2027: CSP se juega la segunda mitad del sexenio
Faltan casi nueve meses. Morena tiene que demostrar que puede conservar lo ganado, la oposición que todavía sabe ganar elecciones y el INE que puede recuperar la credibilidad que perdió.

EDUARDO RUIZ-HEALY
Ayer comenzó el Proceso Electoral Federal 2026-2027. La jornada electoral será el 6 de junio y se renovarán las 500 diputaciones federales, 300 de mayoría relativa y 200 plurinominales. Después vendrán los cómputos, las declaraciones de validez y las impugnaciones que, en su caso, resolverá el Tribunal Electoral. Lo importante es que de los resultados dependerá en buena medida cuánto poder tendrá la presidenta Claudia Sheinbaum durante los últimos tres años de su Gobierno. Conservar la mayoría calificada le permitirá seguir modificando la Constitución sin necesitar los votos de la oposición; perderla obligaría a negociar.
Hay un antecedente que no debe olvidarse. En 2024, Morena, PVEM y PT obtuvieron alrededor de 54% de los votos y se quedaron con 364 diputaciones, 72.8% de la Cámara. Esto fue posible porque el Instituto Nacional Electoral (INE) decidió aplicar a cada partido, y no a la coalición, el límite constitucional de ocho puntos de sobrerrepresentación. El Tribunal Electoral ratificó la decisión. Fue muy cuestionada y, a mi juicio, dañó la credibilidad que ambas instituciones habían ganado durante años.
Pero tampoco puede explicarse la derrota de la oposición por lo que hicieron el INE y el Tribunal. Morena y sus aliados ganaron 256 de los 300 distritos, 85.3% del total: 219 en coalición y 37 Morena solo. Sus adversarios únicamente 44. Si PAN, PRI y Movimiento Ciudadano quieren impedir que el oficialismo conserve la mayoría calificada tendrán que hacer algo bastante más complicado que protestar: Ganar muchos de los distritos que perdieron en 2024.
Y no sólo se disputará la Cámara. Estarán en juego 17 gubernaturas que mostrarán si Morena mantiene el dominio territorial que construyó desde 2018 o si sus adversarios empiezan a revertirlo. Gobernar un Estado significa también disponer de estructura política, presencia municipal y capacidad para movilizar electores. Los resultados colocarán además a gobernadores, dirigentes y aspirantes en posiciones desde las cuales empezarán a moverse rumbo a 2030. La sucesión presidencial estará todavía lejos, pero algunos empezarán a correr.
El INE tampoco llega bien al proceso. Claudia Arlett Espino renunció el miércoles como secretaria ejecutiva, el principal cargo operativo del Instituto, apenas un día antes del arranque. Alegó problemas de salud y las exigencias de organizar la elección. Su designación había sido polémica. Guadalupe Taddei tardó 19 meses y varios intentos para lograr que el puesto dejara de estar ocupado por encargados. Espino fue finalmente designada en noviembre de 2024 por 10 votos contra uno, pese a cuestionamientos derivados de su gestión en el Instituto Electoral de Chihuahua. Roberto Carlos Félix López quedó como encargado y las diferencias entre consejeros continúan.
También está el dinero. El INE solicitó 47,700 millones de pesos, incluidos recursos para partidos y una partida precautoria. Hacienda propuso 42,274 millones y la Cámara todavía puede reducirlos. Habrá que distinguir entre quitar excesos y quitarle al Instituto recursos necesarios para hacer bien su trabajo.
Faltan casi nueve meses. Morena tiene que demostrar que puede conservar lo ganado, la oposición que todavía sabe ganar elecciones y el INE que puede recuperar la credibilidad que perdió.
EDUARDO RUIZ-HEALY
@ruizhealy
ruizhealytimes.com
Eduardo Ruiz- Healy es periodista de radio y televisión.
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