Ante el dolor, ¿qué hace usted?
La política migratoria de Donald Trump está dejando un trauma que durará generaciones en la comunidad hispana en Estados Unidos.

Epicentro
La política migratoria de Donald Trump está dejando un trauma que durará generaciones en la comunidad hispana en Estados Unidos. Con una estrategia muchas veces violenta e indiscriminada, la Policía migratoria estadounidense está hundiendo a millones de personas en el terror cotidiano. Ahora, a tres semanas de las elecciones intermedias del 3 de noviembre, el Gobierno estadounidense ha puesto en la mira una vez más a California, el lugar donde empezó la persecución el año pasado.
No es casualidad ahora, como no lo fue entonces.
California es el Estado migrante por excelencia en Estados Unidos. Es hogar de millones de personas de origen mexicano, salvadoreño, hondureño. Los Ángeles es la segunda ciudad con más mexicanos en el planeta. La operación, que las autoridades migratorias han bautizado con el eufemismo de “Operation Safe California”, está diseñada para durar al menos un mes y medio. Empezó en el área de San Diego y ha procedido hacia el Norte, aterrorizando comunidades enteras hasta llegar al Valle Central, donde la mano de obra inmigrante es la columna vertebral de la gran industria agrícola californiana.
De acuerdo con varios reportes, la instrucción para las autoridades de migración es detener a cualquiera, sin importar sus antecedentes. Así está ocurriendo en los hechos, y la realidad desmonta una de las explicaciones preferidas de la administración Trump. No es verdad que se esté enfocando en “lo peor de lo peor”. Cada vez más, el objetivo es gente honesta, trabajadora y sin historial criminal.
Las detenciones están ocurriendo en lugares de trabajo, afuera de gasolineras, en la calle mientras los inmigrantes llevan a sus hijos a la escuela, afuera de sus viviendas. Y están ocurriendo de manera crecientemente agresiva. Hay cientos de reportes de violencia física. Abundan en redes sociales videos de niños separados de sus padres en plena calle, entre lágrimas y desesperación.
El resultado es una herida difícil de calcular. El Instituto Brookings calculó, en un estudio publicado en mayo, que al menos 205 mil niños habían experimentado la detención de su padre o su madre, entre ellos 145 mil niños estadounidenses. Al menos 22 mil niños han experimentado la detención de los dos padres al mismo tiempo. Es de suponerse que los números hoy deben ser mucho mayores.
La campaña de terror, como la ha llamado el gobernador de California, Gavin Newsom, tiene una intención evidente: No sólo detener y deportar a la mayor cantidad de inmigrantes posible, sino hacer la vida en Estados Unidos lo suficientemente inhóspita como para obligar a la comunidad inmigrante a “autodeportarse”, dejando atrás vidas honestas que han construido en el país.
¿Política pública o racismo? El perfil racial está plenamente documentado en la aplicación de las leyes migratorias contra las comunidades latinas. Las organizaciones de derechos civiles en Estados Unidos han identificado cientos de incidentes de probable perfil racial en ocho estados. En su análisis del registro oficial de la autoridad migratoria, la Universidad de California en Los Ángeles, UCLA, concluyó que más del 90% de los arrestos que ha hecho ICE, la Policía migratoria, involucran a latinos.
Como en toda catástrofe moral de esta naturaleza, las cifras no retratan con justicia el dolor humano. Quienes nos dedicamos al periodismo en Estados Unidos escuchamos de manera cotidiana las historias concretas de dolor de la comunidad.
Por eso la pregunta permanece, y adquiere una relevancia creciente para gobiernos, empresarios, actores públicos y privados: ¿Qué hacía usted mientras millones de personas trabajadoras vivían aterradas de salir a trabajar, de llevar a sus hijos a la escuela, de ir a misa o de festejar un cumpleaños en el país donde pagan impuestos e hipotecas, donde construyen familias y envían a sus hijos a la universidad, un privilegio que muchos de ellos no tuvieron?
Mexicanos tan mexicanos como usted y como yo. Centroamericanos que llevan décadas construyendo este país. Familias enteras viviendo bajo el miedo cotidiano.
Dentro de algunos años, cuando miremos hacia atrás y tratemos de entender cómo permitimos que millones de personas vivieran así, habrá una pregunta imposible de evitar: ¿Qué hacía usted?
León Krauze
@LeonKrauze
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