Entre el miedo y la esperanza
Ahora resulta que viajar dentro de los Estados Unidos es un riesgo para los latinos, para los que hablamos inglés con acento o, simplemente, para cualquiera que a la migra le parezca un extranjero.

JORGE RAMOS
Mi amigo, un destacado profesionista y ciudadano de Estados Unidos, pasó a visitarme en Miami y me contó un detalle que me impresionó. Cuando le dijo a su esposa que iba a estar en el Sur de Florida, ella le pidió que llevara consigo su pasaporte americano … por si acaso. “¿Y qué tal si te detienen los agentes de ICE?”, le preguntó. Ahora resulta que viajar dentro de los Estados Unidos es un riesgo para los latinos, para los que hablamos inglés con acento o, simplemente, para cualquiera que a la migra le parezca un extranjero.
ICE, la temida policía migratoria, ha cambiado sus tácticas para detener a inmigrantes indocumentados o que estén en proceso de legalizar su situación migratoria. Antes lo hacían de manera muy visible, agresiva y con patente abuso de autoridad. Métete en YouTube o en las redes y verás montones de ejemplos de redadas violentas y la separación de familias en Minneapolis y Los Ángeles. Pero hubo tantas protestas que tuvieron que retirarse temporalmente de las calles. Ahora lo hacen calladitos. Checan las placas de tu auto, y si en el registro sale que naciste en otro país, los agentes te detienen en una esquina solitaria. O en una gasolinera, en una lavandería y hasta saliendo del supermercado. Sé de gente que ya ni siquiera quiere llevar a los niños a la escuela o ir al banco. Y si le creemos a las estadísticas del Gobierno, cientos de miles han decidido autodeportarse para no enfrentar la humillación de ser arrestados -por nada- delante de sus hijos. ¿Cómo responderles a los niños cuando te esposan con las manos detrás de la espalda y te preguntan por qué?
Decir “Trump” no es suficiente. Más de 77 millones de personas votaron por el presidente, y Estados Unidos se ha vuelto mucho más intolerable hacia los inmigrantes. Cuerpos de policía de todo el país cooperan con ICE para detener a extranjeros, y no hay casi nadie en el mismo partido del presidente que se atreva a llevarle la contraria y decir que la crueldad nunca debe ser política de estado.
Por todo esto, Amnistía Internacional ha pedido la disolución de ICE. En un nuevo reporte, dice que “la administración [de Trump] está implementando detenciones masivas y un sistema de deportación alimentado por narrativas racistas, xenofóbicas y falsas”. La directora ejecutiva de la organización, Nadia Daar, lo puso de esta manera: “Nuestro informe documenta un escalofriante patrón de violaciones de derechos humanos en todo Estados Unidos con el fin de infundir miedo en las comunidades de personas migrantes, solicitantes de asilo y refugiadas”.
Y a pesar de todo lo anterior, los latinos seguimos creyendo en el sueño americano.
Lo sé, es increíble, pero a pesar de las persecuciones, de las injustas redadas a personas sin antecedentes penales, de las cruentas separaciones de padres e hijos, de las pérdidas de empleos, del cierre de pequeños negocios hispanos y del clima antiinmigrante, nosotros los latinos todavía creemos que las cosas van a mejorar.
Les cuento. Acabo de leer el último informe del Centro Pew. Dice que la mayoría de los latinos todavía creemos en el concepto del “sueño americano”. El 53% considera que han alcanzado el sueño americano o que están en camino de conseguirlo. Este concepto varía mucho, desde ser propietario de tu propia casa y enviar a tus hijos a la universidad hasta tener seguro médico y un dinerito para viajar. Pero el asunto central es estar convencido de que en Estados Unidos va a mejorar tu nivel de vida.
Lo que más me impresionó del estudio es la firme convicción de que cada generación vive mejor que la anterior. El 56% de los hispanos encuestados cree que su nivel de vida es superior al que tenían sus padres a la misma edad; y el 53% considera que sus hijos vivirán mejor que ellos al alcanzar su edad.
Estoy entre los optimistas. El trumpismo ha empezado a declinar. Tras la captura de Nicolás Maduro, el inicio de la guerra en Irán y la intratable inflación, los niveles de aprobación de Trump han caído a apenas un 37%. Ya no se ve tan poderoso como apareció al principio de su segundo mandato. Y sin Trump en la Casa Blanca, el 2029 será otro cantar.
Confieso que me ha tocado vivir el sueño americano. Llegué a Estados Unidos con muy poco y, en el conteo final, salgo sumando. Al igual que millones de mi generación, y de las que nos precedieron. Lo que me llama poderosamente la atención es que, a pesar de todas las dificultades y el miedo en que viven millones de latinos, todavía sigue viva la esperanza de que las cosas mejorarán.
Eso espero. Y que algún día mis amigos puedan venir a visitarme sin traer su pasaporte.
Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, director de noticias de Univision Network.
Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros, el más reciente es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”.
Jorge.Ramos@nytimes.com
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