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Lemus: Represión y engaño

El Gobierno naranja apuesta a generar en la ciudadanía jalisciense un rechazo a los “provocadores” y al partido Morena.

Julio Hernández López

Astillero

El gobernador emecista Pablo Lemus optó por la represión, en busca de amedrentar y enmarañar la marcha ciudadana que protestó de manera masiva y vigorosa contra el agravado suministro de agua sucia y tóxica al área metropolitana de Guadalajara.

Miles de manifestantes caminaron de la Glorieta de la Minerva a la Casa Jalisco, residencia oficial de la persona gobernante de la entidad. Mantas, carteles y proclamas coreadas expresaban sin sombra de duda, en formatos verbales muy crudos, el rechazo a las políticas de los gobernantes que llevaron a dicha área metropolitana a una situación de crisis, en particular contra el actual gobernante, el atildado empresario Lemus, y su antecesor también naranja, Enrique Alfaro.

Una marcha pacífica, familias, niños. Hasta llegar a las cercanías de la residencia oficial del Gobernador, donde se escuchó con atención el pronunciamiento público de la movilización. Más adelante, vallas que fueron derribadas por el flujo de manifestantes, hasta quedar una buena parte de estos frente a la Casa Jalisco, donde una fila de policías antimotines se mostraron de inmediato dispuestos a la confrontación física, a la respuesta golpeadora ante señalamientos crudos y reproches ciudadanos, a capturar a algunos de los marchistas y “retenerlos” en la propia morada del gobernador Lemus.

En principio pareció al autor de estas líneas que los policías podrían estar deficientemente capacitados para contener los señalamientos de protesta e incluso la acción de grupos a los que de manera genérica suele mencionarse como “bloque negro”. Pero en el curso del domingo todo apuntó a una decisión político-policiaca del máximo nivel jalisciense.

El aparato de poder de Jalisco decidió provocar y confrontar a los demandantes de agua limpia y salubre, colocar la violencia como nota dominante y no la importante movilización ciudadana, atemorizar a probables participantes en futuros actos de protesta, reprimir para demostrar que la autoridad no hará más que lo que ya tiene decidido de manera unilateral y, en particular, meter cizaña al tratar de culpar, en cuentas de redes y medios de comunicación caracterizados por su oficialismo, a Morena y algunos de sus personajes más relevantes de haber “organizado la violencia”.

El Gobierno naranja apuesta a generar en la ciudadanía jalisciense un rechazo a los “provocadores” y al partido Morena. Por ello, sus cuerpos policiacos se mostraron plenamente dispuestos al choque, en posición de ataque desde un inicio, predispuestos a jalar hacia la Casa Jalisco a quien pudieron, usuarios de chorros de agua (¡qué ironía, contra demandantes de agua limpia!) y gases lacrimógenos, persecutores de manifestantes como en décadas pasadas, veloces para desaparecer ciudadanos en protesta en el Estado que es líder nacional de desapariciones.

El empresario gobernante, Lemus, creó las condiciones para que tomara cuerpo y forma esta toma de conciencia ciudadana, en función de la carencia de agua sana. Una toma de conciencia que se ha extendido al enjuiciamiento de las autoridades, de sus promesas y compromisos. No le será fácil al Gobernador imponer a sus pistolas los programas de remediación que propone, mucho menos el disfrazar la privatización del servicio con etiquetas técnicas tramposas y discursos y declaraciones mentirosas. Una buena parte de los coros y pancartas de este domingo iban en rechazo a la posibilidad de que la crisis del agua termine en un gran negocio para unos cuantos allegados al poder actual; en especial, se mencionó con insistencia la negativa a que empresas de Israel puedan entrar al “salvamento”.

Y, mientras crece el movimiento de los trabajadores del Seguro Social no controlados por su sindicato charro, al mismo tiempo que en varias ciudades, sobre todo en la capital del País, han sufrido violencia por parte de policías, sin que el Gobierno federal morenista muestre voluntad de diálogo y atención a las demandas, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López