Otro engaño, ahora reconocido, del lopezobradorismo
En campaña, AMLO nos engañó. Él sabía perfectamente que su proyecto pasaba por reformar profundamente la Carta Magna.

Juegos de poder
El domingo, la Presidenta dijo: “Hoy tenemos una nueva Constitución, una norma fundamental, acorde con los tiempos de la Cuarta Transformación de la vida pública de México”. Es el reconocimiento de un engaño. En este caso, del fundador de Morena, el ex presidente López Obrador.
En mayo de 2018, en plena campaña electoral, AMLO vino a Tercer Grado. Yo le pregunté si su propuesta de “Cuarta Transformación” implicaría la redacción de una nueva Constitución. Y es que las otras tres transformaciones históricas -la Independencia, Reforma y Revolución- todas habían terminado precisamente con una nueva Carta Magna (las de 1824, 1857 y 1917, respectivamente). El candidato respondió él no pensaba que se requería algo así y abundó: En caso de ganar, no promovería ninguna enmienda constitucional durante sus tres primeros años de mandato; según él, las leyes en el país estaban bien, sólo había que aplicarlas.
Ocho años después, la segunda Presidenta del lopezobradorismo presume lo contrario: Hoy tenemos una nueva Constitución.
Nos engañaron porque, aunque sigue vigente la Carta Magna de 1917, ésta sí se enmendó en serio.
Durante el sexenio de AMLO se expidieron 26 decretos de reformas constitucionales. En lo que va del periodo de Sheinbaum, 19 más, para un total de 45.
En términos de artículos constitucionales modificados, hubo 96 cambios con AMLO en 54 artículos distintos (algunos como el 4º, 35, e73 o 123 se alteraron varias veces). Desde el primero de octubre de 2024 hasta el tres de marzo de 2026, ya con Sheinbaum, se modificaron muchos de esos artículos y se incorporaron otros. Acumulando ambos periodos y eliminando duplicados, desde diciembre de 2018 se reformaron 68 artículos distintos de los 136 de la Constitución. Es decir, en poco más de siete años se reformó el 50% del articulado constitucional.
Esto en términos de cantidad, pero también importa, y mucho, la calidad, es decir los cambios en la arquitectura del Estado, distribución del poder y/o los derechos constitucionales.
Si lo vemos así, tuvimos enmiendas de gran calado como la Judicial que aniquiló la independencia de este Poder; la improcedencia de controversias constitucionales, acciones de inconstitucionalidad y amparos contra adiciones o reformas a la Constitución; la militarización de la seguridad pública; la eliminación/reconfiguración de diversos organismos constitucionales autónomos como INAI, Cofece e IFT; el regreso del monopolio estatista en electricidad y petróleo; la incorporación como derechos constitucionales de las pensiones no contributivas para adultos mayores, apoyos para personas con discapacidad y becas; el reconocimiento de derechos especiales a pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas; la contrarreforma educativa; la introducción de la revocación del mandato y nuevas reglas de democracia directa; la ampliación del catálogo de delitos para la prisión preventiva oficiosa; la prohibición de condonaciones fiscales y la reducción gradual de la jornada laboral.
Si las tuviéramos que resumir en tres grandes rubros, esta nueva Constitución reconcentró el poder del Estado en el Ejecutivo federal, expandió las obligaciones sociales del gasto gubernamental y otorgó mayores facultades coercitivas a militares en seguridad pública.
Las reformas de mayor calado se hicieron en este sexenio porque, a diferencia del pasado, Morena y sus aliados no contaban con mayoría calificada para enmendar la Carta Magna. Aquí entra otro punto polémico: Con un poco más de la mitad de los votos, la 4T obtuvo la mayoría calificada de dos terceras partes del Congreso para reformar la Constitución.
En 2024, Morena, PT y PVEM obtuvieron alrededor de 54% de la votación, pero la aplicación de las reglas por partido -y no a la coalición en su conjunto- les permitió alcanzar cerca de 73% de la Cámara de Diputados y el 65% del Senado (a-posteriori compraron tres senadores de oposición para lograr la mayoría calificada). Todo esto con el vergonzoso respaldo de los árbitros electorales (INE y Tepjf).
En campaña, AMLO nos engañó. Él sabía perfectamente que su proyecto pasaba por reformar profundamente la Carta Magna. A lo largo de su sexenio, fue moviendo las piezas para lograrlo. En 2024, gracias a la sobrerrepresentación, finalmente obtuvo la mayoría calificada que le permitió acelerar las enmiendas constitucionales. Hoy tenemos una nueva norma fundamental que será muy difícil de revertir. Con todo y engaño, la 4T logró su objetivo.
Por cierto, cuando vino Sheinbaum a Tercer Grado como candidata presidencial, le pregunté si promovería una reforma tributaria para enfrentar los crecientes gastos del Estado. Me respondió que no. ¿Ella sí cumplirá?
Leo Zuckermann
X: @leozuckermann
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