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Otra regada más del Gobierno de Estados Unidos

Fuera máscaras. El objetivo del Gobierno de Trump está claro: Quedarse con el crudo venezolano. La democracia les vale un pepino.

Leo Zuckermann

Juegos de poder

“Es un robo en despoblado”, así describió el experto en materia energética, Gonzalo Monroy, al “acuerdo” entre Estados Unidos y Venezuela para la explotación de 17 campos petroleros en la nación sudamericana. A propósito, pongo entre comillas la palabra acuerdo porque en realidad estamos viendo una imposición al Gobierno bolivariano de Venezuela, quien tiene que aceptar todo lo que le pongan enfrente por el temor a que Estados Unidos los quite del poder.

Patético ver a la presidenta Delcy Rodríguez anunciar el “acuerdo”. Es la misma quien, en 2019, tuiteó: “Lo mejor q tiene para ofrecer a Venezuela @realDonaldTrump es una agresión militar! Es el tipo de ayuda imperial q llevaron a Iraq, Libia, Siria. El pueblo de Venezuela jamás permitirá que imperio alguno vuelva a atentar contra nuestra integridad nacional!”, Pues no sólo el pueblo sino el Gobierno y las fuerzas armadas venezolanas permitieron que los militares de Estados Unidos se metieran a un cuartel en Caracas, detuvieran al presidente Maduro y lo trasladaran a Nueva York.

En su lugar quedó Delcy, quien ahora, sin ningún tipo de empacho ni dignidad alguna, anuncia que el imperio yanqui se quedará con parte de su riqueza petrolera.

Fuera máscaras. El objetivo del Gobierno de Trump está claro: Quedarse con el crudo venezolano. La democracia les vale un pepino. Si para conseguir el hidrocarburo tienen que dejar en el poder al régimen bolivariano, pues que así sea.

De esta forma, el Gobierno de Trump está comportándose como la caricatura del Tío Sam, capitalista e insaciable, que se apropia de los recursos naturales de las otras naciones por la fuerza. Un estereotipo hecho realidad.

Rodríguez dice que, sumando las obligaciones fiscales contempladas en el acuerdo, “por cada barril producido y vendido, cerca de 19 dólares ingresan directamente a nuestro país”. Esto incluye una regalía mínima y el impuesto sobre la renta. Monroy, sin embargo, asegura que la regalía es de sólo tres dólares por barril. Yo le creo porque hay que ver cómo quedó el esquema de explotación.

La empresa North American Blue Energy Partners (cuyo propietario, Alejandro Betancourt, hizo su fortuna durante el Gobierno de Hugo Chávez) tendrá la concesión de los 17 campos petroleros. El Departamento de Estado obtendrá el derecho a comprar 20% de toda la producción presente y futura de Nabep a costo de producción. Washington tendrá derecho de primera negativa sobre el 80% restante, es decir, antes de vender ese petróleo a otros compradores, Estados Unidos podrá adquirirlo. En consecuencia, tendrá la opción estratégica sobre prácticamente toda la producción de esos campos.

A cambio, Venezuela obtendrá el capital, tecnología y recuperación de una industria que lleva años produciendo muy por debajo de su capacidad. Sin embargo, el Gobierno recibirá migajas de lo producido.

Como dice Gonzalo, es un robo en despoblado.

Y un gran error de los estadounidenses.

Sí, en el corto plazo, se quedarán con el petróleo venezolano. Pero existe una amplia literatura académica que demuestra cómo los abusos en la explotación petrolera extranjera fomentan la aparición de movimientos políticos nacionalistas, antiimperialistas y, bajo ciertas condiciones, populistas.

La dinámica es la siguiente: El capital extranjero controla el petróleo, una parte desproporcionada de la renta sale del país, surge la percepción de dependencia/imperialismo, el petróleo deja de ser simplemente una mercancía para convertirse en patrimonio de “la nación”, aparece el nacionalismo de los recursos naturales, un líder se aprovecha y redefine el conflicto político como “pueblo vs. élites extranjerizantes”, el discurso se torna popular, el líder llega al poder prometiendo la redistribución de renta, se nacionaliza/expropia el petróleo que se convierte en símbolo de la soberanía, las empresas extranjeras pierden sus activos.

El nuevo arreglo venezolano con Washington sienta las bases para que, en un futuro no muy lejano, surja de nuevo el nacionalismo petrolero no sólo en Venezuela sino en toda América Latina, incluyendo México.

Por eso, Estados Unidos la está regando.

Cuando Trump invitó a las grandes petroleras estadounidenses a invertir en Venezuela, Darren Woods, CEO de ExxonMobil, se mostró escéptico recordando que a ellos ya les habían expropiado dos veces sus activos en ese país.

Con “acuerdos” como el anunciado, Estados Unidos está sentando las bases para que eventualmente se los expropien por tercera ocasión. Porque una cosa es hacer buenos negocios en el sector petrolero que beneficien a todas las partes y otra es utilizar el poder del imperio para apropiarse de los recursos naturales de una nación.

Leo Zuckermann

X: @leozuckermann