Ratones con cerebro humano
Un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford (California, EE.UU.) trasplantaron millones de células cerebrales humanas cultivadas en laboratorio en el cerebro de ratones genéticamente modificados.

¡No es broma! Un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford (California, EE.UU.) trasplantaron millones de células cerebrales humanas cultivadas en laboratorio en el cerebro de ratones genéticamente modificados cuya corteza cerebral era incompleta, con el propósito de buscar una alternativa para el tratamiento de algunas enfermedades neurológicas, como por ejemplo la enfermedad de Parkinson.
Los detalles fueron publicados el pasado día 16 de de septiembre. (https://doi.org/10.1038/d41586-026-02912-8).
Sucedió que las neuronas humanas comenzaron a echar redes y conexiones con las neuronas de los ratones. Por razones lógicas el experimento fue celosamente observado y vigilado por expertos en ética toda vez que pudiesen resultar respuestas insospechadas en el ratón que podrían provocar un serio desconcierto; bien dijo una observadora del estudio que el experimento no era nomás de consideración sino de preocupación.
La implantación de células cerebrales humanas en el cerebro del ratón resulta lógicamente un ambiente más natural para observar la formación de circuitos cerebrales que haberlas puesto en un recipiente de laboratorio. Una vez lograda la vinculación entre las células de ambos orígenes en el cerebro del animal, pudieron observarse las respuestas o resultados del procedimiento aunque sin dejar de tener en cuenta que las células cerebrales del ratón se desarrollan a una velocidad 20 veces mayor que las células humanas, lo que supone un desfasamiento temporal entre ambos tejidos y, por otro lado, también considerar que la expectativa de vida de los ratones es, lógicamente, mucho menor que la del ser humano.
Aun así hubo resultados sorprendentes que los autores tuvieron la oportunidad de observar, entre otros, que los ratones mostraron una notable capacidad de adaptación de sus cerebros, hecho sorprendente pues en principio era de esperarse que en un ratón desprovisto de buena parte de su corteza cerebral la regulación de sus funciones cerebrales superiores no fuera suficiente como para desempeñar tareas complejas, sin embargo esos ratones pudieron desarrollar estrategias alternativas que les permitieron adaptarse.
Los ratones con su cerebro enriquecido de esta manera, tuvieron mejor desempeño en tareas que requieren memoria y también en la interacción con otros ratones.
Uno de los autores indicó que “muchos de los déficits que presentaban los ratones con un cerebro incompleto ya no estuvieron presentes en el animal tiempo después del trasplante” lo que hace suponer que las células de la corteza cerebral humana implantada en ellos contribuyó a restaurar algunas funciones previamente ausentes.
Lo técnicamente importante del resultado del estudio es que resultaron diferencias palpables entre los ratones con células cerebrales humanas y los ratones normales no modificados.
Entre tales diferencias se vio, por ejemplo, que los ratones con células cerebrales humanas tuvieron cierta dificultad para caminar cuando sus cerebros eran sometidos a falta de oxígeno, lo cual no ocurre en los ratones normales porque su cerebro resiste una baja concentración de oxígeno.
Este hecho de observación es más parecido a lo que ocurre en el ser humano lo cual sugiere que los ratones modificados con células cerebrales humanas podrían ser modelos útiles para el estudio de enfermedades neurológicas vinculadas a la falta de oxígeno como la parálisis cerebral, la discapacidad intelectual y otras.
Además, hay que subrayar que en este experimento se eliminaron 14 millones de neuronas del ratón y se les implantaron sólo 4 millones de neuronas humanas: ¿Qué pasará si se trasplantan muchas más neuronas humanas en ratones… o en primates? ¿Habrá quienes propongan darles un trato de mejor consideración a los animales de “cerebro enriquecido”? El escenario es gris, y sí, también preocupante. El grupo de investigadores quedaron inquietos y esperan ahora que la sociedad se pronuncie al respecto.
Precisamente por eso escogí este material para hoy. Más de una vez ha sucedido que los buenos propósitos que animaron un estudio científico fueron remplazados por otros para una utilización impropia, no ética, aunque a veces engañosamente bella.
Jesús Canale
Médico cardiólogo por la UNAM.
Maestría en Bioética.
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