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Lo que podemos ser

El poder-ser nunca es en soledad; se constituye en relación y en prácticas compartidas.

Óscar Serrato

Heidegger sostenía que el ser -Dasein- es posibilidad. No posee las posibilidades como propiedades fijas, como si fueran simples atributos ontológicos que simplemente le pertenecieran; existe más bien proyectándose hacia aquello que puede llegar a ser. Pero la posibilidad, por sí misma, no basta. Para que se convierta en posibilidad asumida, hace falta un llamado: La conciencia moral, que interpela al individuo y lo confronta con aquello que puede y debe llegar a ser. No basta con la posibilidad abstracta.

Dreyfus propone una lectura que lleva esta idea más lejos: El poder-ser nunca es en soledad; se constituye en relación y en prácticas compartidas. La autenticidad no es huida del “se” hacia un yo aislado, sino una apropiación del mundo compartido. En consecuencia el poder-ser no se decide en el silencio de la conciencia individual, sino también en el ruido, o en el silencio impuesto, de la experiencia común.

Una “clase política” que exhibe una peligrosa disociación pretende, mediante la propaganda, imponer su versión de la realidad y clausurar la posibilidad de que, a partir de su propia experiencia, cada mexicano construya una lectura de su cotidianidad. Busca, infructuosamente, imponer su fantasía como realidad.

Lo observamos en el modelo vertical de declaración, amplificación y réplica que las diferentes agrupaciones políticas utilizan en su búsqueda de que el individuo deje de ejercer su propia capacidad de juicio y adopte la identidad colectiva impuesta. Cuando el lenguaje deja de revelar la realidad y empieza a servir a la identidad de grupo, el mundo común comienza a desaparecer.

Ante graves señalamientos contra múltiples personajes que hoy ocupan cargos públicos, la respuesta oficial exhibe una triple impunidad: Jurídica, epistemológica y política. El incumplimiento de la norma, la afirmación falsa y el abuso del poder aparecen sin consecuencias; más grave aún, son solapados y, en ocasiones, celebrados por esa misma “clase política”.

La concepción patrimonialista del poder queda desnuda ante los hechos, al igual que el uso irresponsable y retórico de la palabra “pueblo”. Insisten en su fantasía de asumir como mandato inequívoco el respaldo de una mayoría que, en realidad, no existe cuando se considera la baja participación respecto del universo de electores posibles, la inequidad de los procesos electorales y los indicios de alianzas inconfesables detrás de algunas de sus “exitosas” candidaturas.

En el ruido generado por el retiro de una visa a un particular, el lamentable retorno y posterior separación del cargo de un Gobernador acusado formalmente en Estados Unidos, la aplicación de justicia selectiva, la capacidad de asombro e indignación se va diluyendo. El deterioro de las finanzas públicas, en esa desenfrenada marcha de erogaciones para cubrir las obligaciones del Estado mediante una deuda pública creciente, es preocupante. Las erogaciones para servir deuda, pensiones, pérdidas operativas de los emprendimientos del sector público y transferencias no son sostenibles indefinidamente. El subejercicio en áreas como seguridad, salud y educación compromete el hoy y el mañana.

La narrativa de una economía pujante desde la mañanera contrasta con una década de crecimiento mediocre: Entre 2015 y 2025, la población mexicana aumentó casi 9%, mientras que el PIB real por habitante apenas lo hizo en un 2.4%. En el mismo periodo, la deuda pública superó los 19 billones de pesos, el costo de servirla es 4.1% del PIB y absorbe 15.6% del gasto neto total del sector público.

Las inversiones en infraestructura necesarias para insertar a México en áreas emergentes llevan un rezago de lustros. La generación y transmisión de energía requerida no existe y su ampliación lleva años de planeación y ejecución. La producción de petróleo crudo cayó de manera sostenida en la última década, perdiendo alrededor de un tercio de su volumen. El presupuesto destinado a infraestructura hídrica, construcción y conservación de carreteras en términos del PIB se redujo a la mitad en el mismo periodo. Estos sectores, al igual que otros, exhiben un deterioro crítico que requeriría grandes inversiones: Primero para recuperar capacidades perdidas y, aún mayores, para ampliarlas.

Los espacios deliberativos, de encuentro y construcción de una narrativa común son cada día más escasos. La amenaza de legislar en materia de medios y redes va en sentido contrario a lo que requerimos: Crear espacios en donde las personas puedan encontrarse con otras prácticas, otros ejemplos y otras formas de comprender el mundo.

Al fanático no se le convence necesariamente con mejores argumentos; hay que seducirlo con las posibilidades que su mismo fanatismo no le permite ver. Las prácticas sociales compartidas constituyen quienes somos como nación. En consecuencia, no basta con cambiar el discurso: Hay que cambiar las prácticas que permiten que los depositarios transitorios del poder gocen de esa triple impunidad.

El mundo no es como se nos presenta; es como seamos capaces de construirlo.

Ante las anticipadas campañas en busca de puestos de elección en 2027, además de cuestionar la legalidad y la ausencia de compromiso de quienes aspiran a ellos para honrar su promesa de cumplir con la Constitución, es imprescindible crear espacios para una auténtica deliberación ciudadana pública.

El individuo auténtico no es el que tiene una opinión propia, sino el que está dispuesto a responder por las razones de su juicio.

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