El “Grito” con una sola fórmula
Lo que quiero proponer es que la arenga del Grito del 15 de septiembre se sujete a una fórmula solemne, a fin de evitar que esa proclama quede sometida al caprichoso arbitrio de presidentes de la República, gobernadores y alcaldes, que la componen y descomponen a su antojo

De política y cosas peores
Afrodisio Pitongo, galán concupiscente, obtuvo de Dulciflor, muchacha ingenua, la dación del íntimo tesoro de su doncellez. Al terminar el trance la joven le dijo a su labioso seductor: “Te he entregado mi virginidad. ¿Qué puedo esperar de ti?”. Aventuró el cínico sujeto: “¿Un recibo?”. (Desgraciado). Al volver de la reunión de parejas doña Jodoncia le comentó a su marido: “Qué mal educada es Panetela. Bostezaba continuamente mientras yo estaba hablando”. Don Martiriano se atrevió a aclarar: “No estaba bostezando. Abría la boca para tratar de decir algo”. El empleado de la ventanilla le preguntó a la mujer: “¿Su nombre?”. Respondió ella: “Clorentina Patané”. El empleado se volvió hacia el hombre: “¿Y el suyo?”. Contestó el tipo: “Loretelo Patané”. Inquirió el de la ventanilla: “¿Alguna relación?”. Replicó la mujer: “No últimamente”. En el Bar Ahúnda un borracho lanzaba gritos de borracho. Le dijo al cantinero: “Estoy celebrando el Día de la Independencia”. Acotó el barman: “El Día de la Independencia ya pasó”. “De mi independencia -precisó el beodo-. Mi mujer se fue de la casa”. No me gusta hacer propuestas. Las que hago son pospuestas, o no obtienen respuesta. Una hice, sin embargo, la más importante de mi vida, y venturosamente fue aceptada. Hablo de aquella en la cual le propuse matrimonio a la amada eterna una semana después de haberla conocido. Fue en el inolvidable Café Tena, de Saltillo, con una malteada ella -tenía 17 años- y un café yo, de 24. Me aceptó, increíblemente, y el Misterio hizo que esa hermosísima mujer de alma de luz y amoroso corazón embelleciera ni vida, y la iluminara, durante 60 años. Sin ella he caminado a tientas los demás. Pero advierto que he tomado un rumbo muy distinto. Lo que quiero proponer es que la arenga del Grito del 15 de septiembre se sujete a una fórmula solemne, a fin de evitar que esa proclama quede sometida al caprichoso arbitrio de presidentes de la República, gobernadores y alcaldes, que la componen y descomponen a su antojo, según la coyuntura política del tiempo o sus preferencias personales. En cierto pueblo el alcalde recién llegado al cargo dio el Grito ante una multitud entusiasmada. Sus vítores a los héroes de la Independencia fueron coreados por clamorosos vivas. El fervor de la muchedumbre era tal que el munícipe añadió a los próceres de la insurgencia los de la Reforma, y luego los de la Revolución. A cada nombre seguía un “¡Viva!” más y más fervoroso. Prosiguió el edil con Cárdenas y Alemán. Se volvió luego hacia el secretario del Ayuntamiento y le pidió con urgencia: “¡Échame más, cab…! ¡La raza está caliente!”. La ceremonia del Grito, y el Grito mismo, no deben obedecer a circunstancias de ocasión o eventualidades pasajeras, sino a un homenaje entusiasmado, pero respetuoso, a los héroes que nos dieron Patria en los términos de la tradición. Lo demás es política. Dije mal: Es politiquería, demagogia, oportunismo. Aun así, por sobre todas las cosas, y siempre, ¡Viva México!... En compañía de los salvajes el famoso explorador Burtonio daba vueltas en una frenética danza en torno del palo al que estaban atadas su mujer y su suegra. Le dijo ésta a su hija: “Ya no me cabe ninguna duda: Tu marido es un traidor”. La esposa del dueño del restaurante le sugirió: “Si le pones un nombre francés a la sopa de huitlacoche podrás subirle el precio”... Al regreso de la escuela Pepito les dijo a sus papás: “La clase de Biología estuvo hoy muy interesante. Y una cosa les voy a decir: Si siguen creyendo eso de las abejitas, los pajaritos y las florecitas, se van a llevar una sorpresa muy grande”. FIN.
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