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Soga al cuello

Claudia Sheinbaum llegó a su segundo informe intentando presumir un collar de perlas. Una cifra reluciente tras otra.

Denise Dresser

Claudia Sheinbaum llegó a su segundo informe intentando presumir un collar de perlas. Una cifra reluciente tras otra. Crecimiento de 1.9% anual. Inversión extranjera récord. Desempleo de apenas 2.7%. Salarios al alza. Recaudación creciente. Deuda de Pemex a la baja. Dos Bocas funcionando. México, dijo, tiene una economía “estable y avanzando”, a pesar de Trump, los aranceles, las guerras y las turbulencias del mundo. Cacareó perlas ensartadas cuidadosamente para adornar el cuello de la 4T. Lástima que -visto de cerca- el collar se parezca cada vez más a una soga. No porque México esté al borde de una crisis financiera. No lo está. No porque mañana vaya a perder el grado de inversión. Tampoco. El problema es menos espectacular y más insidioso: La cuerda se va tensando lentamente.

Primer tirón: La deuda. AMLO prometió no endeudar al País. Bastaría con combatir la corrupción, aplicar la austeridad y acabar con los privilegios para financiar la transformación. El dinero alcanzaría porque ya no se lo robarían. Pero ocho años después, la deuda pública es considerablemente mayor como porcentaje del PIB y el déficit llegó a 5.7% en 2024, el más alto en casi cuatro décadas.

Segundo tirón: Los intereses. México destinará alrededor de 1.6 billones de pesos este año al costo financiero de la deuda. Dinero que no cura, no educa, no construye, no protege. Tres cuartas partes del presupuesto ya están comprometidas en pensiones, transferencias sociales y servicio de la deuda. La famosa cobija presupuestal se encoge mientras aumentan los pies que hay que cubrir. Cuando llegue una recesión, una emergencia o simplemente la necesidad de invertir más, habrá que decidir a quién se destapa.

Tercer tirón: Pemex, ese barril sin fondo al que la 4T insiste en llamar “soberanía energética”. Sheinbaum celebró que su deuda haya disminuido 20 mil millones de dólares desde 2018. Cierto. Sólo faltó mencionar quién pagó el adelgazamiento. Pemex ha recibido alrededor de 130 mil millones de dólares en apoyos gubernamentales. Este año, por cada 10 pesos que entregó a Hacienda, casi ocho regresaron a la petrolera. Pemex debe menos porque los mexicanos cargamos más. Y todavía nos piden aplausos para Dos Bocas. La refinería que iba a costar entre 8 y 9 mil millones de dólares terminó rondando los 21 mil millones. Sheinbaum presume que ya funciona, como si “funcionar” fuera sinónimo de rentabilidad, cuando estamos alimentando a un elefante blanco y enfermo.

Cuarto tirón: La inversión. Sheinbaum anunció casi 35 mil millones de dólares de inversión extranjera directa durante el primer semestre. Récord histórico. Otra perla. Pero 88.5% corresponde a reinversión de utilidades de empresas que ya están aquí y sólo 7.8% a nuevas inversiones. Qué bueno que quienes llegaron no se vayan. Lo preocupante es que tan pocos nuevos quieran entrar. La inversión privada se debilita entre la incertidumbre del T-MEC, la inseguridad, la reforma judicial y las dudas sobre un estado de Derecho sometido cada vez más al poder político.

Y entonces viene el nudo verdadero: El crecimiento. Se puede redistribuir sin crecer durante un tiempo. Se pueden multiplicar becas, pensiones y transferencias. Se puede subsidiar a Pemex, construir trenes deficitarios, aeropuertos subutilizados y refinerías que cuestan más del doble de lo prometido. Se puede pedir prestado para cerrar la brecha. Lo que no se puede hacer es todo eso indefinidamente con una economía creciendo alrededor de uno por ciento y un PIB por habitante prácticamente estancado desde 2018. La aritmética termina cobrando lo que la ideología -y la terquedad- pretenden ignorar. La 4T ha sido mucho más exitosa construyendo una coalición política que un modelo de desarrollo. Y Sheinbaum heredó la contradicción, pero decidió hacerla suya.

En su segundo informe, la Presidenta quiso colocarnos un collar de perlas. Cifras escogidas para tranquilizar, datos escogidos para presumir, silencios escogidos para no preocupar. Pero la economía no obedece al discurso y la deuda no desaparece por decreto. Los intereses se acumulan. Pemex devora recursos. La inversión flaquea. El crecimiento no alcanza. Y si nada cambia, queda menos cuerda para maniobrar y menos aire para respirar. México aún no está colgado. Pero mientras el Gobierno presume las perlas, la soga al cuello aprieta cada vez más.

Denise Dresser