Inmigrantes, no invasores
Cierro los ojos y de pronto me olvido de que estoy en España, y oigo los mismos insultos y argumentos contra los inmigrantes que escucho en los Estados Unidos de Donald Trump.

JORGE RAMOS
MADRID, ESPAÑA.
Cierro los ojos y de pronto me olvido de que estoy en España, y oigo los mismos insultos y argumentos contra los inmigrantes que escucho en los Estados Unidos de Donald Trump. Que son unos invasores; que son unos criminales salidos de las cárceles; que son enviados por el gobierno vecino; que son unos ilegales que no se merecen estar en Europa; que ponen en peligro nuestra forma de vida. Pero lo único que yo veo en las pantallas de televisión y de mi celular son unos muchachitos que se han jugado la vida nadando de Marruecos a Ceuta, uno de los dos territorios españoles en el Norte de África.
Son inmigrantes, no invasores. Pero los políticos de ultraderecha han aprovechado la crisis para promover su agenda antiinmigrante. “Hay que echarlos ya. A todos”, dijo Santiago Abascal, el líder de Vox, el partido de extrema derecha en España. “Con los medios que sean. Y si el gobierno no lo hace, tendrán que ser los españoles solos”. Su portavoz — según reportó El País — fue aún más lejos, diciendo que los habitantes de Ceuta tenían miedo ante “las hordas de inmigrantes ilegales, hombres en edad militar, que están deambulando y delinquiendo por la ciudad”. Es el típico y simplista argumento de que los inmigrantes son malos y vienen a atacarnos.
Siempre ha habido inmigrantes que se saltan la frontera para llegar a Ceuta. Pero lo distinto esta vez fueron los números. Y es que no fueron 10 ó 12 migrantes, sino más de 60 mil, casi equiparando la población de esta ciudad autónoma. En dos o tres días, la frontera que separa a Marruecos de España quedó totalmente desbordada. Eran multitudes cruzando por mar y tierra sin que la Guardia Nacional española pudiera hacer nada para detenerlos. Las imágenes fueron noticia mundial en este caldeado verano.
Imposible saber qué motivó esta gigantesca ola migratoria. Están lo absurdo de los mapas y el pleito de décadas entre España y Marruecos por Ceuta y Melilla. Abrir el paso a España es siempre una válvula de escape para el autoritario reino de Marruecos y un mensaje político de que no aceptan la situación actual. Pero, quizás, lo que tiene más sentido es la decisión hace un mes del Tribunal Supremo de España de que no se podía devolver en caliente a los inmigrantes que cruzaran a nado de Marruecos a Ceuta. Ese fue el punto que muchos necesitaban para tomar la gran decisión de irse de su casa.
Los inmigrantes se convierten en abogados y en expertos en geopolítica cuando se trata de analizar las oportunidades de emigrar. Son unos maestros en el manejo de los tiempos. Igual en la frontera entre México y Estados Unidos que en Ceuta. Así miles se lanzaron a nadar los 200 ó 300 metros que los separaban de España, con llantas o cualquier objeto que flotara. La mayoría llegó. Pero al menos 80 murieron en el trayecto, incluyendo varios ahogados. Lo verdaderamente increíble es que, a pesar de los altos riesgos, y de que muchos migrantes ni siquiera sabían nadar, tantos intentaron el cruce. Tu vida tiene que ser muy desesperada para arriesgarte en una aventura tan peligrosa.
No es difícil entender por qué tantos hombres jóvenes quieren huir de Marruecos. “Intenté trabajar y tener un empleo para ganarme la vida, pero aquí no hay nada para mí”, le dijo Mohammed Kinani, de 21 años, al diario The New York Times, luego que lo regresaran de Ceuta. “Si no dejo este país, nada me va a salvar”. Las historias se repiten. “¿Crees que si tuviera un trabajo [en Marruecos] me hubiera ido?”, le dijo a un reportero Ahlam al-Adnan, de 22 años, quien nadó a Ceuta con sus cuatro hermanos, el más pequeño de 8 años.
La gran mayoría de los inmigrantes que cruzaron ilegalmente a España han sido ya regresados a Marruecos. Pero, conociendo el espíritu de los inmigrantes, a la siguiente oportunidad lo van a volver a intentar. Ellos están buscando el sueño europeo y decenas de miles lo tocaron … antes de volver a perderlo en cuestión de horas.
¿Por qué lo hacen? Algo los expulsa de su país de origen y algo los jala desde otro lugar. Pero hay algo deshumanizante cuando vemos esa marea de cabecitas nadando de un país a otro. Si le pusiéramos nombre y cara e historia a cada uno, estoy seguro de que sería más fácil conectar y entender por qué están huyendo del país donde nacieron.
Comprendo que ningún país puede defender una política de fronteras abiertas y que lo ocurrido en Ceuta va mucho más allá de lo aceptable para cualquier gobierno. En España se sintieron vulnerados y algunos reaccionaron de manera muy visceral. Pero migrar, huir de la violencia y la pobreza, no es un delito.
No son criminales ni violadores. Son, simplemente, inmigrantes.
Abro los ojos y me encuentro con una fotografía de miles de chancletas de plástico, boyas y llantas inflables flotando al ritmo de las olas que chocan contra las costas de Ceuta. Cada uno de esos objetos tiene una historia que contar. Son historias de esperanza, de los que llegaron y de los que ahora no sabemos dónde están.
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