No a la censura de Trump
Nunca me lo imaginé. He escrito varias veces sobre la censura de prensa en México, Cuba y Venezuela. Y ahora hay que hacerlo sobre los Estados Unidos de Donald Trump.

JORGE RAMOS
Nunca me lo imaginé. He escrito varias veces sobre la censura de prensa en México, Cuba y Venezuela. Y ahora hay que hacerlo sobre los Estados Unidos de Donald Trump.
En uno de sus usuales exabruptos, el presidente le prohibió la entrada a la Casa Blanca a los corresponsales de CNN, MS NOW y Politico por reportar noticias falsas (o “fake news” en inglés). Según sus propias palabras, “hay algo mal en un país que puede permitir que la gente escriba historias intencionalmente negativas; ahora, si ellos quieren escribirlas, está bien, pero no tengo por qué dejarlos entrar a mi… a la casa del pueblo”.
Trump estuvo a punto de decir “en mi casa”. En verdad, no lo es, y nunca lo ha sido. La Casa Blanca es de los estadounidenses, no de Trump. Y esa es una de las razones por las que un juez le ordenó a Trump levantar su prohibición y dejar entrar, nuevamente, a los corresponsales de medios de comunicación que cuestionan el poder.
Aunque el argumento central es que prohibirle la entrada a la prensa a un lugar público es una violación de la Primera Enmienda de la Constitución, que protege el derecho a la libertad de expresión. El Departamento de Justicia había dicho que entrar a la Casa Blanca era un privilegio, no un derecho. Pero el juez no estuvo de acuerdo, y Trump, luego de hacer otro berrinche y resistir la entrada de los reporteros por casi doce horas, los dejó finalmente entrar.
Esta historia tiene también una lección de solidaridad. Tras la censura de Trump, otros reporteros de la Casa Blanca se negaron a filmar y a fotografiar los actos del presidente. Así, por ejemplo, varios momentos de la visita de Xi Jinping, el presidente chino, a Washington, D.C. quedaron sin cobertura periodística en Estados Unidos. Para compensar ese vacío, el presidente, en otro berrinche más, se inventó una cadena de streaming llamada Trump TV, pero pocos saben encontrarla, y no tiene el alcance tradicional y digital del conjunto de los otros medios de comunicación.
No es la primera vez que Trump usa la fuerza para tratar de callar a la prensa. En agosto del 2015, cuando Trump era candidato presidencial, me sacó de una conferencia de prensa con un guardaespaldas luego de que le hice varias preguntas incómodas. Dijo que no era mi turno. En realidad, ya eran las señales de un líder autoritario. Y a quien preguntara le dije que Trump era un peligro para la libertad de prensa y para la democracia. Pocos me hicieron caso. En este 2026, su arrogancia y abuso de autoridad solo han aumentado con el puesto y con la casa en que vive.
La burda censura de Trump se parece mucho a lo que hacen los dictadores en otras partes del mundo. Prohibirle la entrada a la prensa, insultar y atacar públicamente a los reporteros que hacen preguntas no pautadas y desacreditar a un medio de comunicación ante un cuestionamiento duro, son las normas de los que están inflados de poder. Hugo Chávez y Fidel Castro eran maestros en atacar a quien los retaba en público. Y Nicolás Maduro lo llevó al extremo en Venezuela cuando nos robó las cámaras y las tarjetas de video luego de una entrevista que no le gustó en el Palacio de Miraflores. Otros sólo hablan con quien los alaba, y les dan las preguntas por adelantado.
Lo que está ocurriendo en Estados Unidos con Trump me duele particularmente, no sólo porque soy un inmigrante, sino porque cuando yo llegué a este país el 2 de enero de 1983, creí que llegaba a una tierra donde no se valía censurar. Venía de un México que no era una democracia, y donde la censura de prensa prevalecía en casi todos los medios. Y no quería ser un periodista censurado. Por eso me fui. (La historia es más larga, pero, por ahora, dejémosla aquí.)
Tras aterrizar en Los Ángeles me compré una televisión chiquitita, en blanco y negro, y ahí veía con emoción cómo los periodistas estadounidenses atacaban al entonces presidente Ronald Reagan … y no pasaba nada. Ni los censuraban, ni perdían su trabajo, ni los metían en la cárcel y ni los desaparecían. Fue ahí cuando dije: Yo quiero vivir en este país, donde me dejan decir lo que quiera.
Así ha sido por más de cuatro décadas, primero en la televisión, y ahora en dos podcasts, esta columna y las redes sociales. Pero Trump ha complicado enormemente nuestro trabajo. No solo por sus injustos ataques públicos a reporteros con nombre y apellido sino también al ambiente de suma tensión que existe frente a los que se atreven a cuestionarlo y criticarlo.
Y, sin embargo, aquí seguimos.
Es, quizás, mi alma de inmigrante, pero estoy convencido de que la libertad de prensa y la democracia son mucho más fuertes que un solo hombre y que, al final de cuentas, el 20 de enero del 2029, vamos a prevalecer en Estados Unidos los que nos oponemos a la censura y a las tendencias autoritarias.
“No” es la palabra más fuerte que existe en cualquier idioma. Y Trump ya lo sabe.
JORGE RAMOS
Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros, el más reciente es “A Country for All: An Immigrant Manifesto.
Jorge.Ramos@nytimes.com
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados