Seis influencers asesinados por presuntos nexos con el narco, ningún caso resuelto
Gastélum es el sexto creador de contenido ligado por señalamiento al Cártel de Sinaloa que muere desde que estalló la disputa entre Mayos y Chapitos, en septiembre de 2024, tras el secuestro del “Mayo” Zambada, una guerra que ya deja más de 3,000 muertos en Sinaloa.

EDUARDO RUIZ-HEALY
César Gastélum, de 24 años, murió el martes pasado en Culiacán, a las 20:15 horas (centro), en el estacionamiento de un KFC a 500 metros de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa, mientras transmitía en vivo para sus 577,000 seguidores en TikTok. Dos hombres llegaron en motocicleta, uno bajó y le disparó a la cabeza. Él fue el blanco y murió ante miles.
El gabinete de Seguridad federal habló de agresión directa y dijo que colabora con la Fiscalía sinaloense revisando cámaras y publicaciones. En algunos de sus videos aparecía con referencias al “Mayo” Zambada y con el sombrero que se asocia a La Mayiza, la facción del Cártel de Sinaloa que pelea contra Los Chapitos. Su nombre, sin embargo, no estaba en los narcovolantes que en enero de 2025 circularon identificando a 25 figuras del bando rival. Ninguno de estos datos prueba nada sobre si pertenecía o no a un grupo criminal, sólo justifica que estén en el expediente. Hasta ahora, no hay detenidos.
Hasta ahí lo comprobado. De aquí en adelante, las hipótesis.
Gastélum es el sexto creador de contenido ligado por señalamiento al Cártel de Sinaloa que muere desde que estalló la disputa entre Mayos y Chapitos, en septiembre de 2024, tras el secuestro del “Mayo” Zambada, una guerra que ya deja más de 3,000 muertos en Sinaloa. Juan Carlos, “El Chilango”, que en sus videos aludía a Los Chapitos, fue asesinado el 19 de octubre de ese año. Leovardo Aispuro, “El Gordo Peruci”, cercano al influencer Markitos Toys, señalado también por presuntos nexos con esa facción, fue atacado por un grupo armado el 9 de diciembre y terminó boletinado por los mismos motivos.
Los narcovolantes de enero de 2025 nombraron a 25 influencers y músicos. Tres ya están muertos. Agustín Paúl, “El Pinky”, de 22 años, apareció sin vida el 10 de enero, poco después de un video donde presuntamente confesaba ser informante de Los Chapitos. Gail Castro, hermano de Markitos Toys, cayó en marzo en un restaurante de Ensenada. Camilo Ochoa, “El Alucín”, murió en agosto, en Temixco, Morelos.
De los cinco casos anteriores no hay uno solo resuelto. Ni detenidos ni una confirmación oficial de que la guerra entre facciones haya matado a alguno de ellos.
El fenómeno de fondo es el mismo en todos los casos, y nadie lleva la cuenta oficial de cuántos influencers o creadores de contenido han sido asesinados en el País. Cualquiera con un teléfono construye hoy una audiencia de cientos de miles sin necesitar una empresa periodística detrás y los cárteles ya usan esas mismas plataformas para propaganda y amenazas. Eso no convierte a todo creador de contenido en un objetivo, pero en Sinaloa la exposición pública cambia de sentido en cuanto se cruza con un símbolo, una canción o una compañía que alguien puede leer como cercanía a una facción, sea cierto o no.
Ahí el problema deja de estar en los hechos y pasa a la percepción. En donde la violencia gobierna como método de control, la percepción mata igual que un dato confirmado.
Es improbable que Fiscalía General de Sinaloa resuelva este caso. Mientras tanto, queda un dato incómodo: Con él van seis creadores de contenido asesinados, ningún caso ha sido esclarecido, y las redes sociales ahora son un factor más de riesgo para quienes las usan en Sinaloa.
EDUARDO RUIZ-HEALY
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