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El PRI, firme en Coahuila

¿Por qué en Coahuila sigue teniendo permanencia el PRI?

. Catón

De política y cosas peores

Motel Kamawa, establecimiento de corta estancia o pago por evento. En la habitación número 210 están el joven Impericio y la linda Dulciflor. No necesito decir qué fueron a hacer ahí. Terminado el consabido trance él le preguntó ansiosamente a su pareja: “¿Qué te pareció esto, Dulci?”. Respondió ella: “Pudo haber estado peor”. “¡Cómo dices eso! -se encalabrinó Impericio-. ¡Te exijo que te retractes!”. “Está bien -accedió ella-. No pudo haber estado peor”. Babalucas le pidió a la recepcionista del restaurante: “Por favor deme una mesa de la orilla. Leí en el periódico que hoy va a llover en la Mesa Central”. (Otro chiste como éste y mis cuatro lectores quedarán reducidos cuando mucho a dos). No temo faltar a la verdad si digo que en todos los estados del País, con excepción de Coahuila, el PRI es ya una entelequia. Un momentito, por favor. Voy a ver qué es eso de “entelequia”. Con dos palabras define esa palabra la Academia: “Entelequia: Cosa irreal”. Pongo un ejemplo: “En México, bajo el dominio de la 4T, la democracia, la recta administración de la justicia y la legalidad son entelequias”. Ahora bien: ¿Por qué en Coahuila sigue teniendo permanencia el PRI? Porque le ha dado al Estado y a sus habitantes los bienes de la seguridad, la paz y el orden público, valores de los que derivan muchos frutos más, como la inversión nacional y extranjera y el consiguiente empleo, todo eso devenido en bienestar. Si me es permitido un símil de orden geográfico y barométrico, mi Estado natal es una isla en la cual soplan vientos bonancibles, rodeada por otras amenazadas de tempestad. Advierto, sin embargo, que mi escritura se está volviendo airosa, no en el sentido de gentil o elegante, sino en el de tormentosa. No es pa’ tanto, como dijo la duquesa Dilla a sus dos pretendientes que se iban a batir en duelo por ella. Los amonestó: “No sean pend…; tengo pa’ los dos”. A lo que voy es a decir que el asedio que por estos días sufre el tal “Alito” es consecuencia de la creciente debilidad de su partido, el cual prácticamente sólo existe ya en el presupuesto, por las prerrogativas que a pesar de su casi inexistencia sigue recibiendo. No obstante eso los coahuilenses siguen -y pienso que seguirán- votando por el PRI, tanto por lo que arriba dije, de la seguridad que sus gobiernos han dado a la entidad, como por la sólida estructura y eficiente dirección que ese partido tiene en la entidad. Pero Coahuila es la excepción que confirma la desarreglada regla. Una trabajadora social visitó a doña Fecundina, que acababa de traer al mundo a su hijo número 14. Le preguntó severa: “¿Qué su marido no toma precauciones?”. “Él sí -respondió la prolífica señora-, pero los otros no”. La joven y ondulante esposa de don Algón, añoso ejecutivo de empresa, comentó en la merienda de los jueves: “Nuestro matrimonio ha tenido éxito porque desde el principio hicimos un trato: Ni yo iría a su oficina en horas de trabajo ni él vendría a la casa en horas de oficina”. El mamut corría a todo lo que daban sus lanosas patas a fin de escapar de los trogloditas que lo perseguían acosándolo con lanzas y con piedras. Dijo para sí: “¡Jod…! ¡Dónde están los animalistas cuando más se les necesita!”. Conocemos a Chinguetas. Es un esposo que jamás se ha resignado a serlo; un tarambana sin conciencia de lo que debe a su estado marital. Le comentó, pesaroso, a su mujer: “El médico me dijo que debo dejar de hacer el amor con exceso”. Objetó la señora: “No lo hacemos con exceso”. Ripostó Chinguetas: “Tú no, pero yo sí”. FIN.