La falsa piñata y el quimérico acuerdo
Unos -inteligentes y de buena fe- sostienen que para mejorar sus prospectos, Donald Trump desatará diversas ofensivas contra diversos interlocutores, haciendo de México una piñata

Amarres
Faltan tres semanas para las elecciones de medio periodo en Estados Unidos. Son 21 días en que deberán de producirse -o no- múltiples acontecimientos que han sido pronosticados por múltiples opinadores. Unos -inteligentes y de buena fe- sostienen que para mejorar sus prospectos, Donald Trump desatará diversas ofensivas contra diversos interlocutores, haciendo de México una piñata: Según estos comentócratas, golpear a México le trae votos a los republicanos. Otros -mañosos y de mala fe, aunque no necesariamente tontos- vaticinan felices que antes del 3 de noviembre se anunciará un nuevo acuerdo comercial entre México y Estados Unidos (algunos, que no son ni tontos, ni mañosos, pero sí algo ingenuos, incluyen a Canadá). Incluiría aranceles, barreras no-arancelarias y la extensión ahora a largo plazo del T-MEC.
Sobre lo segundo, es muy posible que quienes filtran las buenas nuevas dispongan de información inaccesible para los comunes mortales. No me atrevería a contradecirlos en forma directa, pero creo que existen algunos indicios de que no todo es color de rosa. Uno: La USTR publicó ya su convocatoria para consultas y sugerencias relativas a la reconducción en el 2027 del T-MEC por un año. Podría, desde luego, cancelar dicha convocatoria en caso de un nuevo acuerdo de largo plazo. No parece evidente.
Dos: El Financial Times divulgó la semana pasada una llamada de septiembre entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump donde el norteamericano proponía/solicitaba/exigía un acuerdo entre los dos países parecido al de Corea del Sur, basado en grandes compras de gas natural de Texas por México, y grandes inversiones mexicanas en Estados Unidos. Carlos Slim lo puede hacer, pero dudo que quiera.
Tres: Se insinúa que el formato del acuerdo global consiste en el T-MEC como tal (no entiendo si con Canadá o no) más un par de cartas paralelas -como las side-letters de Clinton sobre temas ambientales y laborales en 1993- que no requerirían aprobación legislativa. No se cómo reaccionará ante esto una mayoría Demócrata en la Cámara Baja -la que cuenta- a partir de enero. Me extrañaría que se doblegara sin mayores aspavientos.
Pero todo esto proviene de la especulación. Sobre la “piñata” mexicana, sí contamos con algo de información. Aunque Donald Trump sea siempre imprevisible, insisto por enésima vez: No existe una sola encuesta que sugiera que México, o algún tema relacionado con México -migración, fentanilo, violencia- figura entre las principales preocupaciones de los votantes posibles el 3 de noviembre. Si Trump manda “extraer” a Rubén Rocha Moya, a Andy o al Peje (con todo y libro) la aguja electoral no se moverá un centímetro, ni siquiera entre su base MAGA. Tal vez lo haga, por otros motivos, pero ya sólo le quedan tres semanas.
Por mi parte, me encuentro dispuesto no sólo a reconocer mis errores si cualquiera de estos eventos se produce en el plazo estipulado. Más aún, pediré perdón por no haber atendido los análisis y las filtraciones de mis colegas, amigos y malquerientes. Ojalá se animen ellos a hacer lo mismo, si sus sesudos vaticinios no se confirman.
Jorge Castañeda
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