Sede de torneo mundial
Saltillo, la capital de Estado más segura de México, la más competitiva y una de las cinco ciudades del País donde se vive mejor.

De política y cosas peores
Uno de los mesteres que mejor domino es la imprudencia. En cierta ocasión incurrí en una enorme. Subí yo solo al alto cerro llamado Coahuilón. Audaz explorador a la manera de Livingstone o Burton, iba en busca de las fuentes del manantial que baja de la cumbre. Me perdí en el bosque. Cayó la noche sin que encontrara el camino de regreso. Había peligro: Allá arriba las noches son de hielo, y no llevaba yo ropa de abrigo. En eso, sin más cobertura que la de las sombras de la noche, vi abajo y lejos una luz. Guiado por su resplandor hice el descenso. Tardé tres horas en llegar al rancho y abrazar a quien hizo encender la gran hoguera cuya luz me guió. Fue María de la Luz, la amada eterna. Siempre me condujo por la vida, e incontables veces me salvó de mí mismo. A Babalucas, otro imprudente como yo, le sucedió algo parecido. También fue solo al bosque, y se extravió. Narró después: “Alguien me había dicho que si me perdía disparara al aire tres veces. Eso serviría para que me encontraran. Lo hice, y no sirvió de nada. Al cabo de media hora volví a disparar al aire otras tres veces, y lo mismo: Nada”. Alguien le preguntó: “¿Por qué no seguiste disparando?”. Contestó Babalucas: “Porque se me acabaron las flechas”. El tonto roque debió haberse encomendado a San Huberto, patrono celestial de los arqueros. Siendo muy joven persiguió a un ciervo para darle caza. El venado se le volvió, y entre sus astas vio Huberto el signo de la cruz. Se hizo clérigo, y llegó a obispo. No hay constancia de que le haya dado las gracias al ciervo. Todo esto viene a cuento porque mi amadísima ciudad, Saltillo, fue escogida como sede para la final del Torneo Mundial de Arquería, luego de que las etapas preliminares de esa justa se llevaron a cabo en importantes ciudades de varios continentes. He ahí un motivo más de orgullo entre los muchos que distinguen a Saltillo, la capital de Estado más segura de México, la más competitiva y una de las cinco ciudades del País donde se vive mejor. Coahuila es igualmente el Estado más seguro de la República, según datos del Inegi. No estoy presumiendo: Estoy solamente describiendo la realidad, y reconociendo la labor conjunta del gobernador Manolo Jiménez Salinas y del alcalde Javier Díaz González, gracias a cuyos esfuerzos, coordinados con el Ejército, la Marina, la Guardia Nacional y las corporaciones policíacas locales, los saltillenses podemos vivir en una ciudad no sólo bella y rica en tradiciones, sino también pacífica, segura y ordenada. Mis cuatro lectores me dirán si eso no es para agradecerse. La señorita Crásida, entrada en carnes y salida en pliegues que por todos lados le asomaban, sostenía en una mano una hamburguesa, y en la otra una gran rebanada de pizza. Explicó: “Es que mi nutrióloga me recomendó una dieta balanceada”. Doña Macalota sospechaba que su esposo, don Chinguetas, iba todas las noches a cierto antro de dudosa fama, y que ahí, o luego de salir de ahí, buscaba compañía femenina de fama aún más dudosa. A fin de sorprenderlo en su ilícita conducta se puso una peluca platinada, vistió ropas de escándalo y se maquilló como muñeca japonesa a fin de no ser reconocida por su cónyuge. Cuando éste salió le dijo doña Macalota: “Vamos, güero. Tengo radio”. Había oído decir que esa expresión usaban las meretrices para allegarse clientes. Y era cierto, pero la usaban las de los años cuarenta del pasado siglo. La vio don Chinguetas y le dijo: “Ni loco voy contigo. Me recuerdas mucho a mi mujer”. Decía una linda chica: “Siempre me meto a la cama a las 11:00 de la noche. Así puedo estar en mi casa antes de la 1:00 de la mañana”. FIN.
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