El odio y Carín León
Hoy es Carín León. Mañana será otro. Sin duda Carín se equivocó. El dio la cara y explicó por qué canceló su concierto. Pero eso no opaca todo lo que él hace por Sonora como ningún otro. Necesitamos

Vivimos en plena época del odio y donde la verdad ya no importa. Si alguien se equivoca, hay que hacerlo pedazos. Y si es personaje público, político, artístico, periodista, hay que patearlo si se cae. No tiene derecho a equivocarse nadie. Es una especie de enfermedad de perfeccionismo que está infectando a cada usuario de las redes sociales que se dedican a esto: Impulsar campañas de odio. Unas orquestadas por políticos. Otras por grupos de interés. Gobiernos. Sólo basta echar a la hoguera pública a alguien para que empiece la crítica sistemática. No importa lo bueno, su aportación a la sociedad, sus esfuerzos y resultados positivos. Y está de moda: “Publícalo, la verdad no importa”. Y si es dañar, difamar, golpear, está justificado.
Hoy es Carín León. Mañana será otro. Sin duda Carín se equivocó. El dio la cara y explicó por qué canceló su concierto. Pero eso no opaca todo lo que él hace por Sonora como ningún otro. Necesitamos
una figura como él para seguir promoviendo al Estado.
Es verdad: Quienes viajaron, pagaron avión, hotel y boletos tienen derecho a estar molestos. Cuando miles de personas dependen de que llegues a un escenario, la previsión también es parte de tu responsabilidad.
Pero, ¿un error basta para olvidar todo lo demás?
Porque Carín no es cualquier artista para Hermosillo. Como lo mencionó Marco Paz Pellat con Priscila Cárdenas en La Voz Del Pitic 88.1 FM: “Pensemos cuánto tendría que gastar Hermosillo para lograr que millones de personas en México y Estados Unidos escucharan constantemente el nombre de nuestra ciudad. Carín lo ha hecho durante años, sin cobrarle un peso a Hermosillo. En entrevistas, conciertos, premios y grandes escenarios ha hecho de su origen parte de su identidad. ¿Cuánto vale eso para una ciudad? Difícilmente lo podría comprar una campaña publicitaria. Y cuando triunfa, nosotros decimos orgullosos: “Es de Hermosillo. Es uno de los nuestros”. Pero ante un error, algunos pasaron en unas horas del orgullo al insulto; del aplauso a la condena. Y entonces vale preguntarnos: ¿Qué tan tolerantes somos con el error?”.
La semana pasada escribí en este mismo espacio que Carín León era el embajador de Sonora ante el mundo y no estábamos dimensionado lo que hace. Hoy lo reitero. No se vale estar sólo en las buenas. Aplaudimos y sentimos orgullo cuando nos menciona como Hermosillo en sus conciertos. Eso es muy fácil de sentir. Hay que estar también en las malas. Y esto no opaca ni quita todo el amor que este artista mundial de El Sahuaro hace por Sonora. No se vale el odio desplegado contra Carín. Queda claro que debe aprender la lección: No moverse del lugar de los conciertos, ser más convincentes en sus respuestas, apoyarse de un buen asesor de comunicación y reponer el daño a los afectados.
Como lo señala el doctor Fred Luskin, director del Proyecto del Perdón en la Universidad de Stanford, el odio siempre está relacionado con dolores que cargamos en el pasado. “Quien alberga falta de perdón suele echar humo. Muestra un constante estado de irritación, frustración y hostilidad. Gastan un dólar de energía por cada problema de dos centavos que aparezca”, dice el doctor Don Colbert en “Emociones que Matan”, libro que recoge el estudio de Luskin. Así estamos hoy. Basta recorrer los comentarios en las redes sociales para darse cuenta. Habrá que ir pensando cómo las universidades pudieran meterse más en estos temas para impulsar la reconciliación pública con estos ejercicios que ya hacen en otros países. De la política no se puede esperar. Viene 2027 y el odio será la bandera de presentación en campañas.
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