La dictadura en Cuba
Es vergonzoso que la presidenta Sheinbaum apoye, dizque por razones humanitarias, a ese Gobierno dictatorial, totalitario, que tiene aherrojada a Cuba.

De política y cosas peores
Julieta le reprochó a Romeo: “Está bien que todavía no se haya inventado la televisión, pero no por eso quieras estar toda la noche a duro y dale”. Hemos oído hablar de Meñico Maldotado. Es un joven varón con quien natura se mostró avarienta al repartir entre los hombres los dones de entrepierna. No obstante esa minusvalía contrajo matrimonio con una pizpireta chica llamada Dulciflor, quien según todas las evidencias era sabidora de algunas cosas de la vida. La noche de las nupcias Meñico dejó caer la bata de popelina verde con jirafitas rojas que su mamá le había confeccionado para la ocasión. Dulciflor contempló la exigüidad de su flamante esposo y declaró en seguida: “Bueno, ahora ya no me va a dar pena no saber cocinar”. Es cierto: Cuba fue durante muchos años el burdel y garito de Estados Unidos. El cine, mejor espejo de la realidad que la Historia, presentó esa verdad en “El Padrino”, de Francis Ford Coppola. Efectivamente, la bella isla era una dependencia americana después de haber sido por siglos posesión de España. Sigue siendo colonia todavía. Lo es desde que la revolución castrista instauró una tiranía peor, más opresiva que la de Batista. El despótico régimen establecido por Castro detenta el poder hasta hoy, y causa penalidades de todo orden al oprimido pueblo cubano. Es vergonzoso que la presidenta Sheinbaum apoye, dizque por razones humanitarias, a ese Gobierno dictatorial, totalitario, que tiene aherrojada a Cuba. Cuando Humberto Moreira fue gobernador de Coahuila me invitó varias veces a ir a la Isla. Me comentó que don Eusebio Leal, cronista de La Habana, escritor e historiador de mérito, sabía de mi labor y deseaba conocerme. El Gobernador me pidió que fuera a Cuba a dar una conferencia, ocasión que serviría para presentarme a don Eusebio. Sentía y siento afecto por Humberto Moreira. Nunca dejaré de expresarle mi reconocimiento por la amistad que me brindó, a la que siempre corresponderé, pues no soy hombre ingrato ni de cambiantes sentimientos. Aun así hube de declinar su invitación. Le manifesté que mientras la dictadura castrista estuviera en el poder me abstendría de ir a Cuba, no obstante el aprecio que por muchos y muy variados motivos guardo para esa desventurada nación y su abnegado pueblo. He cumplido mi promesa, lo mismo que la de no ir a Estados Unidos en el tiempo que el hotentote Trump esté en la Casa Blanca. En tanto siga viva la nefasta herencia dejada por esos criminales que fueron Fidel Castro y el tal Che, asesinos no sólo de hombres, sino también de libertades; mientras sobreviva el castrismo en Cuba, digo, no pondré un pie en la Isla, y menos aún los dos. No me gusta visitar campos de concentración. Capronio es un sujeto ruin y desconsiderado. Dicho de mejor manera, es un tipo que no tiene mad... Le contó a un amigo: “Mi esposa cumple años mañana, y le tengo preparado un regalo sorpresa”. “¿De veras?” -se interesó el amigo. “Sí -confirmó Capronio-. Le hice creer que voy a regalarle un coche, y le voy a dar una plancha”. (Cab…). Pese a sus años, que eran ya bastantes, don Pitorelo no había perdido el gusto por la dulce pasta femenina. Solía decir: “Lo que como y lo con ge, eso es todo lo que sé”. Anoche tuvo coición carnal con una fémina de cuerpo complaciente, y hoy por la mañana acudió a confesarse, pues una confesión lo deja limpio de pecado y en aptitud de cometer otro. Dice: El que peca y reza empata. Don Arsilio, el párroco del pueblo, le impuso como penitencia rezar 20 padrenuestros. “Que sean 10, señor cura -pidió don Pitorelo-. La mujer no estaba tan buena”. FIN.
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