El Imparcial / Columnas /

La marcha de ayer

En la CDMX se escenificó una marcha de cientos de personas a esa manifestación se le llamó Marcha de la Muerte Digna aunque también se ha conocido como la “marcha por la eutanasia” o la “marcha de la Ley Trasciende”.

Jesús Canale

Ayer por la mañana en la CDMX se escenificó una marcha de cientos de personas con punto de partida en el Palacio de Bellas Artes con destino final en el Zócalo; a esa manifestación se le llamó Marcha de la Muerte Digna aunque también se ha conocido como la “marcha por la eutanasia” o la “marcha de la Ley Trasciende”.

Este evento fue presidido por Samara, una ciudadana capitalina que padece insuficiencia renal terminal por la que depende de sustituir artificialmente la función de sus riñones mediante el procedimiento de diálisis que consiste en un tratamiento para limpiar la sangre de toxinas y eliminar el exceso de líquido cuando los riñones ya no pueden hacerlo por sí mismos, ordinariamente con dos o más sesiones por semana.

Se calcula que a nivel mundial cuatro millones de personas requieren alguna modalidad de diálisis; en nuestro País son alrededor de 200 mil.

Menciono esto sobre Samara porque tratándose de la principal persona promotora de este movimiento es conveniente conocer un poco más acerca de las motivaciones que podría tener para desempeñarse como la principal gestora de la citada iniciativa.

Al igual que en otras partes del mundo y especialmente en las últimas dos décadas se ha utilizado la denominación de “muerte digna” para referirse a la eutanasia y al suicidio médicamente asistido pero a decir verdad dicha expresión, tal y como ha sucedido con tantas iniciativas, -por ejemplo la “limpieza étnica” para denotar expulsión o eliminación de terceros por razones de raza o religión, “investigación con material excedente” para aludir a la manipulación de embriones humanos, “interrupción voluntaria del embarazo” en lugar de hablar de aborto provocado y otras que también son expresiones que diluyen o suavizan actos éticamente conflictivos, en fin, locuciones mejor conocidas como eufemismos.

Desde los comienzos de la difusión y popularización de la eutanasia y del suicidio asistido a partir de la década de los 1970’s con punto de partida en los Países Bajos (Holanda) -pero con el incuestionable precedente de la política “T4” del régimen nazi desde los años 1930’s que promovió la existencia de decenas de centros de eutanasia en Alemania y que poco a poco fue ganándose a intelectuales, después a universitarios y poco faltó para que gozara del apego de las masas germanas en los años cuarenta, pero fue frenado por la abolición del esplendor nazi tras su derrota por las fuerzas aliadas-. Desde los comienzos, repito, el eufemismo “muerte digna”, que originalmente denotó mantener una vida digna hasta el final por muerte natural o accidental -pero no intencionalmente provocada- fue acuñándose al acto de quitar la vida a una persona por razón de sufrimientos severos en el contexto de una enfermedad avanzada e incurable. En los sitios donde se ha legalizado la eutanasia, generalmente se ha comenzado por permitirse cuando la persona a morir es mayor de edad y está en facultades mentales de decidirlo por sí misma, como fue originalmente en los Países Bajos, pero al paso de algunos años se legalizó también practicarla a personas con deterioro cognitivo avanzado, como el caso de la enfermedad de Alzheimer, donde obviamente ya no hay capacidad personal de decidir.

Igualmente se extendió a menores de edad, típicamente niños sin posibilidad de decidir su propia muerte.

He escuchado una entrevista de ayer (Milenio) a una de las organizadoras de la marcha en la que expresa que la legalización se pide ahora “por lo pronto para mayores de 18 años, con enfermedad incurable y capaces de decidir”.

La expresión “por lo pronto” habla por sí sola, y sugiere que se seguirá el mismo curso que en otros países. “Muerte digna” es un eufemismo que facilita la convocatoria a la eutanasia y al suicidio asistido. La eutanasia no es un tratamiento médico.

Nadie quiere sufrir, para eso están los cuidados paliativos -toda una nueva especialidad médica- que se ubican entre la eutanasia y la obstinación o ensañamiento terapéutico: Ni matar ni obsesionarse con nunca morir.

Jesús Canale

Médico cardiólogo por la UNAM.

Maestría en Bioética.xairo