y sus declaraciones en público eran una espada y un escudo para sus hijos. “Que mis hijos vean para el futuro, y que no tengan que estar explicando a su papá; ese es el escudo”, me contó el expresidente, mucho más reflexivo. “Y la espada para que sepan que pueden llevar el nombre con dignidad y con orgullo”.

Volvimos a conversar casi una década después. Tenía otro libro, y noté que la dedicatoria era para su familia, incluyendo a su hijo menor quien apenas cumplía dos años. “Todo el mundo tiene derecho a su reputación”, me explicó, y no tuvo que decir más.

Por eso hablan los ex presidentes.

Por eso habla el mudo.

JORGE RAMOS

Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros, el más reciente es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”.