Mara Machucona
Qué bonito. Qué transformador. Qué conveniente. La explicación de la Gobernadora sobre sus vuelos ha sido un catálogo de evasivas. Que viajó “como mamá”.

IDEAS Y PALABRAS
Mara Lezama ya entró al jet-set de la Cuarta Transformación. La Gobernadora de Quintana Roo, que se llena la boca hablando del pueblo, ha resultado ser una viajera frecuente en aviones privados. Una machuchona de Morena. Una integrante distinguida de esa nueva élite que no se cansa de exhibir su hipocresía. Llegaron prometiendo acabar con los privilegios, pero parece que sólo querían reservarlos para ellos. Llegaron denunciando a la mafia en el poder y acabaron convirtiéndose en ella.
Las cifras vuelan tan alto como Mara. Este periódico ha documentado 97 vuelos privados al extranjero durante sus años como alcaldesa de Cancún y Gobernadora. Orlando, Vail, Denver. Nieve, Mickey Mouse, “resorts”, jets Gulfstream, Learjet, Hawker. Y después aparece algo todavía más preocupante: 45 vuelos de Mara y su familia en aeronaves administradas por PABE-TAX, empresa vinculada con Seguritech, proveedora del Gobierno de Quintana Roo. La misma PABE-TAX a la cual su Gobierno compró un helicóptero Bell 429 por 440 millones de pesos, un precio 3.5 veces superior al valor de fábrica. “Es dinero del pueblo, para el pueblo”, proclamó Lezama al presentar la aeronave.
Qué bonito. Qué transformador. Qué conveniente. La explicación de la Gobernadora sobre sus vuelos ha sido un catálogo de evasivas. Que viajó “como mamá”. Que tiene múltiples responsabilidades. Que no se utilizaron recursos públicos. Pero la pregunta sigue volando, sin encontrar pista de aterrizaje: ¿Quién pagó? Porque decir que “no lo pagó el Gobierno” no basta. Si un proveedor gubernamental otorga un beneficio a quien encabeza el Gobierno que lo contrata, hay preguntas elementales sobre conflicto de interés. Un conflicto de interés ocurre cuando los intereses privados, relaciones o beneficios de un servidor público pueden interferir -o parecer interferir- con el ejercicio imparcial de sus responsabilidades. No hace falta encontrar una maleta llena de billetes. La corrupción moderna suele vestir mejor: Cortesías, favores, vuelos, contratos, puertas giratorias. El beneficio privado y la decisión pública encontrándose discretamente en la misma pista. Eso es precisamente lo que debería investigarse. ¿Quién pagó cada vuelo? ¿Cuánto costó? ¿Qué relación tenía quien lo proporcionó con el Gobierno estatal? ¿Qué contratos obtuvo? ¿Quién los autorizó? ¿Qué recibió a cambio?
Pero en Morena el conflicto de interés ni siquiera es conflicto. Claudia Sheinbaum -tan estricta antes- se ha vuelto extrañamente comprensiva ahora. Como jefa de Gobierno sentenciaba: “Aquí nadie puede subirse a aviones privados”. Destituyó a una funcionaria por hacerlo. Ya como Presidenta seguía condenando “la parafernalia del poder”, incluyendo aviones y helicópteros privados. Pero ante Mara Machuchona, la vara cambió: “Ha hecho algunos viajes, pero con sus recursos personales”. Caso cerrado. Favor de abordar. Ése es el nuevo modus operandi: Admoniciones generales y tolerancia particular. Cuando aparecen los viajes, hoteles, restaurantes, ropa, relojes o estilos de vida de Andy López Beltrán, Ricardo Monreal, Adán Augusto López, Mario Delgado, Arturo Ávila, Rocío Nahle y compañía, Sheinbaum recuerda sobriamente los principios del movimiento. Recomienda humildad. Sugiere congruencia. Invoca la austeridad. Pero rara vez exige consecuencias.
AMLO construyó su carrera denunciando a “la mafia del poder”: La asociación entre poder político y poder económico; los vasos comunicantes entre gobernantes y empresarios; el uso patrimonialista del Estado; los contratos para los cuates; los privilegios para los cercanos; un país expoliado por una élite que predicaba una cosa y practicaba otra. Hoy Morena reproduce aquello que juró desterrar. Los antiguos machuchones tricolores fueron sustituidos por los nuevos machuchones guindas, convencidos de que representar al pueblo los exime de comportarse como él. La austeridad es para quienes vuelan en turista. La transformación viaja en Gulfstream.
Ése debería ser el verdadero motivo de preocupación para Claudia Sheinbaum. No sólo Mara Lezama, sino lo que representa: La normalización del privilegio entre quienes llegaron al poder denunciándolo. Hoy, pobre México: Tan cerca del patrimonialismo morenista y tan lejos de sus ideales proclamados. Morena haría bien en recordar las palabras de su fundador, antes de que otro jet privado despegue: “El pueblo se cansa de tanta pin… transa”.
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