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El curioso caso de María Elvira Salazar

La lealtad ciega a Donald Trump, requisito indispensable en el Partido Republicano, ha dejado en una posición incómoda a muchos congresistas que están peleando por su vida política rumbo a las elecciones

León Krauze

Epicentro

La lealtad ciega a Donald Trump, requisito indispensable en el Partido Republicano, ha dejado en una posición incómoda a muchos congresistas que están peleando por su vida política rumbo a las elecciones de noviembre. Los congresistas latinos enfrentan una prueba complicada.

Primero han tenido que explicar su respaldo a políticas económicas de Trump que han complicado el poder adquisitivo de sus constituyentes, muchos de los cuales creyeron que la segunda presidencia trumpista derivaría en una economía próspera. Ese ya sería un reto complejo. Pero hay un tema que presenta un desafío moral de otra índole: La migración.

Aunque no es el único, el caso más relevante es Florida. Trump ganó el Estado en 2024 por más de 13 puntos porcentuales. Hasta antes de la llegada de Trump, Florida había sido un Estado bisagra. El triunfo arrollador de 2024 parecía augurar un dominio republicano por generaciones.

Dos años lo han cambiado todo. El frenesí antiinmigrante de la segunda administración Trump arrasó el Estado. El gobernador republicano Ron DeSantis impulsó medidas para ampliar la participación de las autoridades estatales y locales en la aplicación de las leyes federales de inmigración y alentó el establecimiento de “Alligator Alcatraz”, quizá el más infame de los centros de detención migratoria de estos años.

Las redadas y detenciones migratorias han afectado a comunidades que quizá se suponían inmunes, como las diásporas venezolana y cubana. Las dos respaldaron a Trump en 2024, a pesar de que había prometido una campaña de deportaciones masivas. Algunos de esos votantes quizá imaginaron que esas políticas afectarían a millones de inmigrantes, pero nunca a ellos. Si fue así, fue un cálculo equivocado y mezquino.

Pero la ingenuidad no ha sido exclusiva de los votantes.

Tal vez partiendo del mismo entendido, varios congresistas latinos de Florida prefirieron permanecer mayormente callados o avalar políticas migratorias punitivas.

Mientras tanto, las consecuencias del desenfreno punitivo han ido creciendo. El temor se ha apoderado de comunidades enteras en el Sur de Florida. Como ha ocurrido durante años en comunidades mexicanas y centroamericanas en el Suroeste del país, lugares como Doral ahora aparecen desiertos ante el temor a la presencia de las autoridades migratorias. Comerciantes de la ciudad han reportado caídas dramáticas en sus ventas porque clientes y trabajadores tienen miedo de salir.

El hartazgo es tal que las encuestas sugieren que algunos de esos congresistas republicanos están en riesgo de perder sus escaños en el Congreso dentro de unas semanas. El caso más interesante es el de la congresista María Elvira Salazar, que aparece empatada en las encuestas con su rival demócrata en un distrito que ganó por mucho hace dos años. Una comunicadora hábil, Salazar está tratando de hacer lo imposible: Desmarcarse de las políticas agresivas de Donald Trump que han hundido a sus constituyentes en el temor y la zozobra. En un video publicado hace unos días, grabado frente a la Casa Blanca, Salazar trató de poner distancia.

Es una vuelta en U producto del pánico, un gesto simbólico que es insuficiente y posiblemente llega demasiado tarde. Salazar, como varios de sus colegas republicanos en Florida y más allá, tuvo oportunidad de resistir los embates de la maquinaria construida por Trump. Pudieron haber denunciado enfáticamente los centros de detención, manifestado su reprobación ante la conducta de ICE o resistido desde el Congreso. Pudo haber demostrado, antes de la alarma por las encuestas, dónde estaba realmente su prioridad: En la angustia de sus representados o en el cuidado de su futuro político.

Ella y sus colegas prefirieron constantemente lo segundo.

La pregunta ahora es si los votantes del Sur de Florida les creerán. De la respuesta en el distrito de Salazar y varios más en el país depende el futuro de la Cámara de Representantes y de la lección moral de los tiempos.

León Krauze

@LeonKrauze