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25 años de un evento histórico

¿Qué podemos decir a 25 años de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001?

Leo Zuckermann

Juegos de poder

¿Qué podemos decir a 25 años de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001?

Conozco bien el lugar. Viví casi cinco años en Nueva York. Solía visitar el World Trade Center. Debajo de las Torres Gemelas había unas banquitas donde me acostaba para ver la grandeza de estos dos enormes edificios. Una estructura impresionante de más de 400 metros de altura. Dos colosales signos de exclamación, como genialmente los definió Adam Gopnik. Ese día se vinieron abajo. Se los amputaron a Nueva York.

La primera en que regresé a Nueva York después de los atentados, caminé desde Canal hacia el Sur por West Broadway. Era la ruta que usaba en el pasado porque me gustaba ver cómo iban creciendo las torres conforme uno se iba acercando. Junto al edificio de la Reserva Federal había vallas que obstruían el paso. Todavía estaban removiendo algunos escombros. En alguna de las paredes había fotografías de víctimas, poemas conmemorativos, pequeños altares y muchísimos objetos de corte patriótico, sobre todo banderas y repetidamente la frase “Dios bendiga a América”.

Me dirigí a un observatorio del Ground Zero sobre Liberty Street. Ahí fue donde vi, por primera vez, ese hoyo que más bien parecía la cicatriz de una gran herida. ¡Qué golpazo!, pensé en voz alta.

¿Cómo fue posible que hubieran destruido, con tal genialidad malévola, una estructura tan impresionante como el World Trade Center, una ciudad vertical entera?

Por esos días apareció un artículo de William Langewiesche titulado “American Ground: Unbilding the World Trade Center” que contaba la historia de los trabajos que se hicieron para limpiar las ruinas de los atentados en Nueva York, incluyendo el rescate de los cadáveres despedazados. El reportero se unió, desde el 11 de septiembre, al equipo de la ciudad que tuvo a su cargo la titánica y penosa tarea de remover los restos materiales y humanos.

Langewiesche cuenta lo que sucedió desde el impacto de las aeronaves en las torres hasta el día de verano del 2002 en que, finalmente, quedó un cráter de 6.47 hectáreas. Narra, por ejemplo, los aspectos constructivos de las Torres Gemelas y por qué acabaron colapsándose.

La Sur tenía una altitud de 416 metros. Su estructura de acero se había diseñado para soportar un empuje externo de casi seis mil toneladas. Esta torre pesaba 600 mil toneladas, sin tomar en cuenta la gente, el mobiliario y el equipo que contenía. En comparación, dice Langewiesche, el avión Boeing 767 que se impactaría “era una piedrita”, una estructura de aluminio de 48 metros de largo, con dos alas que tenían una dimensión de punta a punta de 47 metros y con un peso al momento de impacto de 137 toneladas. Sin embargo, por la velocidad que traía, era un misil. “Una de las tantas sorpresas del día fue que el edificio tuvo la capacidad de tragarse por completo el 767 y desacelerarlo de una velocidad de 914 kilómetros por horas a pararlo por completo en sólo 64 metros”.

¡Qué golpazo!

Cualquiera hubiera esperado que el avión se metiera al edificio y acabara saliendo en partes. No fue así. La Torre Sur fue capaz de absorber el impacto y permanecer de pie. De acuerdo con los estudios citados por Langewiesche, lo que llevó al colapso fue la propagación del fuego producto de la gran cantidad de material incandescente que había en las oficinas y no del combustible del avión que, en su mayoría, se evaporó. Se calcula que en la zona de impacto había temperaturas de más de mil grados Celsius. La energía que se generó fue “tres a cinco veces mayor que la de una planta nuclear estándar”. Las columnas de acero de la estructura no soportaron el calor y empezaron a derretirse. Al final, el edificio, que probó su buena construcción en el impacto, se colapsó 56 minutos después de que éste ocurriera.

La otra torre, la Norte, duró en pie una hora más que la Sur, entre otras cosas porque el Boeing 767 de American pegó más alto y a una velocidad menor.

Ese día 18 personas fueron encontradas con vida. La historia más impresionante de un sobreviviente fue la de Pasquale Buzzelli quien iba bajando las escaleras para salir de la Torre Norte cuando el edificio se colapsó. Recién había pasado el piso 22 cuando se le vinieron encima otros 80 más. Cayó al vacío y tres horas después, cuando abrió los ojos, se dio cuenta que de la torre donde trabajaba sólo quedaba polvo y acero retorcido. Una estructura de acero lo protegió en su caída libre: Un milagro.

Cuando vi el hoyo de Ground Zero, esa gran cicatriz, advertí que a un lado estaba el anuncio luminoso de la tienda Century 21. Pensé que era una premonición de los golpazos terroristas que caracterizarán este nuevo siglo y que ya han dejado cicatrices tan horribles como las del World Trade Center.

Leo Zuckermann

Twitter: @leozuckermann

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